lunes, 31 de enero de 2011

¿Y si se va todo a tomar viento?

Bien, conforme a lo esperado, Europa y Estados Unidos han tirado por la calle de enmedio y han adoptado la actitud que se esperaba de ellos: nos parece muy bien que los egipcios pidan democracia y libertad, pero es que el gobierno que ahora tienen es exactamente el tipo de gobierno que queremos en el mundo árabe, así que literalmente han pedido que un gobierno que se ha basado para subsistir en la corrupción y la violencia deje a las masas soltar un poco de vapor para que el gobierno, y con él todo el frágil sistema de paz de Oriente Medio, siga subsistiendo. La esperanza de Occidente es que la rabia de las calles egipcias se concentre exclusivamente en Mubarak y sus secuaces más destacados, de forma que pueda proveerse una sucesión ordenada que permita a Egipto seguir gobernada por los reconocidos y truculentos métodos de siempre, mientras que Mubarak se va a un discreto exilio en algún país tranquilo, tipo Arabia Saudí o Dubai.

Pero pongamos que todo se va al fistro: Mubarak se mete en un Gulfstream sin avisar y se planta en Estambul, las masas cairotas aclaman a El Baradei presidente y los periodistas del Guardian y el New York Times sueltan columnas enteras en loor de las masas liberadas por las nuevas tecnologías.

El Baradei es, sin ningún género de dudas, un tipo estupendo, muy capaz y muy, muy valiente, pero en cualquier sistema político uno no puede gobernar un estado sin tener una base de amigos y aliados, menos aún en un país con una cultura política tan profundamente clientelar como Egipto; y El Baradei se ha pasado los últimos treinta años fuera del país: solo tiene el poder de su inmenso prestigio.

Y eso no es bastante. En consecuencia, El Baradei tendría tres opciones.

La primera sería esperar que toda la cohorte de lamebotas del Partido Nacional Democrático se adheriese al sol naciente y le demostrase su apoyo. El Baradei podría gobernar con ellos, pero primero: no querrá - las catervas de chupatintas del PND están casi tan desacreditados como su líder; y segundo, en el poco probable caso de que quisiera, sería perpetuar el sistema de Mubarak una vez más. Sería la opción preferida por Occidente, y ésto la hace aún más improbable.

La segunda sería ponerse a la cabeza de la única organización de rango nacional capaz de igualarse a la burocracia del Partido Nacional Democrático: los Hermanos Musulmanes. Además de desencadenar la hostilidad manifiesta de Occidente en general e Israel en particular, los Hermanos Musulmanes tienen su propio liderazgo, su propia forma de hacer las cosas y sus propios planes, y no tardarían en descabalgar a El Baradei para poner a un señor de poblada barba en su lugar.

La tercera implicaría un gambito prácticamente imposible: que El Baradei consiguiese articular un combinado de fuerzas democráticas en un país que no ha conocido de eso en la vida, AL MISMO TIEMPO que contiene las ansias de poder de los nasseristas descabalgados y de los Hermanos Musulmanes. Llamadme pesimista, pero es que, directamente, lo veo imposible.

En consecuencia, en el caso de una caída del régimen, lo más probable es que los Hermanos Musulmanes, como he dicho, la única organización de cierto calibre en Egipto aparte del Estado y del partido semi único. Lo bueno (quicir) de los Hermanos es que son el bisabuelo de todos los islamismos (surgidos en los años 1920) y, en consecuencia, no veríamos, al menos de entrada, un Emirato de Egipto al estilo talibán. El problema está que inmediatamente, los grupúsculos radicales que ya han hecho varias veces de las suyas ametrallando turistas en Luxor y Sharm-el-Sheikh saldrán a la luz y sus argumentos a favor de un régimen más islámico tendrán más peso, y más posibilidades de prosperar.

Recordemos, para concluir, que el actual gobierno israelí está como loco para meterse en una guerra con alguien: no hay semana en la que no llamen a Washington para preguntar si pueden bombardear Irán ya. Cualquier atisbo de inestabilidad en Egipto, garante silencioso del bloqueo de Gaza, puede ser la excusa perfecta para que los belicistas de la Knesset autoricen una intervención en el Sinaí. Y en este caso el cipostio puede ser abiertamente fenomenal.

Todavía no se puede decir nada. Como digo, lo más probable es que el movimiento popular se vaya apagando por cansancio, que es lo que recomienda Washington: la hostia limpia no hace sino galvanizar a la gente.Mientras tanto,

seguiremos informando.

P.D. Alguien debería decirle a los israelíes que apoyar a Mubarak no le ayuda para nada.

jueves, 27 de enero de 2011

La caja aburrida

Recuerdo muy bien el anuncio de un banco ruso de alrededor de 1994. El slogan era "el banco más aburrido del mundo" y mostraba que en el banco en cuestión todos los funcionarios eran grises y sisudos personajetes que lo único que hacían era mover papeles y, según el anuncio, "ganar dinero". Era un atractivo para la Rusia de aquél entonces, donde los nuevos ricos, encantados con su juguete, se dedicaban a malabares financieros que asustarían a un gestor de hedge funds.

En octubre de 2008 escribí un artículo en el que veía que el punto más débil de nuestro sistema bancario eran las cajas de ahorro. Ahora que ya se acabó la juerga, queda claro que la intención manifiesta del gobierno es acabar con cualquier banca con participación pública.

Estoy de acuerdo. La tentación de convertir un banco público en una llave para repartir prebendas entre los amigotes estará siempre ahí, así que mejor evitarlo.

Pero tampoco es plan de echar todo el ahorro nacional en un sector bancario que ha demostrado repetidamente su habilidad de quemar el dinero ajeno y convertirlo en carbonilla.

Mi idea es crear la Caja Aburrida. Una institución, dependiente del Ministerio de Hacienda, que tuviera únicamente dos productos: una libreta de ahorro y una tarjeta de débito dependiente. Todos los depósitos serían convertidos en deuda del Estado, con diferentes grados de liquidez. Y los intereses serían reembolsados una vez descontados los gastos de mantenimiento. Para hacerlo más atractivo, podría crearse una lotería (quincenal o mensual) entre los ahorradores, con premios en efectivo.

Ya veo a los economistas de guardia (te estoy viendo) saliendo como pumas en contra de la idea: sus opiniones serán bienvenidas, porque, como sabrán, no soy economista y a mis ideas en éste asunto les falta profundidad.

Pero una cosa sí tengo claro: que una de las conclusiones de ésta crisis es que siendo los impuestos tabú y unos mercados excesivamente intervencionistas en lo político, el Estado necesita ser creativo para financiarse.

Seguiremos informando.

¿Quiénes, ellos?

Alex de la Iglesia ha hecho algo tan profundamente antiespañol que gran parte de los españoles está dispuesta a condenarle por los siglos de los siglos: ha cambiado de idea.

No es así como funciona el debate en nuestro país. En España uno llega al debate con unas convicciones firmes y ha de salir del debate con ellas: el objetivo del debate español es demoler las firmes convicciones del otro; hacerlo a gritos es generalmente de mal gusto, pero depende del tema a tratar: en algunos círculos, da puntos. El que la gente pueda ponerse de acuerdo es un concepto ajeno a la hispanidad, propio de naciones sin una historia conturbada y divisiva como la nuestra, o cualquier otra excusa que uno se proponga.

Como defensor de la piratería que soy, a mí personalmente la Ley Sinde no me preocupa, de hecho, en ese sentido, lo aplaudo. Una web de enlaces es algo que puede crear cualquier fistro, que gracias a Google Adwords y similares puede hacer una tonelada de pasta sin demasiado esfuerzo.

Lo que va a ser la ley Sinde, mis queridos lectores, es dar una nueva vuelta de tuerca. De Napster pasó a Audiogalaxy, de Audiogalaxy al Kazaa, del Kazaa al eMule, del eMule al aMule, de ahí a Bit-Torrent, todo ello una carrera tecnológica donde cada vez hay menos dinero en juego y los riesgos son cada vez mayores, pero el objetivo está claro y evidente: dar acceso a la mayor cantidad de información posible a la mayor cantidad de gente posible.

En España, precisamente, eso que solemos llamar libertad de expresión ha producido un estancamiento en el ingenio hispano. Cortado Seriesyonkis, lo que acaban de hacer las Cortes Generales es dar la bandera de arrancada a una nueva explosión de picaresca hispana. Dentro de seis meses todo el mundo va estar viendo "Glee" con terribles subtítulos argentinos igual.

