lunes, 25 de enero de 2010

Materiales Peligrosos

Así, a lo idiota, ya llevo gestionando (quicir) un blog desde hace casi cuatro años y medio, y durante todo éste tiempo he escrito relativamente poco sobre relativamente poco. Obviamente no soy el escribiente más regular del universo, y como habrán podido ver, me sacan del seudanálisis político y de ciertas digresiones filosóficas y estoy perdido. (Aunque alguna vez habré hablado de fúmbo.)

El PP se ha lanzado a por uno de sus ya habituales Total Demagogia Show, sacando la artillería ligera de costumbre: hay demasiados inmigrantes, el contrato de integración, cadena perpetua para los asesinos, etcétera, etcétera. Y como no me voy a gastar reiterando lo que ya he dicho alguna vez, tengan éstos artículos antiguos sobre lo primero, lo segundo y lo tercero.

Lo que es relativamente novedoso es la ascensión de esa versión tan ibérica de lo que los americanos llaman NIMBY: el NIMAC (Not In My Autonomous Community).

Como saben, soy partidario de la energía nuclear bajo unas determinadas condiciones que, a mi entender, ahora mismo no se cumplen en España (escribí sobre ello en 2008) pero, curiosamente, no estoy preocupado por la seguridad del tal almacén transitorio. El motivo es que, mientras que las centrales nucleares son llevadas por empresas privadas - donde la tentación de afeitar medidas de seguridad para ahorrarse unos euros siempre está presente - los residuos nucleares en España son manejados por Enresa, que es una empresa pública sin ánimo de lucro. Sin las urgencias del beneficio, lo más probable es que tengamos un almacén más que decente, y si no es así, el Gobierno debería vigilarlo con atención: la gestión de residuos nucleares peligrosos no es una de éstas cosas en las podemos escatimar gastos.

Bajo éstas circunstancias, no reprocho a los emprendedores alcaldes que, ante la triste realidad de que la gran ciudad, año tras año, va segando la población de la región, y que a la casa rural en la que tantas esperanzas se pusieron no va nadie, se resignan a ser los basureros atómicos de España, a cambio de unos puestos de trabajo y una siempre bienvenida subvención.

Se esté a favor o en contra de la energía nuclear, hay que asumir que España (en realidad, Franco y los tecnócratas del Opus), en su día eligió la opción nuclear, y esos residuos están y estarán, elijamos lo que elijamos en el futuro en materia de energía. Y, sí, podemos reenviarlos a Francia, o a Marruecos, o echarlos al mar, pero la opción responsable, por más que nos pese, es que tenemos que hacernos cargo de nuestra propia basura.

Seguiremos informando.

jueves, 21 de enero de 2010

Drogas para desayunar

No creo en cosas que no puedo tocar. No creo, por ejemplo, en Luiza Brunet. (Luiz Fernando Veríssimo)

Le llueve escarnio por todos lados a nuestro presidente del Gobierno, en una escena que ya viene siendo habitual. El motivo es que el presidente Obama le ha citado para acudir a Washington - supongo que por la presidencia europea - el próximo día 4, y como el día 4 resulta que es el primer jueves de Febrero, al bueno de ZP le va a tocar ir al Desayuno Nacional de Oración. De hecho, no sólo le toca ir: le toca hablar.

Con lo cuál el presidente se ve inmerso una vez más en el debate de todas las mañanas: ¿se puede ser, al mismo tiempo, religioso y de izquierdas? Ante ésta pregunta, mucha gente (entre los que se encuentran dedicados lectores de mi blog) responden con un conciso y decisivo "NO. ¿Alguna pregunta más?" Es de éstos ciudadanos de quienes surgen las críticas más feroces al presidente; luego está la überderecha, pero esa pondría a caldo a Jesucristo si bajase a la tierra a anunciar a Zapatero como su sucesor.

Como pueden imaginarse, mi opinión es (ligeramente) más ponderada. Como marxista, mi actitud hacia la religión es la que tengo hacia cualquier otra droga: Yo de eso no gasto ni me apetece, pero respeto plenamente a quién lo hace; al fin y al cabo, cada cuál tiene su mente y se la folla como quiere.

La necesidad de un Dios (o de varios) para determinadas personas surge del hecho incontestable de que el Universo es complicado y los seres humanos tendemos a ser insistentemente finalistas, es decir, que estamos intentando siempre encontrarle un motivo a todo. Y no todos tienen ganas de asumir que lo que no puede (por ahora) explicar la razón y la ciencia es mero y puro azar: necesitan motivos, y si no los tienen, se los inventan.

¿En qué manera eso es compatible con ser de izquierdas?

Mi definición de "ser de izquierdas", por si no lo sabían, implica el desear activamente, lo que implica trabajar por, el progreso material e intelectual de la humanidad a través del progreso material e intelectual del mayor número de personas posible.

La clave aquí está en "progreso material e intelectual": dentro de ésta idea, el progreso intelectual de la Humanidad nos ha de llevar a un punto en que nada quede sin una explicación racional-científica; en ese estadio, todo lo que ocurre en nuestro Universo sería "natural", y no habría espacio para lo "sobrenatural". Es decir, que ser de izquierdas implica buscar activamente que la idea de Dios sea innecesaria: implica el asumir que Dios es una respuesta parcial y transitoria para preguntas para las cuáles aún no tenemos respuesta definitiva. Obviamente, esa definición obliga a ponerle unas comillas a "Dios" del tamaño de un camión-trailer.

Y con ésta tenemos la definición ortodoxa. El problema de la ortodoxia es que uno no hace demasiados amigos con ella, y entramos aquí en la primera disyuntiva de la izquierda ever: ¿progresamos más siendo pocos pero tremendamente avanzados, o muchos relativamente avanzados?" Como ustedes saben, y me lanzan patatas a la cabeza por ello, yo soy más de la segunda opción.

En consecuencia, creo que sí, que una persona de izquierdas puede creer en Dios. Pueden tirarme las patatas ahora.

Pero ese "Dios a la izquierda" debe de tener un ámbito meramente sobrenatural. Uno no puede creer en que si algo ocurre (pobreza, enfermedad, destrucción) es por "la voluntad de Dios". Esa respuesta, tan rápida y fácil ella, impide buscar una respuesta racional - y en consecuencia, una solución. Igualmente Dios no puede ser excusa para mantener tabúes que coartan las libertades, tanto individuales como colectivas.

Por lo que si usted tiene la mala suerte de practicar una religión - algo que quita lo bueno que tiene Dios con respecto al resto de drojas, que por lo menos es gratis - si, al menos teóricamente, su Dios le obliga a mantener esos tabúes y coartar libertades, propias o ajenas, su obligación, como persona de izquierdas, es, por lo menos, pasar olímpicamente de las regulaciones de su religión y únicamente participar en sus rituales como hipócrita de libro. Así hago yo cuándo voy a ojear a las jamelgas americanas de reojo en el culto de Navidad de la iglesia de mis padres.

Pero hacer eso es como meterse jaco solo de cuándo en cuándo: o uno se vuelve un yonqui (y empieza a ir a las manifas del Arzobispado) o toma la actitud sensata y deja eso de una vez por todas.

¿Y ZP? Yanquilandia es un mundo distinto: cuándo la formación del nuevo Estado americano puso lado a lado a las infinitas subsectas del protestantismo (y algunos católicos en Maryland) los americanos inventaron ese divertido sistema llamado "non-denominational" que es asumir que todos los presentes creen en Dios y en su hijo Jesús, aunque no sea así. Es una componenda que funciona bastante bien - y si el presidente ha de ser hipócrita un rato, mejor rodeado de reverendos que en otra parte donde pueda hacer más daño.

Seguiremos informando.

martes, 19 de enero de 2010

A petición: Los tenebrosos cálculos de Vic

Ayer, como ya les contaba, pedí ideas para artículos en el Caralibro. Ya había empezado a escribir un par de artículos sobre lo de Vic, pero éste es uno de éstos temas que me tocan la moral y me tientan a pisar el teclado con los pies en lugar de con las manos. Pero claro, si me pide que escriba sobre ello don Javier, el segundo navarro favorito de éste su blog (lo siento, don Javier, es que los primeros mandan chistorra de vez en cuándo) pues no tengo más remedio que ponerme a ello.

Axioma: los ayuntamientos adoran empadronar gente. Cuánta más mejor. Fundamentalmente porque las transferencias de fondos del Estado y de las autonomías a los municipios se calculan según la población empadronada, así que no es sorpresa que, a la hora de la verdad, cuándo salen las cifras del censo decenal - que éste sí se lleva de forma más seria - la discrepancia entre el censo y el padrón asciende invariablemente a un par de millones de personas. Por otra parte, el número de inmigrantes ilegales que llega a España se ha reducido considerablemente (Las cifras no son mías, son del Ministerio del Interior). Y de los inmigrantes que ya residen en Cataluña, es relativamente dudoso que para una población inmigrante mayoritariamente musulmana sea destino preferente una ciudad que vive de sus grasientamente deliciosos embutidos de gorrino.