Con lo que tenemos una costosa y cuestionable estructura judicial para...más bien poco.

He loado en diversas ocasiones los beneficios culturales de la piratería. Chavales de instituto convertido en cinéfilos, una generación con influencias musicales impensables hace una década, un interés creciente por más y mejor cultura.

Algunos opinan que aplicando el modelo estadounidense de protección de derechos nuestra industria cultural reaccionaría como la estadounidense. ¿Estamos hablando de la industria cultural española? ¿La que tiene pavor alérgico al libro de bolsillo, cuanto menos al electrónico? ¿La que a pesar de tener televisión de pago hace veinte años, aún no ha hecho una serie dramática hecha por guionistas y no por psicólogos y expertos en marketing? ¿La industria cultural que cobra subvenciones por "Cuando amanece, apetece" y no se le cae la cara de vergüenza? ¿La industria cultural que da al mundo Las Ketchup y Raphael? ¿Esa?

No sé, pero algo me dice que no va a ser así.

Seguiremos informando.

Todo aún por ver

Todo el mundo se da palmaditas en la espalda por lo de Túnez, en especial los ombliguistas del Twitter (¡Twitter salva el mundo!) pero, como dicen en Estados Unidos, ésto no se acaba hasta que canta la gorda. Me explico: hace exactamente veinticuatro años, como me he cansado realmente de repetir, en Túnez pasó casi exactamente lo mismo: disturbios por el precio del pan, la gente en la calle, descontento general y un presidente viejo que sólo se preocupa en arramblar con todo lo que puede del erario. El primer ministro de aquél entonces declara incapaz al presidente y se sube él mismo a la silla. Todo el mundo feliz y contento por la revolución, el ciclo vuelve a repetirse, y el saqueo del erario sigue como si nada: los carteles de tres plantas de altura cambian de cara pero no de fondo. El polvo aún tiene que asentarse en Túnez; mientras tanto, no me creo nada.

Mientras, en Egipto, recordarán que les hablé del asunto hará un par de meses: al igual que en Túnez, ha sido el precio del pan el detonante del cabreo ciudadano.

El problema, tanto en Túnez como en Egipto, es que son repúblicas árabes laicas y seculares, lo que significa que la oposición es, generalmente, islamista. Y ya sabemos que para Occidente en general e Israel - cuyas opiniones son indispensables para definir la política estadounidense y, en parte, europea - la democracia en el mundo árabe está muy bien siempre y cuando la gente vote a quien nosotros queremos. En Túnez, donde Ben Alí cruspió a los islamistas de forma tan dedicada que casi no hay, Europa y Estados Unidos se pueden permitir el dar palmaditas en la espalda a los sublevados, pero en Egipto, donde los Hermanos Musulmanes, el bisabuelo de todos los islamismos, son la mayor voz de la oposición, veo bastante claro que el resto del mundo va a dejar que la policía apalee a sus conciudadanos a placer.

Personalmente, no veo a Egipto como un estado islámico. El Cairo es, al mismo tiempo, sede de la voz más autorizada del Islam suní, la Universidad de Al-Azhar, y la sede de su peor enemigo, la industria egipcia de cine y telenovelas, de la que depende el mundo árabe para pasar las largas tardes de Ramadán sin desesperarse. Egipto no es Irán ni Afganistán: es uno de los destinos turísticos más reconocidos y populares del mundo, y gran parte de la población es consciente de que si se prohibe el bikini en Sharm-el-Sheikh la población del Sinaí tendría que dedicarse a comer arena.

En todo caso, el riesgo está ahí, y los más asustados de todos son los cristianos coptos, una de las sectas más antiguas del cristianismo, que ya estaban allí trescientos años antes del nacimiento de Mahoma - y a quienes los islamistas más radicales les han dibujado una diana en la cabeza.

Todo está por ver, y mientras tanto,

Seguiremos informando.

lunes, 10 de enero de 2011

Y a partir de aquí, ¿qué?

La noticia del día es, como todo el mundo sabe, la muerte de Juanito Navarro, figura del destape y presentador de programas culturales como "Entre platos anda el juego". Desde aquí, un homenaje a tan grande (en todos los sentidos menos en el vertical) figura del show-business hispano y...

Ah, es verdad, que aquí pretendíamos ser un blog serio.

El peligro de trazar una línea que define quién es demócrata y quién no es que siempre tienes la tentación de moverla hacia atrás o hacia adelante conforme tus gustos personales. Llevo diciendo tiempo que la Ley de Partidos es una vulneración del mismo principio de la democracia, es decir, que la mera ciudadanía es lo único necesario para participar. Y las contradicciones de esa ley quedan cada vez más en evidencia conforme ETA y su entorno van aproximándose a lo que nosotros mismos definimos en su día como lo que hace un demócrata.

Así pues, pueden leerse ya en la hoja de ruta de las asociaciones de víctimas (y por ende, del bigotismo) los "nuevos" requisitos para que dejemos a Batasuna jugar con los mayores: que pidan perdón por todos sus crímenes, que "se rindan" (quiera lo que quiera decir eso) y, en algunos casos, incluso piden indemnizaciones en dinero.

Insisto una vez más: el Estado no es, ni ha de ser, el instrumento de la venganza de españoles contra españoles. Por eso mis reticencias con la Ley de Memoria Histórica (como siempre he dicho: Franco me da igual, está muerto: lo que me preocupa son los franquistas) ni, por supuesto, el Estado ha de seguir a rajatabla las disposiciones de las asociaciones de víctimas del terrorismo.

Ahora, hablemos, no del actual comunicado (cuando intento leer documentos de ETA, siempre me acuerdo del capítulo de Lord Dorwin en "Fundación") sino de la verdadera pregunta ¿A partir de aquí, qué hacemos?

Punto 1. ETA debe desarmarse. No puedes decir "alto el fuego general, verificable y permanente" sin mencionar, ni una sola vez, la palabra "desarme" (y eso es lo que me escama del comunicado). Salvo que tengas una plaga bastante perra de topillos o quieras hacer una reforma a gran escala en el caserío, nadie necesita ciento cincuenta kilos de cloratita en su casa. Seguro que ese zulo donde tenías 25.000 cartuchos de Parabellum da un sitio estupendo para una bodega o un trastero. Si se sienten más tranquilos entregándole las armas a otra gente para que las desmantele fuera de España, el Estado debería ofrecer un sistema de entrega verificado en puntos neutrales.

El Estado, a cambio, debe comprometerse por escrito, una vez el desarme esté encaminado (con verificación internacional si es necesario), a los puntos siguientes:

Punto 2. La ley de partidos debe ser reformada. Seguro que hay formas de regular el funcionamiento de los partidos políticos para secar sus fuentes de financiación e impedir que distribuyan dinero de forma discrecional. (Viendo a los de la Gürtel, quizás por eso esa solución obvia fue descartada en su día.) La ley del 2002 era un Krupp del 105, cuando lo que aquí necesitábamos era un rifle de precisión. En todo caso, todos los partidos deberían ser legales dentro de lo que la Constitución permite, que es mucho.

Punto 3, corolario del 2: Los partidos prohibidos deben ser legalizados y deberían convocarse de inmediato elecciones al Parlamento vasco. Los resultados de éstas elecciones deberán ser considerados legítimos por todas las partes.

Punto 4: Un sistema comprehensivo y gradual de reintegración debe ser puesto en marcha para los presos del entorno de ETA, a excepción de los miembros de los comandos. Una forma de hacerlo quizás sea que la Fiscalía solicite que en los casos en cuestión la legislación antiterrorista deje de aplicarse para pasar a aplicarse la legislación ordinaria (de enaltecimiento del terrorismo a delito de opinión, por ejemplo). Obviamente se exigirá para la reintegración un compromiso escrito de voluntad de reintegración.

Seguiremos informando.

viernes, 7 de enero de 2011

Se me había olvidado

Mea culpa. Escribí el lunes que la expulsión con cajas destempladas de Paco Picapiedra del bigotismo era una consecuencia lógica de la "marianización" del PP y que por mucho que Cascos se quejase, nadie le iba a dar mucha bola. Pero a la hora de mi análisis me olvidé de algo tremendamente importante que cambia por completo el análisis de la situación: el hecho de que Francisco Álvarez Cascos, desde siempre, no va ni a mear sin que su Líder, José María Aznar López, le diga que puede.