Todo ésto se resume en que, a mi entender, la maniobra del alcalde de Vic tiene un efecto práctico pasmosamente limitado - ¿cuánta gente pensaba empadronarse en Vic, de todas maneras? - pero ha servido y sirve de terrible globo sonda para ver en qué medida la inmigración va a afectar a las ya próximas elecciones catalanas.

Para CiU y ERC, la inmigración no es un problema siempre y cuándo los inmigrantes se hagan a la cultura del país: la joven Amrita puede pasearse perfectamente por el Raval envuelta en su sari, en tanto en cuanto salude con un correcto "bona nit" a sus vecinos de escalera, y el pequeño Mohamed es bienvenido en su colegio siempre y cuándo dé un buen "enxaneta" en la colla castellera de su pueblo. El conflicto viene, naturalmente, cuándo no todo el mundo está dispuesto a cantar las delicias de la botifarra amb mongetes, ni aprender catalán cuándo se puede expresar perfectamente en buen bengalí. Para el PSC la inmigración no debía ser un problema, y si lo fuera ya podrían empezar sacando al cordobés ese de ahí.

La medida del alcalde de Vic ha sido, en consecuencia, una maniobra política para segar la hierba bajo los pies del segundo partido municipal, un patibulario partido de extrema derecha llamado Plataforma per Catalunya. Hay que recordar que partidos como éste no son muy populares en el resto de España dado la popularidad del bigotismo y la desvalorización del patrioterismo hispano, pero en Cataluña, donde el PP es un chiste malo y la mayoría de la gente saca la senyera a poco que el Barça pase de octavos, es una historia bien distinta.

Pero lo terrible es que, llegadas las noticias a Barcelona, ningún partido, salvo Iniciativa (que, total, no tiene otra alternativa que ser proinmigración) tomó la medida sensata, que es cruspir a collejas a sus grupos municipales vigitanos. Más bien se inventaron una mala excusa (es que hay que consultar con los servicios jurídicos, es que todavía no es una decisión firme...) y se sentaron alrededor de una mesa a esperar las encuestas y ver en qué medida afectaba todo eso a sus campañas.

Obviamente, en Madrid, el PSOE, que no tiene ninguna urgencia electoral por delante, inmediatamente empezó a gritarle (discretamente) a Montilla en la oreja para que parase con ésta insensatez; por fin, y casi una semana más tarde, le ha hecho caso. Mientras, el bigotismo, que en Vic ni pincha ni corta, ha visto el cielo abierto. Como saben, Dios libre al PP de hablar de inmigración; pero en el momento en el que otra persona, sea el alcalde de Vic o el del Ejido, suelta la brutalidad que el PP piensa pero no se atreve a decir, salta alguien - nunca Mariano, of course - a decir que puede que sí, que haya demasiado moro suelto.

De los partidos catalanes, CiU no me preocupa: inmediatamente saldrá alguien de Unió a dar de collejas a quién se ponga demasiado farruco - o al revés. Sin embargo, sí me preocupa ERC. Osona - la comarca de Vic - es uno de los bastiones del independentismo: en la última consulta-show fue la comarca donde mayor participación hubo (alrededor del 40% del censo votó por el sí). Si la izquierda independentista hace la regla de tres y descubre que para contentar a un independentista hay que ponerse duro con los extranjeros, podemos tener un problema aún más serio.

Seguiremos informando.

lunes, 18 de enero de 2010

A petición: Una triste historia (más)

Ésta mañana pedí en el Caralibro que me diesen ideas para artículos, para sacarme del espesor en el cuál ésta niebla madrileña de invierno me sumerje, y una encantadora dama me ha escrito desde África (¡!) para sugerirme ideas.

Una de ellas se refiere al cacao que hay montado en Guinea Guinea (como saben, hay tres Guineas, separadas entre sí por casi 2.000 kilómetros; ésta tiene por capital Conakry y es de lengua oficial francesa). Confieso que no tenía ni idea de lo que estaba pasando, así que he tenido que documentarme.

La historia de Guinea tiene una curiosa tradición: sus dictadores son longevos, pero sus dictaduras no les sobreviven dos semanas. Así pasó con el primer presidente del país, Sekou Touré: los guineenses le tuvieron que aguantar - literalmente - 26 años, pero en el momento en el que la palmó - tras una operación en la Cleveland Clinic, en EE.UU., la mejor clínica cardíaca del mundo y favorita entre nueve de cada diez dictadores del momento - a los nueve días el jefe del Estado Mayor, Lansana Conté, dio un golpe de Estado. Lansana estuvo otros veintidós años (que no fueron mejores que los de Sekou Touré, precisamente) hasta que también la palmó; éste, en su palacio. El subsiguiente golpe de Estado vino a las seis horas (no se puede decir que no lo estuvieran esperando) y fue el típico golpe africano: la oficialidad media del Ejército se levanta en armas, crea una junta militar con un rimbombante nombre con muchas letras (en éste caso, el Consejo Nacional para la Democracia y el Desarrollo), y es nombrado presidente de la República un tipo con una insufrible tendencia a usar gafas de sol a todas horas y a quién cualquier persona sensata no le podría a cuidar de su garaje, cuanto menos de un país. En Guinea, el ganador del premio - de hecho, al parecer la presidencia se jugó a suertes - fue el capitán Moussa Dadis Camara. El bueno de Dadis Camara era, antes de ser presidente, el encargado del reparto de gasolina en el cuartel general de Conakry, lo cuál en un ejército donde lo único que haces es moverte con Toyotas Hilux por ahí te permite conocer literalmente a todo el mundo - éstos ejércitos son pequeños.

Cuándo te conviertes en presidente de ésta manera, de dos una: o te conviertes en un dictador sanguinario y gobiernas por el terror, o van a estar intentándote echar de la silla por el mismo primario método por el que fuiste elegido. Normalmente el sospechoso habitual es o el ministro de Defensa o el jefe de la Guardia Presidencial, el que tenga menos escrúpulos de los dos. En el caso de Guinea, es el jefe de la Guardia Presidencial, un individuo que responde al nombre de Aboubakar Diakite, alias Toumba (cuándo un militar tiene un alias, mejor será que te andes con ojo). Y su falta de escrúpulos se hizo patente el pasado septiembre, cuándo la oposición se manifestó en un gran mitin en el Estadio Nacional de Conakry, que fue alegremente reprimido por la Guardia Presidencial: 157 muertos, millares de heridos, detenidos y hasta violados. (Por cierto, ésto no mereció ni un breve en El País: total, son negros, se matan).

El diciembre pasado, Toumba tomó la iniciativa, que en éstos casos se demuestra vía rifle: le pegó un tiro al presidente, en lo que se supone fue un descuido (del presidente). Por desgracia para Toumba el presidente sobrevivió: fue evacuado a duras penas a Marruecos (que se ha convertido en el refugio médico favorito de los dictadores africanos: clima agradable, la cortesía inigualable de los marroquíes y la posibilidad de disfrutar de médicos franceses sin poner en aprietos a París y sin esa desagradable molestia que es la Interpol). Tomó el poder el ministro de Defensa, y a Toumba no se le volvió a ver.

Ayer Dadis Camara viajó a Burkina Faso - país fronterizo - y dio una rueda de prensa: queda claro que la balacera le ha sentado fatal y que no piensa volver a que le rematen. El ministro de Defensa toma el poder y, con el fin de garantizarse ayuda de Francia, ha prometido lo de siempre: paz, estabilidad, democracia, y que en la próxima Copa de África lo harán mejor. Dadis Camara se retirará a algún país amigo (Marruecos, Libia, el propio Burkina) y se garantizará impunidad por todos sus muertos.

Ésto ahora. Quién sabe mañana.

Seguiremos informando.

martes, 12 de enero de 2010

Chávez: un líder para el siglo XX

Antes de nada: lo de cerrar supermercados ni es un monopolio comunista ni es un invento de Hugo-go. En 1986 el presidente de Brasil, José Sarney (que era y es un cacique del Noreste de Brasil, una gente que no suele tener demasiadas veleidades con el comunismo) y su ministro de Hacienda, Dílson Funaro (logró el cargo por ser el presidente de la CIESP, la patronal de Sao Paulo: su experiencia de gestión se resumía a su fábrica de juguetes) crearon el Plan Cruzado, el plan definitivo para acabar con la hiperinflación que asolaba Brasil en aquél momento. La receta les sonará de los periódicos: congelación de sueldos y precios por un año, recorte de tres ceros en la moneda... De hecho, el presidente Sarney fue más lejos: pidió a la población que actuase directamente contra aquellos que remarcasen los precios - lo que hizo que algunos exaltados ciudadanos (los "inspectores de Sarney") tomasen la justicia por su mano y cerrasen, e incluso saqueasen, los supermercados que subían los precios de los productos.

Obviamente, no funcionó. El Plan Cruzado fue el primero de siete (cuéntenlos) "planes anti-inflación" que en ocho años hizo que Brasil cambiase cinco veces de moneda (de cruzeiro a cruzado, de cruzado a cruzado nuevo, de cruzado nuevo a cruzeiro, de cruzeiro a cruzeiro real, de cruzeiro real a real, siendo que un real (1994) valiese 2.750.000.000.000 cruzeiros (1985) ). Yo estuve allí cuándo pasó: ir al kiosco a por revistas con pilas de billetes de 100.000 y 500.000 cruzeiros - aún tengo algunos - ; que los taxímetros no mostrasen el precio - sino "unidades taximétricas", siendo que el precio a pagar constaba en una tablita que cambiaba todas las semanas - que hasta para comprar una tostadora te constase el precio en dólares - todo muy gracioso, hasta que te das cuenta que tienes que comprar todo lo que puedas el día 1 del mes - porque tu sueldo no valdrá literalmente para nada el día 10.

La cuestión es que no sólo fue Brasil el que implosionó su economía de esa manera. Argentina hizo más o menos lo mismo con el austral. Lo que fascina de Hugo-go es que aún con la evidencia empírica (que te lo pueden explicar los vecinos, coñe) de que esa es una receta para el desastre, tú vayas y sigas haciendo lo mismo.

Todo ésto no me hace sino confirmar lo que ya tenía claro desde hace años - y ustedes ya saben desde hace tiempo: que el bolivarianismo del siglo XXI que con tanto entusiasmo proclaman los pijopunkis de mi ya ex-facultad es un puñetero pufo y que Hugo Chávez Frías es un Populista Latinoamericano de Toda La Vidarepitiendo, para perjuicio de los venezolanos, las mismas recetas gastadas de siempre.

El populismo es carísimo y conduce, invariablemente, al desastre. Por ese lado, Latinoamérica tiene el camino cerrado. Es la hora de cambiar el chip.

Seguiremos informando.

jueves, 7 de enero de 2010

La cigarra y la hormiga, versión malvada

Ésta semana se ha inaugurado el edificio más alto del mundo, de 828 metros de altura. La megatorre, que supera en más de 300 metros al anterior edificio más alto, estaba pensado para ser la joya de la corona, la guinda en el pastel, de las ambiciones del emir de Dubai, Mohamed al Maktum.

Hagamos un poco de historia. Hasta 1973, lo que hoy son los Emiratos Árabes Unidos eran una aglomeración de países diminutos (a excepción de Abu Dhabi) y poco poblados conocidos como los Estados de la Tregua. Recibían ese nombre porque allá por el siglo XIX habían firmado una serie de tratados con el Reino Unido por los cuáles los ingleses sobornaban a los jefes tribales que los regían a cambio de una pequeña guarnición militar y que no se dedicasen a ese feo vicio que se llama piratería. A finales de los años 60 al Reino Unido se le acabó el dinero para las tonterías (es decir, para el Imperio Británico) y salieron por pies; así que los emiratos en cuestión, para no ser subsumidos en la irrelevancia, decidieron federarse en los Emiratos Árabes Unidos.

Pero no nos engañemos: lo de la federación es muy bonito, pero los EAU los llevan dos familias: los Khalifa, de Abu Dhabi (el emirato más grande, con diferencia) y los Maktum, de Dubai (el segundo emirato más grande). La componenda a la que se llegó fue muy sencilla: el emir de Abu Dhabi sería el presidente de la Federación y el emir de Dubai su primer ministro. Los demás emiratos participarían en el Consejo Federal Nacional (probablemente el parlamento más relajado del mundo) y, básicamente se dedicarían a vivir de las rentas del petróleo que, generosamente, manaba del suelo.

Éste acuerdo parecía complacer a todo el mundo hasta que en 1995 ascendió al trono de Dubai Mohamed al Maktum. Su predecesor y tío, Maktum al Maktum, se complacía llevando una vida confortable, dotando a los dubaitíes de agua potable, colegios y semiesclavos bengalíes para que les hiciesen el trabajo duro (patrón seguido por doquier en la Península Arábiga) y convirtiéndose en el mayor y más prestigioso criador de caballos purasangre de Inglaterra después de la Reina de Inglaterra. Sin embargo, el bueno de Mohamed era joven y ambicioso, y eso de ser el segundo plato de los Emiratos no le parecía suficiente.

Así que todo eso que seguramente hayan oído de "quiero garantizar el bienestar de mi pueblo una vez se agote el petróleo" es una patraña muy bien estudiada. Lo que quería Mohamed al Maktum era ser el califa en lugar de los Khalifa, es decir, convertirse en el mandamás de los Emiratos Árabes Unidos.

Así que tomó la actitud de utilizar el crédito ilimitado que te da residir sobre grandes reservas de petróleo para convertir al polvoriento y olvidado emirato de Dubai en una suerte de Las Vegas a escala global: el lugar donde uno puede ser obscenamente rico sin los inconvenientes de la vida real.

Pronto, día tras día, en la prensa mundial salían noticias de la última excentricidad a ser construida en Dubai, de las cuáles ya sabrán bastante, incluso más que yo.

Mientras, el gobierno de Abu Dhabi creaba la Autoridad de Inversiones de Abu Dhabi, una empresa que se dedicaba a invertir los igualmente absurdos beneficios del petróleo. Háganse una idea: no se sabe - nunca han hecho público - cuánto dinero tienen. En todo caso, sólo las inversiones que se saben le convierten en la segunda mayor entidad del mundo en inversiones, tras el Banco de Japón. Se estima que tienen ahora mismo entre 600 y 750 mil millones de euros (si no les cuadra, prueben a leerlo como 600.000.000.000 euros)

El resultado final era de esperar: la fiesta de la construcción en Dubai se va al traste, paralizada por la falta de crédito - eso te pasa por hipotecar el petróleo que vas a tener - y Abu Dhabi tiene que venir con 10.000 millones de dólares para salvar el trasero del pobre emir Maktum.

Pero los Khalifa, los dueños de Abu Dhabi y de los 10.000 millones, no van a dejar el dinero sin más. Hacen algo tremendamente encantador, que es apagar la colilla del Montecristo Nº 1 en el ojo del jeque Maktum. A cambio del parné, cogen la joya de la corona, la guinda del pastel, el triunfo final de los Maktum, el centro, se mire por donde se mire, del Dubai del milagro, la torre de los 828 metros, y obligan que, el día de su inauguración, su nombre, en letras de oro, sea proclamado a lo largo y ancho del mundo. El nuevo edificio, en lugar de Burj Dubai (o Torre Dubai, en nuestro noble idioma) se llamará Burj Khalifa.

No me digan que no es maravilloso.

Seguiremos informando.



martes, 5 de enero de 2010

Noche de Reyes, o Como gustéis

Las idiosincrasias del regalar hispano hacen que, mientras en casi todas partes el año político empieza el lunes siguiente al Año Nuevo, aquí, por convención, no comienza hasta la Pascua Militar, que es ese evento en el que el Carlangas le come la oreja a los fajinados ("vueshtra labod esh , como siempde, tdemendamente impodtante pada la paz y la segudidad de Eshpaña"), mientras el gobierno en pleno mira, aguanta y espera que termine el show para poder ponerse a currar.

Éste año, como ya viene siendo tan tradicional como el turrón, hay peloteras por las cabalgatas de Reyes. En nuestra bulliciosa capital el problema viene por las cabalgatas en los distritos. Para quién no tenga la suerte - buena o mala - de vivir en Madrid, le explico: Madrid está dividida en veintiún distritos, presididos, cada uno de ellos, por un concejal; la mayoría absoluta del bigotismo permite que los veintiún presidentes de distrito sean del PP, en su inmensa mayoría gentes que estaban relativamente atrás en la lista. Y dado que, como posiblemente ya sepan, el PP madrileño es abrumadoramente esperancista, casi todos los presidentes de junta son más esperancistas que la propia Espe.

Aparte de la cabalgata grande, la que salía por televisión, hay otras cabalgatas de distrito, más pequeñas. Muchas de éstas cabalgatas surgieron en los 60 y 70, cuándo para el ayuntamiento de nuestra ínclita capital la ciudad lindaba al norte con el Paseo de Ronda, al sur con el Manzanares y al este con el Abroñigal - y medio millón de personas malvivían abandonadas en la periferia. En consecuencia, y como con tantas otras cosas, las asociaciones de vecinos se echaron a la espalda la tarea de organizar una cabalgata en el barrio.

Acotación: un día vamos a tener que reconocer de forma más seria y decisiva la aportación a la Transición y a la democracia española en general de las asociaciones de vecinos, puntales y en muchos casos pioneros de la removilización política de España. Sigue el artículo.

Llegó la democracia, el ayuntamiento empezó a ver más lejos que lo que se veía desde la Casa de la Villa y, en la periferia, el ayuntamiento pasó a hacerse cargo de los actos culturales, entre los que se incluían las cabalgatas de Reyes. Pero al tomar el bigotismo la alcaldía de la municipalidad, para los encorbatados y engominados concejales del pepismo una cabalgata organizada por los vecinos quedaba fea y de mal gusto: disfraces hechos en casa, caramelos comprados en la tienda del barrio, que pudiese participar todo el mundo, en un sindiós que probablemente fuese subversivo. Y lo que es peor: exponer a padres e hijos, muchos de ellos del PP, a la carroza de las asociaciones de vecinos, que en muchos casos - ¡horror! - reivindicaba las mejoras que el barrio necesitaba. ¿Cómo podía ser eso posible? ¡Que buenas familias conservadoras puedan ver que en su barrio existen asociaciones políticas! ¡Política! ¡Aquí! ¡En la noche de Reyes!