Si el lunes "El Mundo" llamaba a Cascos "enemigo del PP", ayer publicaba una encuesta que le da por ganador en las elecciones asturianas, y hoy publica un editorial que poco menos le ordena a presentarse a esas elecciones.

Sabemos perfectamente que, por obra y gracia del sistema electoral hispano, dos partidos de derechas presentándose juntos se restan votos el uno al otro. Un partido casquista, aun teniendo éxito, tendría muchísimos menos escaños que si la derecha se presentase en un único bloque monolítico. Tanto unos como otros saben que un partido casquista impediría una debacle electoral de los socialistas en Asturias, que es lo que las encuestas preveen.

¿Entonces, por qué?

Porque no hay nadie que no sepa que el PSOE tiene perdidas las elecciones. Tanto las de 2011 como las de 2012. Las encuestas muestran que el PP va a arrasar - probablemente con mayoría absoluta - y que el PSOE puede ser barrido del mapa autonómico.

En toda sede regional del PP, en toda agrupación de barrio, se ha encendido una luz verde: "Sillones para todos". Y para todos los agraviados por siete años de Mariano Rajoy (que son muchos) hay algo que se debe impedir a toda costa: que Mariano Rajoy utilice esos sillones de forma discrecional. Como en un chiste de Forges, fuera del sillón no hay salvación - así que todo el mundo se ha lanzado cual horda vikinga con el consabido grito de guerra "Qué hay de lo mío"

Y a la cabeza, el núcleo duro del bigotismo, con Aznar siempre presente tras las sombras y su fiel dóberman, Cascos, haciéndole el trabajo sucio, as always. Lo dije el lunes y lo insisto hoy: la opción de un partido casquista es inviable a largo plazo. La verdadera intención es obligar a Génova a repartir las listas a su gusto - sillones para él y para todos sus compañeros, tanto en Asturias como en el resto del país.

Un divertido juego de repartir la piel del oso antes de cazarlo, vamos.

Seguiremos informando.

martes, 4 de enero de 2011

Dos países, una frontera

Éste artículo va dedicado a Lunatrix, dedicada lectora de éste su blog, porque sé que le encanta cuando escribo sobre África. El otro día Lunatrix escribió un artículo en su blog diciendo que estaba harta de que la gente le dijera qué tenía que hacer con su bebé. Yo no quiero meterme, no vaya a llevarme yo también un mamporro, pero solo quiero decir una cosa: con tal de que salga tan encantador como sus papás, ya está todo hecho: lo demás vendrá por añadidura.

Ahora vamos a lo nuestro: la crisis (por llamarlo de forma suave) en Costa de Marfil. Costa de Marfil es un país relativamente grande para lo que es África Occidental. Cuando se independizó, en 1960, su primer presidente fue un doctor de pueblo llamado Félix Houphouët-Boigny. Por aquél entonces Charles de Gaulle estaba desmantelando a marchas forzadas el imperio colonial francés por razones específicamente pragmáticas - fundamentalmente, porque a) quedaba feo, b) salía demasiado caro - pero era evidente que a Francia lo de deshacerse de sus colonias no le molaba un pescado. Así que fue inventándose sobre la marcha distintos mecanismos para tener un imperio colonial sin sus gastos, como la Comunidad Francesa, creada en el modelo de la Commonwealth pero a lo pobre. A los grandes capos del nacionalismo africano, como Senghor o Sékou Touré, aquello les pareció lo que era, un truco, pero Houphouët-Boigny vio allí una oportunidad y saltó raudo a por ella. Se salió con una idea, la de la "Françafrique", el África que seguiría hacia el desarrollo con el patrocinio y la protección de Francia.

Lo de la "Françafrique" era exactamente lo que París quería oír, y Houphouët-Boigny se convirtió en EL hombre de Francia en África Occidental, con manga ancha para cualquier exceso y un batallón de paracaidistas franceses para cualquier apuro. ¿Que el presidente quiere llevar la capital a su pueblo? Claro que sí, por qué no. ¿Qué quiere que en el aeropuerto de la nueva capital pueda aterrizar el Concorde? Por supuesto, le echamos una mano. ¿Que, para hacer de la nueva capital un lugar más "capitalino", el presidente quiere construir la iglesia más grande del mundo, una réplica exacta de la Basílica de San Pedro? Dicho y hecho.

A cambio, Houphouët-Boigny se comprometía abiertamente a ser el hombre más francófilo del mundo, cosa que, por otra parte, no le resultaba muy difícil. Llegó a exigir que, siempre que se hablase de su país, siempre se lo nombrase por el nombre en francés (Côte d'Ivoire) en lugar de los nombres que siempre se habían usado, como Ivory Coast, Costa de Marfil o el maravilloso Elfenbeinküste.

Durante los años 60 y 70 todo fue bien. La Europa que salía de la hambruna del posguerra quería cantidades industriales de café y chocolate, precisamente la especialidad de Costa de Marfil. Pero vinieron las crisis del petróleo, empezó a escasear el dinero y todo fue cuesta abajo desde entonces.

El problema de Costa de Marfil es, básicamente, el mismo que el de Nigeria, que también lo lleva chungo: son dos países distintos que están dentro de una misma frontera. El norte de Costa de Marfil es parte del Sahel, es más tradicional, más atrasado y mayoritariamente musulmán. El sur es la Costa de Marfil propiamente dicha, más cosmopolita, más rica y mayoritariamente cristiana. Por si fuera poco, como Costa de Marfil, aun en los años malos, siempre ha sido más rico que sus vecinos, inmigrantes de todas partes de África occidental, especialmente del vecino pobre del norte, Burkina Faso, han ido moviéndose hacia el sur. Hoy en día, el 23% de los residentes en Costa de Marfil son de origen extranjero, tres cuartas partes de ellos burkinabés.

Cuando las cosas iban bien, en los años de oro, Houphouët-Boigny no tuvo ningún problema con los inmigrantes: de hecho, hizo generosas concesiones de nacionalidad para los burkinabés a cambio de apoyo electoral. Pero cuando las cosas empezaron a torcerse surgieron, como siempre surgen, las voces de "Costa de Marfil para los marfileños" y toda la pesca. Y quedaba claro que, para los "marfileños" de pro, Costa de Marfil era la costa, era Abidjan, no ese norte lleno de polvo y burkinabés.

Y como siempre que hay una confrontación entre una parte pobre y otra rica, llega un momento que, por simple peso demográfico, los pobres ganan las elecciones. Y se arma el belén.

En 1993 murió Houphouët-Boigny, pero el régimen de su partido único, el Partido Democrático de Costa de Marfil, siguió. En 1999 la oposición, los "marfileñistas" del Frente Popular Marfileño (FPI), dan un golpe de Estado y su líder, Laurent Gbagbo, se convierte en presidente. En consecuencia, el norte del país se moviliza ante un gobierno abiertamente en su contra, y se une en la Unión de los Republicanos (RDR), liderados por Alassane Ouattara. Ouattara había sido primer ministro bajo Houphouët-Boigny (fue el que anunció su muerte en televisión), y a pesar de no ser precisamente norteño, es musulmán y su partido tiene su base en el norte. A pesar de ser un tipo con unas referencias extraordinarias (economista de profesión, trabajó en el FMI y llegó a ser subdirector), Ouattara tenía - y tiene - un problema fundamental: su madre era de Burkina Faso. En 2000 el gobierno de Gbagbo hace aprobar en referéndum unas reformas constitucionales que: a) legitiman el golpe de estado del año anterior, b) convocan nuevas elecciones y c) obliga a que solo puedan presentarse a la presidencia aquellos cuyos dos padres sean marfileños. Esto deja a Ouattara fuera, y la RDR boicotea las elecciones.

En 2002 un grupo de soldados de origen norteño se subleva: comienza la Guerra Civil Marfileña. El país se divide casi instantáneamente en dos. Francia, que se considera responsable de cortar el bacalao en la zona, casi inmediatamente manda una fuerza de interposición a velar por sus intereses en la zona, que son muchos: naturalmente, ambas partes en conflicto son bien conscientes de que la intervención francesa no es desinteresada y demuestran una hostilidad poco disimulada: cada una de las partes cree que Francia está para apoyar a la otra. La guerra se estira durante tres o cuatro años más e implica las habituales guarreridas presentes, por desgracia, en toda guerra africana: niños soldado, mercenarios bielorrusos, masacres a machetazos, etcétera. En 2004, se logra un acuerdo provisional de paz, pero se va al fistro en poco tiempo.

Los marfileños parecen dispuestos a matarse nuevamente con entusiasmo, pero el 8 de octubre de 2005, el milagro: el Camerún de Eto'o empata a uno en casa con Egipto y a Costa de Marfil le basta con ganar al ya eliminado Sudán para clasificarse para el Mundial de Alemania. El partido se gana, 1 a 3, y el capitán de la selección y superestrella del Chelsea, Didier Drogba, sale por la tele suplicando a sus compatriotas que lo celebren no matándose entre sí. Y por increíble que pueda parecer, así ocurre: las partes vuelven a reunirse y las conversaciones de paz se reanudan. Para que después hablen mal del fúmbo.

Finalmente, en 2007, la guerra termina: Gbagbo seguiría siendo presidente hasta 2010 y un norteño, Guillaume Soro, se convierte en primer ministro.

Pero el problema no está resuelto: solo se ha adelantado hasta 2010. Las elecciones se celebran y, como era de esperar, pasan a la segunda vuelta con los dos candidatos de 2000: Gbagbo por el sur, Ouattara por el norte. Los resultados de la segunda vuelta muestran una victoria de Ouattara, pero va a ser que Gbagbo no está muy por la labor. Así pues, los dos candidatos son proclamados presidentes, cada uno por su lado, y cada uno de ellos nombra un primer ministro. Y así estamos hoy, con la comunidad internacional reconociendo a Ouattara como legítimo presidente, pero con Gbagbo controlando el ejército, hoy Ouattara es presidente de su casa.

Francia y Estados Unidos están buscándole a alguien a quien endilgarle a Gbagbo, pero al parecer al tipo le mola ser presidente y no lo cambia, como muchos de sus presidentes vecinos, por un notable apartamento en Miami.

Los acontecimientos aún están en desarrollo.

Seguiremos informando.

lunes, 3 de enero de 2011

In memoriam

Hay cosas que no necesitan demasiadas palabras.


Descanse en paz.

Seguiremos informando.

Facepalm del día

¿Cuánta gente hay ahora mismo en la redacción de El País para que nadie se de cuenta de que ésto NO es una carretera?

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Satisfagamos sus expectativas

Hay un chiste que contaban los judíos en la Alemania de los años 30 (cuando aún podían hacer chistes) que cuenta que un judío llega a casa de otro amigo judío y se lo encuentra leyendo el Der Stürmer, el violentísimo panfleto antisemita de Julius Streicher. Sorprendido, le pregunta: "¿Isaac, se puede saber qué haces leyendo eso?" "Pues mira, Joseph, ¡porque leerlo me hace sentir estupendamente!" "¿Y eso?" "Porque según ésta revista los judíos controlamos toda la banca, todas las empresas de navegación, todos los periódicos, todas las radios, todo el dinero..."

Más o menos igual que el judío del chiste me siento yo al oír al Papa decir que España "es una viña arrasada por los jabalíes del laicismo" o al cardenal Rouco decir que España es un "país de misión". Oyendo a los jerarcas católicos cabría pensar que estamos en la China de la Revolución Cultural o en la Albania de Enver Hoxja, donde las iglesias eran convertidas en graneros o teleclubs.

Y sin embargo, aquí seguimos transmitiendo la misa dominical en la televisión pública; financiando las festividades en honor y gloria de los jerarcas católicos; llevando en palmitas al Santo Padre cuando se digna a pisar nuestro suelo; concediendo licencias de televisión a grupos cercanos a la Iglesia; permitiendo que dos de cada tres colegios que se abren en Madrid sean confesionales (y católicos), pagando a profesores de religión católica para que den clase en el colegio público restante, y así una serie indescriptible de prebendas.

Queda claro que la Iglesia católica española, con el entusiasta plácet de Roma, crecida a todo vapor por la energía de su Segunda Contrarreforma, armada con sus nuevos jesuitas (Opus, kikos, etcétera), no acepta medias tintas: quiere del Estado obediencia perruna a sus tesis o anatema.

Es natural que haya sectores de la izquierda que aun se nieguen a desistir de una cohabitación con la Iglesia. La inmensa mayoría de ellos fue criada en la Iglesia de los 70, donde la teología de la liberación ganaba peso, donde las asambleas de trabajadores se celebraban en las iglesias, donde en los campamentos de jóvenes católicos uno normalmente salía marxista.

Pero son incapaces de ver que esa Iglesia ya no existe, aplastada por el arrebatador peso del carisma del Puto Papa Polaco. Y la nueva Iglesia - que viene a ser la Iglesia de siempre, con televisión y twitter - ya ha obligado a sus fieles a tomar partido. Es la guerra, ni más ni menos.

Ya no podemos seguir tirando ramas de olivo a un dragón que nos quiere muertos. Si la Iglesia quiere guerra, satisfagamos sus expectativas.

Seguiremos informando.

El favor que le hace

La pirotécnica evacuación de Álvarez Cascos del bigotismo es vista con poco disimulado entusiasmo por la prensa de izquierdas y, al menos aparentemente, con desprecio por la de derechas. Pedro J., por ejemplo, empieza en quinta y a pelo, declarando ésta mañana abiertamente a Cascos como "enemigo del PP". En Ferraz, por el contrario, se han mostrado encantados de meterle el dedo en el ojo al pepismo, haciendo las habituales chanzas respecto a los líos internos del rival.

No me lo creo ni por un momento. La salida de Cascos del partido era de esperar y es el último paso del desmantelamiento del núcleo duro aznarista dentro del PP, desmantelamiento que ha sido objetivo prioritario de Mariano Rajoy prácticamente desde el principio de su presidencia. Los que eran fáciles de echar se fueron enseguida: los más enquistados, como Zaplana o Acebes, se fueron más tarde, e igualmente dando un portazo. Y luego quedaba Cascos, tipo duro donde los haya y que quedaba claro que no se iba a ir ni con agua caliente, dado que el hombre, cabezón como pocos, con el "has-been" subidísimo y con una caterva de exmujeres que requieren dinero a manta, necesita de un sillón como yo de inten·né. Solo después de hacerle el desprecio sumo de apartarle como cacique feudal en Asturias en favor de una anodina apparatchik del partido, que parece sacada de la Escuela María Dolores de Cospedal de Subalternas, es que el muy cabeza dura se ha dado definitivamente cuenta de que en Génova no había, ni hay, ninguna voluntad de acomodarle: querían verle fuera y querían verle fuera hace meses.

La marcha de Cascos es un inmensísimo favor que le hace a Mariano Rajoy. Y no, no me veo a Cascos fundando el equivalente astur a UPN: la gente a la que le cae bien Cascos viene a ser, en la inmensa mayoría de los casos, la misma gente que votaría al PP aunque presentase a Santiago Carrillo o a un chimpancé pintado de verde como cabeza de lista. Así pues, el saldo electoral para el bigotismo es netamente positivo: se arañan votos de electores centristas a los que les chirriaba el abrasivo estilo de Paco Picapiedra.

No es que el PP necesitase ese favor ahora mismo, pero más vale que en Ferraz no se rían. No es gracioso.

Seguiremos informando.

Pequeña nota aquí del que escribe

Como probablemente habrán visto, 2010 no ha sido un buen año para "Ruina Imponente". He escrito francamente poco por diferentes motivos que huelga comentar. Afortunadamente (para mí), entre mis propósitos de año nuevo está el recuperar "Ruina Imponente", en parte para mis (supongo que ya escasos) lectores, pero sobre todo para no oxidar mi escritura.

No les cansaré más con mis divagaciones. Al turrón.

Seguiremos informando.

miércoles, 22 de diciembre de 2010

Fallar cuando ya es un lujo

A pocos ya les quedaba la duda, pero ayer el Gobierno de España demostró, una vez más, que forma parte de esa privilegiada clase, que, como Héctor Cúper o Italia (en general) se demuestra maestra en el arte de convertir las victorias en derrotas.

Ayer se aprobó la Ley de Economía Sostenible. Técnicamente, una batería de medidas destinadas a flexibilizar y agilizar la economía española, haciendo más fácil y rápido el recalentar la economía y - por fin - salir de la crisis.