Así que se pasó a "profesionalizar" las cabalgatas, es decir, subcontratar su realización a alguna empresucha propietaria de un concuñado del concejal, con algún nombre en inglés tipo "Worldwide Events, S.L. " o algo así, echando a patadas a los vecinos, cuya labor tendría que ser la del ciudadano modelo en el Madrid de Alberto Ruiz-Gallardón: mirar, comprar y callar. Afortunadamente, las "viejas" cabalgatas se resistieron a morir y en algunos barrios se celebran cabalgatas alternativas.

Pero, como siempre que hablamos de bigotismo, las grandes ideas pueden ser tranquilamente enviadas al traste por otras grandes ideas mejores. En éste caso, la idea de "profesionalizar" las cabalgatas pasa a un lugar secundario, deglutida por la ola de cristofreaks que han tomado la municipalidad capitalina al asalto, encabezada por la concejala de Familia y Servicios Sociales y señora del Bigote, doña Ana Botella. Para ésta simpática gente, los Reyes Magos, como casi todo, son patrimonio exclusivo de la "familia cristiana", concepto que define, en exclusiva, a un hombre y una mujer de rancia estirpe castellana casados por la Iglesia y que tienen hijos bautizados, comunionados y confirmados, en una vida llevada al compás que definan el Papa, el PP y el Banco Central Europeo.

Así pues, si la simpática muchachada que se declara en contra del aborto en todas las circunstancias - de los que ya he hablado más de lo que mi estómago me permite - quiere montar una carroza en la cabalgata de Chamartín, distrito que es, sin ningún género de dudas, su bastión - el Total Kiko Show del 28 pasado fue allí; el PP ganó allí en las últimas municipales con un 71,4% del voto - ¿quién es la junta municipal de Distrito para oponerse a ésta verdadera muestra de democracia de base?

Una vez más, apropiación de lo público en aras de lo privado; el conservadurismo activo de Esperanza Aguirre en acción. Por favor, no dejen que ésta gente siga pudiendo hacer éstas cosas.

Y dejaré que otros hablen del Baltasar con betún. Yo ya no puedo.

Seguiremos informando.

lunes, 4 de enero de 2010

Utterance, begorrah

El 1 de enero entró en vigor en Irlanda la nueva Defamation Act, o Ley contra la difamación, que sustituye a otra de 1961. Gentes a lo largo y ancho de Europa han saltado en contra de la nueva ley, el último, Ignacio Escolar, en una columna que está muy bien hasta que en la segunda mitad se sale de madre en un curioso espíritu de año nuevo. La reacción viene, naturalmente, porque en tiempos tan conturbados en lo religioso una frase como "se prohibe la blasfemia" viene a simbolizar el paso atrás que Europa da ante la presión de la Segunda Contrarreforma wojtylo-ratzingeriana.

No sé si el redactor de El País (o don Ignacio) se ha dado al trabajo de ir a la página del Oireachtas (el parlamento irlandés) y comparar la nueva ley con la antigua. Probablemente no, pero aquí estoy yo para someterme a éstos masoquismos por ustedes.

Creo que a éstas alturas es innecesario recordarles que Irlanda nunca ha tenido la legislación más avanzada de Europa en materias sociales, precisamente. El nacionalismo irlandés del Fianna Fáil, que ha gobernado en la República durante treinta y siete de los últimos cincuenta años, siempre ha considerado el catolicismo como parte esencial de la nacionalidad irlandesa, y siempre se ha mostrado más que sumiso a las órdenes de Roma.

La prohibición al aborto en Irlanda está incluida en la Constitución por un referéndum en 1983; el divorcio sólo se legalizó en 1996 (¡!)- y tuvo que ser por referéndum, porque también estaba prohibido por la Constitución.

Así pues, no es de extrañar que, hasta el 31 de diciembre del año pasado, si yo me cagaba en Dios por escrito en un texto publicado en la República de Irlanda, podría ser condenado hasta dos años en el trullo o hasta siete de arresto menor.

La nueva ley, de hecho, mejora la anterior, al eliminar la pena de prisión por blasfemia; pero el problema está en dos palabras en el nuevo artículado: "to utter".

"To utter" es, dentro de la sutileza de los verbos anglosajones, un verbo complicado de traducir. Podría decirse que "to utter" es pronunciar la mínima expresión articulada de una palabra: decir algo, aunque por lo bajo.

En 1961 no había televisión en Irlanda, y que alguien pudiese blasfemar en Radio Éireann era tan plausible como que hoy diez cardenales-arzobispos abandonasen el solideo, se pusiesen un vestido largo de lamé y una peluca pelirroja y se presentasen a diario en el Teatro Argentina de Roma como Le principesse de la Chiesa. La nueva ley, en efecto, extiende la prohibición de blasfemar de la prensa a la radio y a la televisión, pero lo hace de manera tan torpe que si hoy un irlandés se martillea en un dedo y se caga en el Santísimo Copón, le pueden caer hasta 25.000 leuros de multa.

Es terrorífico, pero lo peor es que es un progreso; así que no es cuestión de ir, como hace Ignacio Escolar, a decir que por culpa de Ratzinger ésto es Irán y aquí llega la Sharia contra los pecadores de la pradera. Veo francamente dudoso que la ley se aplique en su totalidad, a excepción de algún pobre hombre que se exalte demasiado en The Late Late Show.

En Irlanda, como aquí, es cuestión de tiempo. Y que la inteligencia y la razón se sobrepongan a los embates de la Contrarreforma. Estaremos en ello.

Y seguiremos informando.

Y ahora, Yemen

A quién haya leído "Dune" le sonará ésta historia. Tiene que ver con un desierto impenitente, la lucha por el agua, un choque de culturas y una misteriosa droja nativa, y ahora es noticia. Bienvenidos a Yemen.

La República de Yemen está culturalmente dividida en dos: El sur del país, con capital en Adén, fue colonia británica (el Protectorado de Adén), con lo cuál siempre ha estado más abierto a las influencias extranjeras; de hecho, durante casi veinticinco años, llegó a ser el único país árabe y comunista. El Yemen del norte, a su vez, era la parte más lejana y remota del Imperio otomano, y, como tal, no tenía un gobierno propiamente dicho, sino un conglomerado de tribus (no diré "a lo Lawrence de Arabia" porque era LO de Lawrence de Arabia) cuyo poder llegaba todo lo lejos que le permitiesen sus caballos y sus Enfield. El norte, más grande y poblado, siempre ha ambicionado controlar Adén y su rico comercio, y cuándo en 1990 el sur perdió a sus amiguitos soviéticos, la anexión fue un hecho incontestable, con lo que Yemen pasó a ser de un atrasado conglomerado de tribus a un atrasado conglomerado de tribus un 50% más grande. Obviamente a los del sur ésto no les hace ni pugnetera gracia y, cuándo pueden, se sublevan (la última vez, el año pasado)

Pero al contrario que en los demás conglomerados de tribus que se hacen llamar países en la Península Arábiga, en Yemen ninguna tribu se ha hecho lo suficientemente fuerte para hacerse con la hegemonía y establecer una monarquía absoluta al estilo de sus convecinos, Arabia Saudí y Omán. En consecuencia, tenemos numerosas familias, todas con una inconmensurable ambición de poder, y todas con armas. Bajo éstas circunstancias, y visto que el Yemen del norte siempre ha sido la región más atrasada, y, en consecuencia, más religiosamente fanática, del mundo árabe en general - háganse a la idea - es natural que si alguien que se haga llamar Al-Qaeda ofrece a alguna de éstas familias ayuda ésta no sólo no sea rechazada sino cariñosamente acogida.

Sumemos a la ecuación una planta de la familia de las Celastráceas, Catha edulis, popularmente conocida como qat. El qat es una planta cuyos tallos y hojas frescas son una fuente natural de catinona, cuyos efectos son similares, aunque a una escala ligeramente menor, que las anfetaminas. Para el yemení de a pie el qat tiene dos ventajas fundamentales: primero, produce una acusada reducción del apetito, lo cuál viene bien para no tener que preocuparse con cosas mundanas como el comer; y segundo, el Islam no establece ninguna restricción para su consumo. El qat no es muy popular como droja exportable porque resiste mal el transporte (al secarse las hojas se pierde la catinona) pero en Yemen - y, del otro lado del Mar Rojo, en Etiopía, Eritrea, Somalia y Yibuti, donde es vicio nacional - es extremadamente popular. Los yemeníes mascan qat como en otros sitios se toma café o se fuma tabaco, y el consumo no hace sino aumentar.

El aumento del consumo y las posibilidades de exportación que ofrece el abaratamiento del transporte aéreo - que permite exportar qat a Londres o París, donde se paga bastante mejor que en Yemen - han provocado una explosión en la producción de qat. El problema viene de que cultivar qat, como buena planta tropical, conlleva el uso de muchísima agua - agua que Yemen no tiene. Se calcula que el 40% del agua de riego yemení va a las plantaciones de qat; y el cultivo en los últimos años se ha producido con tan indiscriminado entusiasmo que se ha conseguido agotar el acuífero sobre el que reside la capital del país, con una población alrededor de los dos millones y medio de personas.