¿Quién habla hoy de la Ley de Economía Sostenible? Nadie. Solo se habla de la única parte que no ha pasado el trámite parlamentario: la Disposición Final Segunda, una página en más de una centena. En consecuencia, cualquier impulso político que el Gobierno pueda haber conseguido de la aprobación de la LES queda obnubilado hasta la intranscendencia por la cagada supina (no hay otro nombre) que supone intentar pasar una ley impopular, en un entorno hostil, con elecciones a la vista, un gobierno en minoría y muy, muy atrás en las encuestas.

Y ésta cagada supina (insisto) no tiene otra responsable que la ministra de Cultura, deseosa de dejar atado y bien atado "lo suyo" sin ninguna consideración acerca de las consecuencias que su cabezonería podría tener para la imagen pública del partido y del Gobierno. Lo mínimo que debería hacer es presentar su dimisión ante el Presidente del Gobierno. Y es la obligación del presidente aceptarla y echar del Gobierno a éste lastre.

Dejando aparte la pregunta de que si era necesaria la ley o no (mis opiniones son aún contradictorias al respecto) ¿Era urgente? ¿Qué porcentaje de nuestro PIB representa Internet? ¿Qué porcentaje representaría aun aprobada la ley? ¿Era necesario enfrentarse a viento y marea cabreando aún más a una opinión pública ya bastante predispuesta a creerse las mandangas de la derecha y de la izquierda jipiosa que consideran que el PSOE está creando un estado autoritario? ¿Quién, dentro del Partido Socialista, ha sido incapaz de comprender que no es hora de desgastarse por estupideces? ¿Quién ha sido incapaz de ver que el bigotismo está más que encantado de hacer demagogia en éste asunto, máxime cuando ya desde hace tiempo demuestra un desprecio invencible por la cultura española en general, que ve como una pérdida de tiempo y de dinero? En ésto no se puede culpar a la ministra: la ministra es una "técnica", fue nombrada para representar a los suyos, y ha hecho (mal) lo que se esperaba de ella. La responsabilidad última es de la coordinación política del partido, que no ha sabido entender que en tiempos de crisis uno se desprende de las chorradas, especifica el mensaje y martillea hasta que haga sangre. Y la protección de la propiedad intelectual, con la que está cayendo, debe de estar muy abajo en la lista de prioridades del Ejecutivo.

Otro error, otra victoria desperdiciada. Lloraremos por las oportunidades perdidas.

Seguiremos informando.

sábado, 4 de diciembre de 2010

Luchar y no explicárselo a nadie

Se acordarán de la huelga de Metro en Madrid, hará unos meses. Los trabajadores de Metro montaron un pitote épico, todo el mundo (literalmente) se cabreó con los trabajadores (y no con la Comunidad, que era la que proponía el recorte salarial). En aquél entonces escribí un artículo que fue muy comentado en el que decía que los trabajadores habían ganado en el sentido de que habían dejado claro que estaba en su mano parar la ciudad, pero que habían perdido ante la opinión pública debido a que, en parte gracias a su propia incapacidad de explicarse, en parte ante el gigantesco aparato de propaganda en su contra, el 95% de los madrileños creyó sin despeinarse que los trabajadores de Metro se habían puesto en huelga por que sí, o por joder, o explicaciones del mismo jaez. Y como es normal, ante semejante catástrofe de imagen pública, la Comunidad de Madrid tiene ahora manga ancha para hacer con los metreros lo que le venga en gana.

Uno pensaría que los controladores aéreos habrían aprendido algo de ésto, pero como ya les he dicho alguna vez, los sindicatos en España no se dan cuenta de que en éste país (y, por desgracia, en la inmensa mayoría) no existe ya la consciencia de clase que era el respaldo moral de cualquier huelguista. En consecuencia, si uno quiere hacer huelga, lo primero y lo más importante que debe hacer es explicar a los ciudadanos por qué la hace. Porque si no, pasa lo que ha pasado: la ausencia de legitimación ante los ojos de la ciudadanía da pie al Ejecutivo para hacer lo que le salga de la minga dominga.

La reacción ante la huelga por parte del Gobierno ha sido, naturalmente, exagerada; y más exagerada aún por nuestros infumables medios de comunicación, incapaces de leer el decreto (enlace aquí, ojo, PDF) que limita claramente el estado de alarma a las zonas delimitadas como torres de control titularidad de Aena. Es decir, que a pesar de que el 99,99999998% del territorio nacional NO está bajo ninguna medida de excepción, leyendo la prensa uno se piensa que estamos a punto de sacar los Leopard de paseo.

Cuando la primera crisis de los controladores, éste verano, dije que la navegación aérea debía estar en manos del Estado. Sigo pensándolo: la crisis de éste puente deja bastante claro que el tráfico aéreo en España es una infraestructura lo bastante fundamental y demasiado costosa como para entregarla a la libre competencia. (Pienso igual sobre las infraestructuras ferroviarias.) Eso sí, el hecho de que esté bajo titularidad estatal no ha de impedir que se administre conforme criterios de eficiencia y no bajo lo que los ingleses llaman, quizás no tan irónicamente, Spanish practices.

Si a uno se le da la responsabilidad de cuidar del buen funcionamiento de la aviación civil, no tengo ningún inconveniente en que sea remunerado conforme se merece y tenga los descansos que le regule la Organización Internacional de Aviación Civil. Pero a lo que no da pie esa responsabilidad es a erigirse en una casta sin vergüenza ajena que aprovecha su posición de privilegio para obtener concesiones por parte del Estado que no se hacen extensivas al resto de los trabajadores. Soy todo por los derechos de los trabajadores, y todo por los que defienden los derechos de todos los trabajadores. Pero a los que defienden única y exclusivamente lo suyo sin siquiera pretender defender lo de los demás, les pueden dar sustanciosa y militarmente por saco.

Seguiremos informando.


jueves, 2 de diciembre de 2010

¿Y ahora qué? (II)

Con mi llamamiento a la discusión de ayer quise obtener respuestas, y como por increíble que pueda parecer tengo lectores (a pesar de mi pachorra) aquí tengo una, de don Roger, y un complemento a esa misma respuesta, del señor Citoyen.

Como está en mi carácter el buscar los consensos, empezaré por lo con que sí estoy de acuerdo, que es con la mayor parte de la segunda parte del artículo de don Roger. Soy el primero en decir que las antaño instituciones de "izquierda" formal (y sí, IU, hablo de ti) se han convertido en organizaciones eminentemente conservadoras, orientadas más a la "defensa" de lo ya existente que al progreso (sea lo que sea eso, pero ahora hablaré de ello.) Igualmente opino que el Estado no tiene por qué tener aeropuertos (y, ya puestos, invito a un café a quien me diga por qué Logroño necesita un aeropuerto) y que, en lo que a loterías respecta, propongo un modelo totalmente privado y liberalizado donde el Estado lo único que hace es vigilar el fraude y cascar impuestazos por partida doble: a organizadores y premiados por igual.

Pero por mucho que les admire, señores, no me convencen.

Cito a don Roger: "Prohibir que el comercio abra los domingos [...] es prohibir que gente que quiere trabajar lo haga." Ya estamos con el malvado Estado coartando la libertad de los trabajadores de hacer lo que quieran. Un arma tremendamente poderosa contra los derechos de los trabajadores ha sido la apropiación de la palabra "libertad" por la derecha. (No creo que sea necesario que les ponga ejemplos.) Normalmente, quien plantea la liberalización de los horarios laborales pone como resultado óptimo que el estudiante de 22 años recién incorporado al mercado laboral obtenga, al fin, unas cuantas horas a la semana para ganarse un dinero suelto y ponerle líneas al currículum. Puede ocurrir, en efecto, pero es igual de probable que lo que suceda es que la madre de 34 años y dos hijos deba trabajar todos los sábados y todos los domingos, resumiendo sus posibilidades de ocio y recreación con sus hijos a largas sesiones de visionado de televisión, pues está demasiado cansada para hacer otra cosa.

Veo innecesario recordarles que las regulaciones de horarios de trabajo no son algo reciente. Son conquistas del siglo XIX y sirven para garantizar a los trabajadores tiempo libre para gestionar sus asuntos y cuidar de sus familias. ¿Que hay trabajadores que se ven coartados por éstas regulaciones? Coño, sí. Maldito sea el Estado, que impide a la gente de bien literalmente matarse trabajando.

Pero bueno, no es de ésto de lo que quería hablar.

Como de costumbre, se remite usted a Escandinavia, donde el paraíso socialdemócrata aún existe. Pero, ¿por cuanto tiempo? El ejemplo aquí no es a mi entender Escandinavia, sino Alemania. Si bajase Ludwig Erhard de los cielos y escuchase a los que dicen defender su legado en la CDU estoy bastante convencido de que se liaría a ostias como panes (tenía aspecto de ser un señor lo suficientemente sólido como para defender sus ideas a bofetadas). Si en Alemania, estado que se enorgullece (o se enorgullecía) de crear el concepto de Sozialmarktwirtschaft, los recortes en los privilegios a los trabajadores son un hecho ¿cuánto tardarán los países escandinavos en seguir su camino? (Por cierto, Noruega no es un ejemplo - podrán mantener su estado del bienestar por el tiempo que quieran gracias a sus abundantes vapores de dinosaurio - pero eso es como los que hacen trampas en el SimCity)

El artículo de Citoyen, nos pone sobre la pista del problema y justifican lo que he dicho en mi anterior artículo. Los estados ya no tienen la potestad de hacer políticas de izquierdas porque no pueden financiárselas, y si pueden, no podrán. No podrán porque la recaudación tradicional, vía impuestos, es cada vez más insostenible dada la movilidad y la volatilidad del capital; y la financiación vía deuda supedita las políticas públicas de los Estados a las necesidades de sus inversores - y no de sus ciudadanos. Según las inmortales palabras de Cayetana Fitz-James Stuart, ésto que estáis haciendo no es democracia.

Y es el punto al que quiero llegar: lo primero que debe defender cualquier demócrata es que las políticas públicas se definan por el voto de los ciudadanos y no los del Fondo de Inversiones del Profesorado de Wisconsin. Me niego a asumir que las políticas públicas deban ser definidas por su rentabilidad - básicamente porque, en mi manera de entender la política, el Estado es una máquina de hacer cosas necesarias Y deficitarias.

En consecuencia, la izquierda debería partir en búsqueda de una escala lo suficientemente grande como para hacer contrapeso a los que exigen un Estado, S.A. con CEOs haciendo rapapolvos cada año en los Presupuestos Generales del Estado. Una escala que frene ésta subasta a la baja entre los Estados, para ver quién cobra menos impuestos y tiene trabajadores más productivos (es decir, que trabajen más por menos). Una escala que permita a los sindicatos ser lo que deben ser, instrumentos para un oligopolio de la mano de obra, oligopolio lo suficientemente fuerte como para mantener el precio del factor trabajo a un nivel que permita a la gente algo más que comer y dormir. Una escala que permita, en suma, evitar ésta carrera de ratas, éste sálvese quien pueda, ésta pugna de hombres y estados por rebajarse cada vez más, aceptar menos, trabajar más y, en suma, vivir peor.

Y, bueno, entiendo que ustedes son gente con más estudios, que pasarán horas y horas extricando los errores terminológicos de éste artículo, que seguro son muchos.

Pero precisamente porque son ustedes gente inteligente, háganme el favor. Miren donde estamos, miren hacia donde vamos, e intenten decir de corazón que nuestro futuro es el óptimo.

A ver si pueden.

Seguiremos informando.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

¿Y ahora qué?

Hoy no digreso, hoy pregunto.

No es una novedad: los estados ya no tienen la libertad de hacer políticas económicas de izquierda. El mercado impera sobre lo dividido. La izquierda tal y como la conocemos no puede evitar ésta subasta a la baja de los derechos de los trabajadores y del estado del bienestar. No podemos evitar ésto: es un proceso histórico al igual que lo fue la Revolución Industrial. Necesitamos un nuevo marco, a mucha mayor escala, donde poder actuar políticamente. ¿Por dónde empezamos?

Seguiremos informando.

martes, 23 de noviembre de 2010

I want to be a macho Kim

Debe ser muy duro para un sujeto como Nuestro Kim el acumular armamento en plan malvado de peli Bond para después no usarlo jamás. Es axiomático que cuan más grave la crisis de un país mayores son las posibilidades de hacer estupideces, y digamos que Corea del Norte lleva en crisis toda la vida.

Antes de nada, tranquilizar al personal: esto no es Pearl Harbor ni nada por el estilo. Los ataques de ésta madrugada no desatan la guerra entre las dos Coreas, más que nada porque las dos Coreas ya están en guerra y nunca han dejado de estarlo en los últimos 60 años. Y ni siquiera es exactamente una ruptura del armisticio, porque Corea del Norte nunca ha aceptado los términos del armisticio en la frontera marítima occidental - justo la región del bombardeo. De hecho, los bombardeos son un episodio más de una serie de conflictos que se ha dado por llamar las Guerras del Cangrejo, así llamadas por los combates entre ambas armadas con la excusa de escoltar navíos cangrejeros. Ya van tres en quince años, así que tampoco es un incidente TAN aislado.

Lo que cambia aquí es la pirotecnia de todo el asunto, derivada, a mi entender, de la necesidad de Nuestro Kim de demostrar su virilidad en éstos momentos donde todo el mundo le da ya por finiquitado. Quizás sea hora de prestar atención a la tele norcoreana, porque puede que todo éste asunto sea una brutal operación de marketing destinada a poner ante los ojos de Corea y del Mundo a Kim Jong-un (también conocido como el Pequekim o el Paquirrín de Pyongyang) a la cabeza de las operaciones militares contra el enemigo imperialista.

Respecto a las consecuencias, tampoco estoy preocupado. Si Corea del Norte realmente quisiese jarana, habría bombardeado algún sitio donde hubiese soldados americanos: dado que hay casi 30.000 a lo largo de la frontera y, por si fuera poco, se sabe perfectamente donde están, cabe entender que el Norte se ha cuidado muy mucho de echar bombas sobre un sitio donde únicamente hubiera soldados surcoreanos.

Y el Norte sabe, por experiencia, que lo único que hará el Sur es pavonearse un poco de sus armas americanas, quizás hacer un par de sobrevuelos sobre Pyongyang, y retirarse a cuarteles (al igual que el año pasado, cuando el torpedeo de aquél crucero, el Cheonan), porque, a pesar de la importancia del orgullo propio para el gobierno de derechas de Seúl, todo el mundo sabe que lo segundo que menos quiere Corea del Sur en ésta vida es meterse en guerra con el Norte. Primero, porque todo el dinero, propio y extranjero, huiría de Corea en lo que se tarda en decir "kimchi" y segundo, porque hay una cosa que Corea del Sur teme más que meterse en una guerra con el Norte, que es meterse en una guerra con el Norte y ganarla.

Nuestro Kim, aunque lo parezca, no es idiota. Quiere dejarlo todo atado y bien atado, dejarle el trono a su hijo y pasar sus últimos días de vida disfrutando de su colección de porno y coñac francés. Y si para eso tiene que acabar con las vidas de unos cuántos soldados surcoreanos, que así sea.

Como si le hubieran importado las vidas ajenas alguna vez.

Seguiremos informando.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Mas faz muito tempo


Hace cien años justos, el 21 de noviembre de 1910, cuatro acorazados de la Marina Brasileña, el Bahia, el Deodoro, el Minas Geraes y el São Paulo, se amotinaron en pleno puerto de Rio de Janeiro, por aquél entonces la capital del país. Ésta es su historia.

De todas las instituciones brasileñas de principios de siglo, la Marina era, probablemente, la más conservadora. De hecho fue la Marina quien se sublevó contra la naciente república brasileña en un intento frustrado golpe de estado, en 1893-94. Aunque el intento de golpe fracasó, la estructura social y organizativa de la Marina siguió siendo la misma que en los tiempos del Imperio y de los barcos a vela: una oficialidad blanca y rica y una marinería abrumadoramente negra y pobre, la mayoría, esclavos libertos reclutados forzosamente. Y ésto, en un país que había abolido la esclavitud hacía menos de veinticinco años, abría inmensas potencialidades para abusos de toda clase.

La Marina Brasileña se había construido en los moldes de la Royal Navy y en ella se inspiró en los métodos de disciplinar, que implicaban castigos corporales de toda clase, especialmente latigazos, cuantos más y más humillantes mejor.