No creo que haga falta que les explique cuántos terroristas potenciales hay entre dos millones y medio de yemeníes sedientos, hambrientos y puestos hasta las cejas de una simpática anfeta vegetal.

A éste bonito polvorín sólo le faltaba la pugna ancestral del islam y aquí está. En el siglo IX, una familia, los Zaydíes, justo en la frontera con Arabia Saudí, se habían autoproclamado descendientes del Profeta y establecido un emirato chií - fronterizo con Arabia Saudí, el país más suní del Islam. En 1962 una guerra civil dio para el pelo a los Zaydíes, pero han vuelto, y como siempre que hay chíies involucrados, los sospechosos habituales, Irán a través de Hezbolá, aparecen por cerca. Naturalmente, los saudíes, poco dispuestos a tener un estado chií incitando a la rebelión en su frontera más frágil - la meridional - partieron al ataque, y tras una serie de escaramuzas en las que se demostró que un ejército como el saudí no puede con unos gañanes con Kalashnikovs (tampoco ayuda nombrar a la oficialidad entre los miembros de la familia del sultán) los saudíes han decidido llamar a Papá Oso para que se haga cargo del sarao.

Como ven, tenemos aquí una fiesta de la espuma de lo más cachondo donde se juntan al-Qaeda, los saudíes, los iraníes, los americanos, el qat y el agua potable.

Seguiremos informando. Si podemos.

domingo, 3 de enero de 2010

El futuro - poco a poco

2010 ya. Caramba. Mucha gente se queja de que el futuro no se parece nada al que vimos en las películas: dentro de relativamente poco - porque mira que aún queda - llegaremos a la referencia futurística por excelencia de nuestra generación, que es, como no, el 2015 de Regreso al Futuro II. Y, muchos nos tememos, llegaremos allí sin coches voladores, monopatines a reacción, hologramas públicos - y lo que es peor, sin Michael J. Fox - ya está bastante jodido, el pobre.
Quienes piensan eso no suelen recordar que en 1990 - cuándo en España se estrenó la película - nadie se creería que en un aparato del tamaño de un ratón de campo podrían guardarse 10.000 canciones - y escucharse; o que la mitad de la flota de taxis de Madrid estaría compuesta de coches checoslovacos; o que los madrileños comerían con fruición carne picada y especiada servida con ensalada en un pan de pita.

Sí, amigos, a su manera, poco a poco, el futuro va llegando a nuestras vidas. Y, para un servidor, la evidencia llegó ayer.

Es muy duro ser un ciudadano brasileño en España - sobre todo cuándo se trata de llevar a cabo miserables tareas burocráticas que en Brasil sólo implicarían asomarse a una oficina de correos. Así pues, renovarse el pasaporte - que es algo que debe hacerse cada cinco años - implicaba acercarse al Consulado a las seis de la mañana, agarrarse tres horas y media de cola, rezar para que todos los papeles estuviesen en regla (y eso que vivo en Madrid; imagínense vivir en Vigo, por ejemplo, irse al consulado de Madrid, que es lo que corresponde, y que no se lo puedan hacer porque le falta la partida de nacimiento) y tras el agotador proceso, volver a insistir hasta que por fin llegase el pugnetero papel.

Pues bien, ayer encendí el ordenador, rellené un formulario on-line, y al cabo de diez minutos obtuve un papel que debo entregar en el Consulado - en una cola aparte, que va mucho más deprisa - con una foto 3x4. Y, me informan, en tres semanas estará el bicho (por 90,15 de tasas consulares, ya les vale). Joder, pensé, ¡es el futuro!

Pero no, pensé, porque el pasado siempre vuelve, a recordarnos el mundo que seguimos siendo. En Brasil, votar es obligatorio. Presenté mis papeles para obtener mi título electoral - sin el cuál no se puede renovar ningún documento - y cuándo me presenté en la Casa de Brasil, en la Universitaria, para votar - hará ya cuatro años - no había título alguno a mi nombre. Y concienzudas búsquedas en el Tribunal Superior Electoral me llevan a reconocer que no tengo título de elector. Así que tendré que ir, otra vez, a las seis de la mañana, con todos los papeles, hacer las tres horas de cola, pedir el título, obtener un certificado de que estoy pidiéndolo y, con él, intentar obtener el pasaporte.

¿Coches voladores? Bullshit.

Seguiremos informando.


jueves, 31 de diciembre de 2009

Retrospecter

Un blog es un registro personal - y últimamente no tengo ganas de escribir. Puede decirse que he perdido el sentido de la novedad: en mi opinión, ya he escrito, directa o indirectamente, sobre casi todo lo que sucede ahora mismo, y no me apetece reiterarme, una vez más, en lo cretino que puede llegar a ser el bigotismo y otras barbaridades de las que ya tienen sobrada cuenta en ediciones anteriores. Ésta pachorra tiene una consecuencia indeseada: por uno - salvo que ocurra algo ésta tarde que me obligue a ponerme frente al ordenador - no voy a llegar a la marca de 167 artículos que me puse en 2008.

En 1999, yo acababa de cumplir los 18 - era igual de alto, estaba bastante más delgado y tan torpón como ahora, quizás más. Estaba en mi último año de instituto y llevaba con mi amigo Deivid el periódico Primera Página - notable eufemismo para un fanzine tamaño cuartilla, hecho a puro huevo en Word 97 en un (ya) arcaico 486, impreso en la fotocopiadora del mismo instituto (en una encomiable componenda con el poder establecido que posteriormente me daría algún disgusto). Sinceramente, ahora mismo no me acuerdo de la Nochevieja de 1999; más que probablemente la pasase en casa de mi abuela - como pasaré ésta - pero no recuerdo qué hice después.

Y, desde entonces... montones de cosas. Poniéndome especialmente cínico tocahuevos, podría pensar que, cuándo sea viejecito y tenga nietos (siempre y cuándo mis arterias me lo permitan) les tendría que resumir la década de 2000 como la década que el abuelo se pasó intentando ligar sin conseguirlo (y, conforme sean mayores, podré ir utilizando palabras más soeces) pero es mentira. Sí, en efecto, me he pasado los últimos diez años enamorándome como un cretino de quién no debía (o sí debía, pero en todo caso ellas no tenían la misma opinión), pero han pasado muchas más cosas.

Me veo a mí mismo una tarde de final de verano en mi casa, recopilando un enésimo CD de música, cuándo entró mi madre por la puerta diciendo que una avioneta se había accidentado en Nueva York - pusimos la tele, y horas más tarde, ya de noche, recuerdo perfectamente el momento en el que, al por fin despegarme del televisor, volví a la habitación y encontré el ordenador, aún encendido, como un recordatorio de que el mundo seguía existiendo, a pesar de las anteriores cinco o seis horas.

Me veo en casa, una mañana nubosa de marzo - no había ido a la facultad todavía porque aquél día había huelga de estudiantes, pero pretendía ir a Dadillos más tarde - viendo en la tele pequeña del cuarto las noticias que llegaban desde Madrid. Recuerdo, en medio de la conmoción, recomendar a mi madre que llamase a mi abuela y a mi tía en Brasil, para que supiesen de nosotros antes de que pudiesen encender la tele. Recuerdo cuando, al día siguiente, con todo el mundo todavía en shock, Polo entró en Dadillos y contó un chiste - ahí supe que íbamos a salir de ésta. Me veo con muchos de los que hoy son mis mejores amigos en lo que hoy es un kebab en Plaza España, viendo la lluvia caer tras los cristales - me habían medio convencido de no ir a la manifa, pero la otra mitad de mí estaba ahí, torturándome. Me veo tras una boda, el 13, en Navacerrada, cínico y amargo como pocas veces he estado, diciendo a todo aquél que quisiera oírme que "éstos van a decir que ha sido ETA hasta el lunes por la mañana". Y, hasta el último minuto, creí sinceramente que Acebes y su panda se la conseguirían colar a los españoles.

Me veo a mí mismo, noche cerrada por la Voorschoterlaan vacía, intentando contener las lágrimas mientras buscaba, desesperado, una cabina de teléfono: mi abuelo había sido encontrado muerto, en el apartamento donde vivía solo; siendo Brasil en Carnaval no lo encontraron hasta el miércoles de Ceniza - cuándo los vecinos por fin volvieron a casa y notaron el olor. Y me recuerdo mascullando impotente que nadie se merecía morir de esa manera, menos aún mi abuelo, que con todos sus defectos, siempre había sido una buena persona.

Y, sí, también tengo buenos recuerdos.

Me veo a mí mismo, el 27 de diciembre de 2004, mirando apesadumbrado por la ventana de mi casa, con miedo de que la furgoneta que me recogería para llevarme a la tele - donde, por primera vez en mi vida, aparecería en un concurso - quedase atascada por la impresionante nevada de aquella noche. Recuerdo perfectamente al macarra cretino que se reía de mí a mis espaldas - él se llevaría un bocata de chopped, yo 25.000 euros. Recuerdo intentar sacar una reacción digna a la victoria en fracción de segundos (naturalmente, no lo conseguí). Recuerdo llamar a mi abuelita y decirle que había ganado; y ella, ya de natural desconfiada, más todavía un Día de los Inocentes, no se lo creyó hasta que lo vio por la tele.

Me veo en la Place des Arts, mi primera noche en Montreal, escuchando el primer concierto de Beau Dommage en diez años, sentado al lado de un estanque; recuerdo perfectamente el momento en el que sonó Harmonie du Soir à Chateauguay, y toda la plaza empezó a cantar, en un susurro, y al unísono. Recuerdo el sábado de agosto más glorioso de la historia de Ottawa y como estaba allí para acogerme.

Me veo en el Cabo da Roca, en camiseta corta con un viento que cortaba el alma, pero rodeado de amigos en lo que probablemente es el atardecer más glorioso de Europa.

Me veo en la Plaza Mayor escuchando a Goran Bregović en directo por primera vez, levantando los brazos y riéndome a carcajadas del puro regocijo, para después tener que salir corriendo en pos del último autobús a Villalba - y no llegar.

Veo a mi tía llorando y temblando de emoción cuándo le dijimos que no, que lo de la furgoneta alquilada era mentira, que lo que íbamos era a un crucero por el Mediterráneo.

Y, sí, y por más que no deba y me pese y sea indispensable que lo deje atrás lo antes posible, me veo en una entusiasmada noche de diciembre, recapitulando con el Mech, probablemente por centésima vez, qué clase de mujer estaba buscando, y al terminar la frase, abrir la puerta del Zaratustra, mirar, pestañear, girarme hacia el Mech y susurrar por lo bajo "Una como esa, por ejemplo."

En fin, señores, dejemos los 2000 atrás. Una nueva década por delante, la década en la que cumpliré los 30 y, si Lug así lo quiere, haré algo constructivo con mi vida. En todo caso, sea lo que sea que pase, espero disfrutar, por diez años más, del inconmensurable placer de su amistad.

Feliz año nuevo. Y, en 2010, seguiremos informando.


miércoles, 23 de diciembre de 2009

Volar por los aires

La crisis que ha llevado a Air Comet a dormir el sueño de los injustos, dejando por el camino familias enteras, tanto en su casa como en diversos aeropuertos en un radio de 10.000 kilómetros, no por menos esperada deja de ser sorprendente. Quizás algunos de ustedes me hayan ya oído despotricar del asunto, así que, para los que no lo hayan hecho, o, incluso, para los que lo hayan hecho y no se acuerden, van aquí algunas respuestas a sus preguntas.

Pregunta: ¿Díaz Ferrán tiene la culpa de todo?

Respuesta: Aunque Gerardo Díaz Ferrán, por su presencia en los medios y su boca grande, es la cabeza visible del despropósito de Air Comet, el bueno de don Gerardo no ha hecho negocios en su vida sin la compañía de Gonzalo Pascual. El emporio turístico que ahora se hace llamar grupo Marsans es obra de los dos; así que no hablaré de Díaz Ferrán: hablaré de Los G-Men.

Pregunta : ¿De dónde salió Air Comet?

Respuesta: Los G-Men, como buenos malos de película, siempre han tenido un archirrival: Juan José Hidalgo, un salmantino cejijunto y malencarado que empezó fletando un autobús para llevar a sus colegas de mili y acabó convertido en el empresario turístico más importante de España. A mediados de los 90, Hidalgo se hizo (aún más) rico llevando españoles a manta rumbo a Punta Cana y Varadero (sí, señora, Curro se va al Caribe) a través de su propia compañía aérea. No les resultó muy difícil a los G-Men el considerar que, si Hidalgo podía tener su propia compañía aérea, ellos también.

Había un pequeño problema: fundar una compañía aérea en un país desarrollado (como es, aunque no lo parezca, el nuestro) requiere fantásticas cantidades de dinero: fundamentalmente , aunque no en exclusiva, para pagar aviones con su mantenimiento. Otras empresas hubieran creado un plan de negocio y, a la larga, lo hubieran conseguido, pero los G-Men prefirieron usar métodos más ibéricos.

Aerolíneas Argentinas había sido privatizada por el gobierno de Carlos Saúl "el Gafe" Menem, y vendida a Iberia. Iberia, en aquél tiempo, estaba inmersa en su "estrategia de expansión latinoamericana", que consistía en comprar empresas aéreas sudamericanas (con dinero público, recuerden que por aquél entonces Iberia dependía del INI), hundirlas (sutilmente) y quedarse con las rutas. La primera de sus víctimas había sido Viasa, la línea aérea venezolana: comprada en 1991, quebró estrepitosamente en 1997, dejando en exclusiva para Iberia la rentabilísima línea Madrid - Caracas. Aerolíneas Argentinas (y su igualmente rentable ruta Madrid - Buenos Aires), obviamente, iba a ser la próxima víctima: pero el problema fue que Aerolíneas tenía algo que Viasa no tenía: una tupida red de vuelos nacionales (en Argentina) cuya pervivencia era imprescindible, más desde un punto de vista político (para contentar a los caciques provinciales de los que depende cualquier presidente de Argentina) que económico. En consecuencia, la pelotera que montó el gobierno argentino impidió a Iberia deshacerse de ella a tiempo para la privatización total de la empresa en 2001, con lo que Aerolíneas, junto con otros muertos de nuestro conturbado proceso de privatizaciones, quedó siendo propiedad de la Sociedad Española de Participaciones Industriales. O sea, del Estado.

Naturalmente, el gobierno de Bigotus Máximus, en aquél entonces, repudiaba el concepto de "empresa pública" aún más que el concepto de "pensamiento lógico", con lo que buscó la primera oportunidad para deshacerse de la empresa.

Así que nada mejor que entregársela a unos amigos (los G-Men) con un paquetito de 204 millones de leuros al lado, para endulzar el trato. Y, según la querella por malversación de caudales públicos y falsedad documental que corre, mientras escribo éstas líneas, en el Juzgado de Instrucción nº 35 de Madrid, el testaferro que los G-Men colocaron en Aerolíneas, Antonio Mata, cogió esos 204 millones y, en lugar de sanear Aerolíneas, que era para lo que eran, decidió "invertirlo" en la nueva compañía aérea de los G-Men Air Plus Comet. Ésta nueva empresa empezó a operar con los recursos que Aerolíneas le daba: quitando aviones de la ruta Madrid-Buenos Aires (y dejando en tierra a sus pasajeros en el camino) y enviándolos a Punta Cana, Varadero, e incluso Irak (hay favores que se deben pagar); y con la formación de sus empleados a cargo de empleados de Aerolíneas.

Naturalmente, cuándo los G-Men sacaron de Aerolíneas todo lo que pudieron sacar, tomaron una triple acción: declararon Aerolíneas en suspensión de pagos, echaron a patadas a Mata (para que él, y no ellos, se llevase los subsiguientes marrones), y lanzaron, a bombo y platillo, su nueva aerolínea: Air Comet (entre cuyos destinos estrella estaba, como no, Buenos Aires)

El destino de Aerolíneas era, una vez más, la quiebra, pero en Argentina gobiernan los Kirchner, ejemplo manifiesto de los caciques provinciales que hacen políticamente necesaria a Aerolíneas. Néstor Kirchner es de Río Gallegos, localidad que está a 2.900 kilómetros de Buenos Aires; es del tamaño de Talavera de la Reina y está sustancialmente rodeada de estepa patagónica por casi todos lados. Desde un punto de vista meramente económico, al aeropuerto de Río Gallegos debería volar un avión de unas 60 plazas un par de veces por semana. Aerolíneas opera un 737 (con sus 170 plazas) dos veces al día. Obviamente, nadie (salvo manifiesta intención de perder dinero) se quiso hacer cargo de ésta "necesidad", así que el Estado argentino salió al rescate y renacionalizó Aerolíneas.

Pregunta: ¿Por qué no funcionó Air Comet?

Respuesta: Porque intentó hacer, una vez más, algo que se lleva decenios intentando, sin éxito: implantar el modelo "low cost" a los viajes transatlánticos. El modelo "low cost" implica alta rotabilidad de tripulaciones, rapidez en el mantenimiento, poco tiempo en tierra de los aviones y permanente operatividad de los aeropuertos, ninguna de éstas cosas garantizadas en vuelos a Sudamérica.

Pero más importante que eso es el hecho de que el patrimonio más importante de una aerolínea, más que los aviones, es su reputación. Air Comet fue construida apresuradamente, bajo la férula de una ambición desmedida por llegar y comerse el cotarro; y fue ese apresuramiento lo que le dio reputación, ya a los pocos meses de empezar, de empresa poco fiable. Y, sin prestigio alguno, la única opción posible es ser la opción más barata - y como ya he dicho antes, el "low cost" no funciona en viajes transatlánticos.

Pregunta: ¿Y no podía haber tomado medidas el Ministerio de Fomento?