En 1906 se botó el HMS Dreadnought, el primer acorazado moderno, que dejó obsoletos a todos los barcos de guerra anteriores. Brasil, que había ordenado la construcción de dos barcos en los astilleros de Barrow-on-Furness, al ver el nuevo acorazado ordenó a la naviera que adaptase las quillas ya existentes a los nuevos diseños. Eso hizo que Brasil cobrase ventaja en la carrera por la construcción de acorazados que se desató en todo el mundo, y con la botadura dos nuevos barcos, el Minas Geraes y el São Paulo, Brasil se había convertido en el tercer país del mundo al tener acorazados, solo por detrás de Gran Bretaña y de los Estados Unidos.

Sin embargo, a pesar de estar sin duda entre los barcos más modernos del mundo, los métodos y formas de la oficialidad seguían siendo los mismos y crueles de antaño. Éste contraste quedó aún más evidente cuando los nuevos barcos partieron a hacer maniobras en el Mar del Norte junto con la flota británica, y los marineros brasileños entraron en contacto con sus colegas de otras partes del mundo. Los marineros brasileños supieron, así, que en Gran Bretaña el látigo estaba en desuso desde hacía décadas, que sus colegas europeos eran respetados y con una paga decente, y que en Rusia se había amotinado un acorazado contra las condiciones de vida y su tripulación había logrado huir relativamente sana y salva.

Nada de ésto pasó inadvertido para los marineros brasileños, que volvieron a casa calentitos con la situación. Se empezó a planificar un motín para el 25 de noviembre de 1910, diez días tras la toma de posesión del nuevo presidente Hermes da Fonseca. Pero la noche del día 19, uno de los marineros del Minas Geraes fue detenido tras traer a bordo aguardiente y atacar con una navaja al cabo que lo denunció, y condenado, no a los 25 latigazos de rigor, sino a 250, con toda la tripulación firmes en cubierta y con redoble de tambores. La visión de aquello fue el colmo, y la noche del 22 al 23 de noviembre el Minas Geraes se amotinó. Pillaron al capitán por banda y le mataron a culatazos y a disparos, así como a los oficiales que tuvieron la mala idea de asomarse a ver qué pasaba. Uno de ellos huyó al São Paulo y avisó al resto de la oficialidad, que hizo lo que tenía que hacer: huir a puerto lo más rápidamente posible. Sin sus oficiales, el resto de la flota fue sublevándose a lo largo de la noche.

Si ustedes han visto alguna vez un mapa de Rio de Janeiro, verán que no hay ningún punto - al menos ningún punto importante - que no esté a más de un kilómetro de la costa. Liderados por João Cândido, conocido como el Almirante Negro, los sublevados amenazaron con bombardear la ciudad. Mientras el nuevo gobierno prometía firmeza, el Congreso, más sensato, vio que sería imposible mostrar firmeza cuando el enemigo está a dos kilómetros de tu sede con cañones que llegan hasta tal punto, y les amnistió. Al final el Gobierno abolió los castigos corporales y prometió perdonar a los marineros que entregasen las armas.

Solo una semana más tarde, el Gobierno aprovechó una sublevación menor de la Infantería de Marina - que también sufría con los castigos corporales - para lanzarse a hierro y fuego contra todos los sublevados, acusándolos de colaborar con la rebelión. Unos fueron deportados a recoger caucho en la Amazonía, pero la mayoría fue encarcelada en una prisión naval: a dieciocho de ellos se les metió en una celda excavada en la roca y se les echó cal viva. De los dieciocho solo sobrevivieron João Cândido y otro más. Después de esa pesadilla, acabó en un manicomio, como "loco indigente". En 1912 se le juzgó y fue absuelto. Solo fue perdonado de todos sus cargos en 2008, por decreto presidencial.

Y es ese el problema: aún hoy, el Gobierno brasileño no se atreve a celebrar la Revuelta del Látigo y lo que supuso para la historia de Brasil, porque, según las Fuerzas Armadas, lo que pasó aquella primavera de 1910 fue simplemente una "ruptura de la jerarquía", el peor crimen que puede hacer un militar.

Quedan para la historia las palabras de Aldir Blanc y João Bosco, autores de "El Maestre-Sala de los Mares", tema que preside éste artículo: "Salve el Navegante Negro, que tiene por monumento las piedras pisadas en el muelle."

Seguiremos informando.

viernes, 19 de noviembre de 2010

No le deis de comer

Un par de mis lectores me han pedido mi opinión sobre las "boutades" de Salvador Sostres en Telemadrid.

Siempre he dicho que, en España, los intelectuales de derechas son aquellas personas a las que se les permite la palabra "gilipollas" en el ABC. El insulto es parte integrante e inseparable del vocabulario conservador, en tanto que representación verbal o gráfica de la agresión, fundamento intelectual del fascismo hispano (la "dialéctica de los puños y las pistolas" de Primo de Rivera hijo). La derecha ama el insulto y la zafiedad porque así se les diferencia de los intelectuales de izquierda, que como todo el mundo sabe son unos blandengues y amanerados que no hablan como los verdaderos españoles (quicir, ellos) han de hablar.

Así pues, el intelectual de derechas es una criatura a la que se le permite comportarse como un jubilado exalférez provisional de 70 años, tenga la edad que tenga y viva en el año que viva, lo que implica ser machista, racista, fascista y todos los istas que permitan escandalizar a la mayor cantidad de gente posible. Ésta gente vive de escandalizar. Cada "rojo bienpensante" que denuncie el cretinismo de sus palabras es un orgasmo para ellos. Cada cita en la prensa de izquierdas es para enmarcarla y colocarla sobre la chimenea, con los trofeos de caza.

En consecuencia, lo peor que le puede pasar es que nadie hable de él. No contribuiré a su exaltación personal junto a sus amigotes en plan "Jou,jou, mira cuántos rojos se meten conmigo".

Que Telemadrid acoja a éste tipo de semovientes es una consecuencia más del infame cardadismo, que es responsabilidad directa de los madrileños e indirecta de una oposición más preocupada en pegarse que en desmantelar el aparato de propaganda y populismo cuyo centro es la inefable Espe.

La única solución es echarla a patadas. En sus manos está, querido lector.

Seguiremos informando.

Bajarse al moro

He de reconocer que estoy infinitamente perro con el blog. Obviamente no es responsabilidad de mis lectores, que me hacen la pelota hasta grados que veo imposible merecer. La responsabilidad es mía, que llevo ya cinco años escribiendo: en todo éste tiempo, he hablado mucho sobre varios temas concretos, a veces varias veces, y he llegado al punto en el que estoy cansado de hablar otra vez de lo mismo. Lo más probable es que sea uno de éstos momentos de leve depresión "nadie me quiere" tan propios en mí, pero éste no va a ser un artículo de los de lamentarme. Esos tienen un título específico ("Confesiones de un falso cultureta") que es para que no necesiten leerlos si no quieren.

El artículo de hoy surge de la habitual comida (quicir) de todos los jueves con el Maestro, donde éste me solicitó una explicación razonada de la actual crisis en el Sáhara. Como si hay algo que me gusta hacer es lanzarme a largas digresiones sobre política internacional con los amigos (soy de esa clase de gente: invítenme a sus fiestas) atendí encantado a su petición. El artículo de hoy es una repetición expandida de esa explicación.

El Sáhara Occidental era, en 1975, la provincia del Sáhara, teóricamente tan española como podría ser Lugo: los coches usaban matrículas españolas (SH), a sus habitantes se les expedían Libros de Familia y los DNI tipo sábana de la época y hasta mandaban procuradores a Cortes (que invariablemente aparecían como atracción en la ritual filmación de la apertura de Cortes del NO-DO). En puridad, administrativamente el Sáhara era como Fuerteventura, pero doscientas veces más grande: en la práctica, la inmensísima mayoría de la población de origen español trabajaba de alguna manera para el Estado.

Por aquél entonces reinaba en Marruecos Hassan II, figura que, durante toda su vida, gobernó Marruecos tal como Franco gobernó España: navegando con notable astucia por los procelosos mares de las intrigas palaciegas prácticamente inevitables en una monarquía árabe, logró erigirse como paladín anticomunista y llevó el país con mano de hierro, atenuada a ojos de la opinión pública internacional por una aparente estructura democrática cuya efectividad terminaba a las puertas mismas de palacio. Aun hoy, el estado de derecho marroquí se estructura tal y como lo dejó Hassan: todos los marroquíes tienen derechos siempre y cuándo no contraríen la voluntad del Rey y Comendador de los Creyentes. No se rían, nosotros estuvimos igual muuuuchos años.