Respuesta: Como ya expliqué el mes pasado, la legislación española no protege a los viajeros - protege a la industria turística. Las señales de que una empresa aérea va mal - retrasos, cancelaciones sin motivo - van a pilas gigantescas en la Dirección General de Aviación Civil de donde saldrán cuándo las ranas críen pelo. Pero, de todas maneras, al Ministerio de Fomento le importa un pito la solvencia económica de una empresa aérea: si los empleados no cobran, eso es problema del Ministerio de Trabajo; según la DGAC, una empresa puede operar - y en consecuencia, vender billetes - mientras tenga crédito para pagarse el queroseno y el mantenimiento en el día de hoy.

Seguiremos informando.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Pequeño apunte histórico

¿Han oído ustedes hablar de Violet Gibson?

Seguiremos informando.

(r)

El Mercurio, el periódico de cabecera de la alta burguesía de Santiago de Chile, siempre que se refería al golpista dictador Augusto Pinochet Ugarte en sus últimos años, lo nombraba invariablemente como "el general (r)", siendo la r abreviatura de un "retirado" que nunca se creyó nadie, y menos los redactores de El Mercurio.

La sombra de Pinochet pesa sobre los chilenos de tal manera, que aún hoy, veintiún años después de que un plebiscito le echara a patadas del poder y pasados ya tres años de su muerte, la política chilena no esté dividida entre izquierdas y derechas, sino entre pinochetistas y antipinochetistas. Porque, en efecto, la Concertación de Partidos por la Democracia, la coalición que lleva gobernando Chile desde 1989, es heredera directa de la Concertación de Partidos por el No, la fuerza motriz del bando antipinochetista en el plebiscito de 1988. Imagínense lo chunga que debe de ser la cosa para mantener unidos al PDC, miembro de la Internacional Demócrata de Centro junto a partidos como el PP (y fundado en los años 30 con el simpático nombre de Falange Nacional), con toda la izquierda de Chile a excepción del Partido Comunista.

Obviamente, llega un punto de inflexión en el que la derecha quiere catar un poco de poder y decide incorporar algo de pragmatismo a sus campañas. Eso, y el inconfundible aroma del populismo sudamericano de derechas, es lo que ofreció a los chilenos el incontestable ganador de las elecciones de ayer, Sebastián Piñera. Dado que, como sabrán, Chile, junto con Colombia, es el país sudamericano más escorado a la derecha, es una oferta que tiene un notable atractivo.

Mientras, en la Concertación, veinte años de poder pesan, máxime cuándo su oferta ya está más que vista. Está visto que a éstas alturas, los dos pesos pesados dentro de la Concertación, el Partido Demócrata Cristiano y el Partido Socialista, han decidido turnarse, en períodos de diez años (dos mandatos de cinco años) en la presidencia de la República. Y resulta que el PDC no tiene mejor candidato que el que posiblemente fuese el tipo más aburrido que se ha sentado en La Moneda, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, cuyo principal atributo es ser hijo del predecesor y rival de Salvador Allende en las elecciones de 1970, Eduardo Frei Montalva.

Eso ha provocado la escisión del ala izquierda dentro de la Concertación, que se ha aglomerado en torno al joven Marco Enríquez-Ominami, que es todo lo que Frei no es: joven, guapo y ligeramente populista.

En todo caso, la victoria de Piñera en la primera vuelta no garantiza nada en la segunda. La segunda vuelta será lo que han sido las últimas presidenciales chilenas: una pugna bajo la sombra de Pinochet y de su envenenada herencia.

Seguiremos informando.

sábado, 12 de diciembre de 2009

La excusa es nuestra

Me pide Rubiano que comente éste artículo de Público.

Mustafá Kemal, el Padre de los Turcos (que es lo que Atatürk significa) tomó el poder en lo que restaba del definitivamente decadente Imperio Otomano con una premisa muy sencilla: para sobrevivir Turquía debía convertirse en un país moderno (y, como país moderno, entendía en general Francia) aunque fuese a hostias. Es, probablemente, el último, mayor y más incluyente coletazo del concepto napoleónico de Ilustración - el último intento no colonial de transplantar íntegramente la cultura occidental a un país. El experimento tuvo un éxito incontestable - Turquía sobrevivió, fostió convenientemente a los griegos y el país volvió a tirar para arriba.

El problema es que dos vicios inherentes al jacobinismo francés se transplantaron, enteritos, a la nueva República de Turquía. El primero es una incombustible tendencia al autoritarismo personalista, de la que Nicolas Sarkozy es únicamente una pálida sombra: al fin y al cabo, si creas una nación más grande que todo, la tentación de ponerle a la cabeza hombres "a su altura" no puede ser evitada. La segunda es que la creación de una identidad nacional integral desprecia a todas las culturas que, por un casual, pueda haber en dicho país. (Sí, estoy pensando en Rosita la Pastelera.)

Las víctimas más notables del patrioterismo turco son los kurdos. Hasta hace relativamente poco y a pesar de estar claramente diferenciados - sobre todo en el idioma - el gobierno turco no reconocía siquiera la existencia de algo llamado "kurdo". Obviamente, entre los kurdos surgieron algunos iluminados dispuestos a solventar los problemas vía rifle (el PKK, o, como lo llamaban los de Gomaespuma, Partido de los Kurrantes del Kurdistán) a lo que el gobierno turco respondió a su manera, es decir, a través de truculentas componendas entre fuerzas armadas, servicios secretos y crimen organizado que salieron a la luz, paradójicamente, en un accidente de coche.

El sistema electoral turco se parece bastante al nuestro: un sistema proporcional en teoría y mayoritario en la práctica (550 diputados por 81 provincias, elegidos por representación proporcional D'Hondt). Pero como estamos hablando de jacobinos de verdad, para obtener representación parlamentaria un partido debe obtener un 10% (diez por ciento) de los votos... a escala nacional. Para que los no politólogos se hagan a la idea de lo chungo que es ésto, en España el límite es de un 3% a escala provincial: si se aplicase en España los únicos partidos parlamentarios serían PP y PSOE. Los partidos kurdos han sorteado ésta limitación presentando a sus candidatos como independientes - lo cuál les da representación parlamentaria pero les impide cosas como tener grupo parlamentario, participar en comisiones, etcétera. Durante las últimas elecciones, el Partido de la Sociedad Democrática amenazó con presentar "miles" de candidatos independientes, a lo que la Comisión Electoral Nacional respondió, con deliciosa truculencia, "haremos sobres más grandes".

Y, para complementar ésta divertida farsa, el Tribunal Constitucional turco ha ido sistemáticamente prohibiendo todos los partidos nacionalistas kurdos, acusándoles de tener vínculos con el PKK. El último, el Partido de la Sociedad Democrática, miembro observador de la Internacional Socialista. Y el asunto es que es cierto.

El nacionalismo kurdo aún no ha separado de forma tajante, tal como han hecho la mayor parte de los nacionalismos en España, la lucha por sus derechos de los rifles y las pistolas. No me extraña, por otra parte, dado que Turquía no da ninguna facilidad para que el nacionalismo kurdo obtenga expresión por vías democráticas (como sí se hace en España, por más que les pese a los jarraichus). Ésto no legitima de ninguna de las maneras a los asesinos - pero la intransigencia de Ankara aleja las posibilidades de escindir el nacionalismo entre violentos y no violentos, debilitando considerablemente a los primeros.

Y la intransigencia de Ankara tiene ahora una soberbia arma a su favor - y se la hemos dado nosotros. Dando como damos ejemplo de ilegalizar partidos políticos por sus relaciones con los terroristas, cualquier país europeo con menos escrúpulos que nosotros (en éste caso Turquía) puede llamar a alguien terrorista y seguir privando de derechos políticos a una sustanciosa minoría de su población.

Insisto una vez más, y volveré a hacerlo cuántas veces sea necesario: prohibiendo partidos políticos solo echamos una mullida moqueta encima de un problema de fondo: que exista un considerable número de españoles que consideren que pegar tiros en la nuca es una forma legítima de acción política. Y si encima damos excusas para coartar democracias a lo largo y ancho de Europa...pues no me hace sentir mejor, precisamente.

Seguiremos informando.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

Cascotes (XV)

Ahí va la piedra: uno dirá lo que quiera sobre la libertad de la cultura, pero Internet es un lugar maravilloso para un friki como yo. La Hemeroteca Nacional (ese sitio al que siempre he querido ir) está digitalizando su colección. Se han dedicado primero a lo fácil - es decir, la infinidad de periodicuchos que España tuvo en el siglo XIX, para seguir luego con lo difícil, a saber, digitalizar la prensa madrileña del pre-guerra. Comenzaron primero con la prensa dinástica: La Época y El Imparcial, para seguir con el gran panfleto de los carlistas, El Siglo Futuro, para por fin ponerse al ajo: La Correspondencia de España (better known as la Corres), el Heraldo de Madrid y, con lo que estoy ahora que no puedo (y, en consecuencia, sin tiempo para atenderles como se merecen) es con el periódico más prestigioso de España hasta 1939, El Sol, el periódico de la izquierda intelectualizada que El País quiso ser, llegó a ser y ya no es. Con él y con los demás estoy recorriendo, fascinado, la historia de España. Ya les iré contando.