Hassan II se había puesto como objetivo el Sáhara desde hacía años: en 1963 Marruecos consiguió de la ONU una declaración diciendo que el Sáhara era un territorio a ser descolonizado, lo cuál, si no le daba la razón, al menos se la quitaba a España, lo cual ya era un paso. Lo demás era, simplemente, esperar.

En 1975, a Franco le dio finalmente por morirse. Hassan II vio la oportunidad que estaba esperando y se sacó de la manga una jugada maestra de marketing político (tan maestra que no hay posibilidad de que no estuviese planeada muy de antemano): la Marcha Verde. Básicamente hizo una razzia por todos los suburbios pobres de Marruecos, pilló a todo aquél que no tuviese nada que hacer (que era mucha gente), les entregó una bandera marroquí, un Corán y un retrato del rey a cada uno, les metió en camiones, les llevó a la frontera y les dijo: hala, a conquistar el Sáhara para vuestro rey. En aquél entonces España no estaba literalmente para tontería alguna: el pilar sobre el que se sostenía todo el sistema político se estaba muriendo, y aquello era una distracción innecesaria para un país que no podía tolerar ninguna.

Así pues, España hizo exactamente lo que Hassan quería que hiciésemos: mandamos al Carlangas a El Aaiún, reunió a los legionarios y funcionarios y les dijo: "Señores, nos vamos." Y nos fuimos: una semana más tarde Arias Navarro se reunió con los ministros marroquí y mauritano y firmamos una declaración que decía, resumiendo, que España se iba del Sáhara y que entregaba las llaves a Marruecos y Mauritania para que se las repartiesen. En ningún momento España abdicaba de su soberanía sobre el Sáhara: simplemente se entregaba la "administración" del territorio.

Aquella "Declaración de Madrid" era un cachondeo hecho tarde, mal y a rastras, y con un motivo: el documento estaba firmado en Madrid, el 14 de noviembre de 1975. Aquél día y hora, S.E. el Jefe del Estado, Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la Gracia de Dios, estaba literalmente cagando sangre en una habitación de La Paz. De hecho estaba TAN mal hecho que ni siquiera nos dimos al trabajo de publicarlo en el BOE, por lo que, legalmente, nunca ha hecho parte de la legislación española.

Las Naciones Unidas también consideraron que aquello era un cachondeo. Y el Frente por la Liberación de Saguia-el-Hamra y Rio de Oro (Frente Polisario, abreviatura que se agradece) se pilló un rebote cojonudo. Pero no había nada que hacer: el 28 de febrero de 1976, metimos a todo el mundo en aviones o barcos, arriamos la bandera, saludamos y nos fuimos, entregando las llaves, como previsto, a los marroquíes, que se quedaron con cuatro quintos del territorio, y a los mauritanos, que se quedaron con el quinto restante (los mauritanos se dieron cuenta de que no se podían permitir ocupar un país y se fueron por pies al poco, quedándose los marroquíes con su trozo). Los funcionarios del Sáhara fueron transferidos, los profesores reconducidos, los médicos reinstalados, los coches rematriculados: todo pasó como si no hubiésemos estado nunca allí.

Inmediatamente el Polisario se echó al monte, lo que en el Sáhara viene a ser el desierto, con el patrocinio de Argelia - siempre encantada de meterle el dedo en el ojo a los marroquíes. Siguieron dieciséis años de guerra de guerrillas, y finalmente un alto el fuego, quedando las posiciones de ambas partes tal y como están hoy en día: cuatro quintas partes (toda la costa y las minas de fosfatos, mayor riqueza del Sáhara) en manos de Marruecos, para quién toda la zona es el Sur de Marruecos, y el quinto restante, mayormente arena y piedras, es la "Zona Libre", bajo el gobierno del Polisario.

Desde entonces, la ONU nos ha encargado repetidamente la responsabilidad de llevar a cabo lo que sus resoluciones nos exhortan y la propia legislación española (Ley 40/1975, de 19 de noviembre - nótese la fecha -, de Descolonización del Sáhara) aún nos obliga: tomar las medidas necesarias para la descolonización del Sáhara. Eso implica, tras el alto el fuego de 1991, convocar un referéndum de autodeterminación. Pero el referéndum nunca se hace, porque ambas partes nunca se ponen de acuerdo sobre quién debe votar. Los saharauis dicen que los únicos que deben votar son los que tenían DNI saharaui (como el español, pero bilingüe) a fecha del 15 de noviembre de 1975 y sus descendientes: los marroquíes dicen que deben votar todos los residentes en el Sáhara (incluyendo los colonos, funcionarios y militares marroquíes). Existe una misión de la ONU (Misión de Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental, o, en otro agradecido acrónimo, MINURSO) que reúne a las partes dos veces al año, comprueba que siguen sin estar de acuerdo y manda a todo el mundo a casa.

Y esto no va más lejos porque, la verdad, en conflictos territoriales todo depende de los amigos que tengas. El de la República Árabe Saharaui Democrática es Argelia y, si tu mejor amigo es Argelia la verdad es que no puedes ir muy lejos. Marruecos, por otro lado, tiene siete letras que en África valen oro: Francia. En África, para ser amigo de Francia basta con hablar francés y comprar cazas Dassault (y hay que ser realmente amigo de Francia para comprar Dassault, porque son basura), y los marroquíes hacen mucho de ambas cosas; y Francia tiene más prestigio, más dinero y, lo que probablemente sea la peor contribución de Charles de Gaulle a la Humanidad, veto en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Si a eso le sumamos que Estados Unidos solo es capaz de ver en Marruecos un país árabe amigo que mantiene a raya a sus islamistas y vemos por qué nadie quiere hacer más de lo indispensable por los saharauis.

Y nosotros, bueno, nosotros tenemos las flotas andaluza y canaria de bajura, que depende de los caladeros marroquíes para vivir y cuya desmovilización por falta de acuerdo pesquero implicaría aumentar escandalosamente el paro en zonas donde ya ronda el 40%; tenemos las inversiones hechas en Marruecos (800 millones de euros), y, hasta éste año, teníamos el hecho de que Marruecos controlaba nuestra llave del gas, controlando los gasoductos bajo el Estrecho. (Conscientes de que una pelotera Marruecos-Argelia nos podría dejar sin gas, se ha construido un gasoducto Argelia-España bajo el mar de Alborán.). Todo esto sin hablar de Ceuta y Melilla: suena escandalosamente cínico y lo es, pero política y económicamente, lo que nos conviene más es lo que estamos haciendo: solidaridad con el Sáhara, toda la del mundo: si se ha de traer a 200 niños saharauis cada verano para que vean lo que es una piscina, se traen, pero mover un dedo para cambiar el status quo, ni hablar.

Esto cabrea a dos sectores opuestos de la sociedad: por un lado, la extrema izquierda, por razones obvias; y por otro lado, la derecha, que inspirada por el espíritu de Capitán Trueno que ha poseído a Bigotus Máximus y una insuperable voluntad de meterle el dedo en el ojo al Gobierno, ha asumido una posición profundamente ibérica y profundamente estúpida que puede resumirse en la frase "Zapatero deja que los moros se nos suban a la chepa", de innegable popularidad en las tertulias de bar. Cabría pensar que un futuro gobierno bigotista tendría que comerse sus palabras con patatas, dado que ellos, en teoría, tendrían que hacer lo mismo, pero del partido que invadió Perejil al alba y con fuerte viento de Levante me espero cualquier clase de cretinismo.

Como ya dije con respecto a las peloteras con Ceuta y Melilla del pasado agosto, Marruecos está exacerbando el nacionalismo para desviar la atención de la ciudadanía ante una sociedad en crisis, descontenta con el gobierno y privada de su más tradicional válvula de escape, la emigración. Podemos dar por sentado de que el gobierno marroquí va a saltar a la mínima que vea al gobierno español metiéndose en lo que ellos consideran "sus asuntos", lo que podría ser aún peor.

Yo quiero ayudar a la libertad del Sáhara como el que más, pero si queremos ayudar no podemos tirarnos de cabeza. Nos hemos de blindar tras las Naciones Unidas. Tenemos que convencer a Francia. Tenemos que contribuir a la democratización de Marruecos, ayudar a desmontar el poder omnímodo del rey y su corte y colaborar con quienes quieren de Marruecos una verdadera democracia. Nada de esto se hace de un día para el otro.

Pero las soluciones fáciles y erróneas son más vendibles que las sensatas y difíciles, veo. Así nos va.

Seguiremos informando.