Ahí va la piedra: Artículo de Rosa Díez hoy en El Mundo: "Conmigo que no cuenten". Pues vale. Otro nuevo ejercicio de wishful thinking de Rosita la Pastelera, con la que no cuentan ni para la partida de pocha en su casa.

Ahí va la piedra: ¿A alguien le extraña lo de Grecia? Por Dios, si reconocidamente falsearon las cifras del déficit para entrar en el euro, ¿qué no habrán hecho ahora? El problema, naturalmente, es que nos lo vamos a comer - dudo que el responsable de un fondo de inversión en Greenfields, Wisconsin, sepa reconocer la diferencia entre Grecia y España (ninguna, a mi entender, salvo que los griegos tienen popes)

Seguiremos informando.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Los ignorados

Nuestros vecinos lusitanos tienen un particular interés por sus ex-colonias. Un escritor brasileño, que vivió en Portugal a finales de los 80, criticaba el hecho de que leyendo las noticias en Portugal se supiese más sobre Jonás Savimbi que sobre Helmut Kohl. Los portugueses gastan enormes cantidades de tiempo y energía en incentivar las relaciones de los países lusófonos tanto bi, como multilateralmente. Y a pesar de que Portugal es un mojón, el asunto es que funciona. Fue Portugal la que medió para acabar con las brutales guerras civiles en Angola y Mozambique, y fue Portugal la única voz en Europa contra la ocupación indonesia de Timor Oriental. Hoy, con la manifiesta excepción de Guinea-Bissau, las ex-colonias portuguesas en África, América y Asia son países democráticos que, lenta pero decididamente, avanzan hacia el desarrollo.

Al otro lado de la raya, como saben, la situación es justamente la opuesta. Nuestra ya difunta política colonial - o más bien la falta de ella - nos ha llevado a lo largo del siglo XX a salir literalmente corriendo de donde quiera que estuviésemos asentados. Tanto en el Protectorado de Marruecos, en 1956, como en Guinea, en 1966, firmamos deprisa y corriendo y entregamos las llaves de la casa a cualquiera que quisiese hacerse cargo del tema; en el Sáhara, en 1975, ni siquiera firmamos nada: dejamos las llaves en la puerta y salimos por pies.

El resultado, naturalmente, está ahí para cualquiera que lo quiera ver: Guinea Ecuatorial es un agujero sacado de una novela de Frederick Forsyth (con sus perros de la guerra y todo) y en el caso del Sáhara no hay día en el que no nos froten en la cara las responsabilidades que no queremos asumir.

Y nuestras responsabilidades en el Sáhara consisten en que debemos liderar la mediación entre Marruecos y el Polisario para llegar a una solución negociada. Ni más ni menos.

Pero el hecho incontestable es que preferimos, sin dudarlo, garantizar que el gas argelino llegue a los fogones y a las calderas de los españoles; que el comercio con Marruecos prospere; que Ceuta y Melilla sigan siendo lo que son. Mientras, nos conformamos con traernos a doscientos niños cada año, para que vean lo que es una piscina. Dolorosamente, el impasse nos resulta la mejor opción, y es por eso que por mucho que en la Plaza de la Provincia se empeñen en pasar el mensaje de que "estamos trabajando en ello", la verdad es que por Aminatou Haidar, y por nadie, estamos dispuestos a mover un dedo.

Pragmáticamente, tendría que estar de acuerdo. Pero algo me pesa dentro. Mucho.

Seguiremos informando.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Maestro

Como probablemente no sepan - soy así de gañán publicitando los detalles de mi vida privada - hace un par de semanas fue mi cumpleaños.

Tengo la suerte de que todos mis amigos son gente excelente - y he recibido de ellos enormes muestras de afección y simpatía por las que estoy enormemente agradecido. Es difícil llegar a explicar lo importantes que sois para mí y lo mucho que os aprecio, sobre todo cuándo soy en general tan torpón a la hora de expresar mis sentimientos. Así que, en la medida de lo posible, gracias.

El mejor regalo que he recibido por mi cumpleaños es sin duda el afecto de mis amigos, pero los obsequios recibidos en un plano más material tampoco le van a la zaga. Así, por un lado, gran parte de mis amistades han conspirado para que vista como la persona avanzada y elegante que soy y no como un recién salido de las rebajas de C&A de 2004: de ésta vez he de decir que han tenido un notable éxito, y que pienso llevar sus regalos durante todo el invierno. Mi hermano el Mat me regaló un juego de la PlayStation al que procuro atacar durante mis largos viajes en tren; mis padres y algunos de mis amigos, que saben por dónde van los tiros, me han regalado libros que he procedido a devorar con fruición.

Pero, sin desmerecer a los demás, el regalo que más me ha conmovido ha sido el nuevo blog de mi maestro, el Cuervo Blanco. Como saben si me leen a menudo, mi maestro y yo tenemos la ya establecida costumbre de quedar todos los jueves a comer - generalmente guarreridas de la peor clase, tipo pollo frito - y a hablar durante horas; y al contrario que en los patrones habituales de conversación bohemio-cultureta, solemos empezar primero con las banalidades, para luego embreñarnos en sesudos debates sobre filosofía, política y cultura.

Si normalmente me resulta complicado hablar de mis amigos por miedo a que mis palabras les desmerezcan, cuanto menos hablar del Cuervo. Hace ya un año o más que le trato casi exclusivamente de Maestro o alguna variación o traducción del término, y, al contrario que casi todo en la vida, en éste caso no lo hago de forma baladí. El primer motivo por el cuál lo hago es el evidente: porque, a diario, se esfuerza de forma concienzuda en poder ser oficialmente (y, lo que es más importante desde un punto de vista práctico, poder cobrar por ello) lo que ya es hace tiempo: profesor de Filosofía. El segundo motivo es porque si el grado de admiración que tengo por las personas viene dado por lo que de ellas aprendo, una de las personas a las que más admiro es, precisamente, a Cuervo Blanco - de ahí, lo de Maestro.

Y aprendo de mi amigo doblemente: primero, por su profunda cultura en temas de filosofía y sociología, temas que los que yo, como politólogo educado en el compartimentado mundo de la universidad española (sigh), he tenido y tengo un conocimiento tangencial; segundo, y mucho más importante, por su falta de temor a la hora de confrontar su conocimiento con el mío y con el de cualquiera.

Explicaré ésto de forma cutresalchichera como corresponde a un diletante como es un servidor. Prácticamente toda historia de la filosofía occidental empieza con Sócrates. Si hemos de creer a Platón (y no veo motivo para dudar del Tocho), el genio de Sócrates estuvo en descubrir que el intercambio de ideas, que la confrontación de opiniones, en suma, el diálogo, es la herramienta ideal para llegar a la verdad; el instrumento que llega donde un filósofo solo no puede, porque, en casi cualquier circunstancia, dos cerebros razonan mejor que uno.

Pero para una mayéutica en condiciones, necesitas al menos un Sócrates: alguien que, en éstos tiempos tan conturbados y relativistas donde ningún pensamiento se atreve a ser sólido, no se avergüence de pensar lo que piensa y ponerlo sobre la mesa. Es ese valor que tiene en declararse claramente partidario o adversario de una idea que abre la veda; que me permite declararme a favor o en contra, y construir conjuntamente a partir de ahí. Parece sencillo, pero no lo es; de ahí el mérito. En mi descargo he de decir que ante la apertura socrática de hostilidades intelectuales, un servidor no se ha limitado a hacer lo que los sparrings de Sócrates y Platón, es decir, repetir constantemente "es evidente" y pedir más y más copas de retsina con agua.

Ahora mi maestro, haciendo por fin caso a mis insistentes requerimientos, ha decidido pasar los debates de los jueves por la tarde a Internet. Obviamente, soy el primero en mostrarme entusiasmado. Al principio creo que sólo mis arterias me lo agradecerán. Pero si permanecen atentos a sus pantallas, creo que le sacarán partido.

Seguiremos informando.

viernes, 27 de noviembre de 2009

Feijoada Completa




Mujer
Te va a gustar
Estoy llevando a unos amigos para charlar
Vienen con un hambre que ni me cuentes
Vienen con una sed de antes de ayer
Salta cerveza estúpidamente helada para un batallón
Y echémosle más agua a los frijoles

Mujer
No te acalores
Ni hay que poner la mesa ni hacer sitio
Pon los platos en el suelo y el suelo está puesto
Y prepara unos choricitos de aperitivo
Cachaça, azúcar, un cubo de hielo, limas
Y echémosle más agua a los frijoles

Mujer
Vas a freír
Un montón de torreznos para acompañar
Arroz blanco, farofa y pimienta picante
Naranjas bahía o seleta
Echa la longaniza, la cecina, el tocino en el calderón
Y echémosle más agua a los frijoles

Mujer
Tras echarle la sal
Haz un buen sofrito, para que tome cuerpo
Aprovecha la grasa de la sartén
Para darle mejor sabor a la col rehogada
Di que no tienes un chavo, pásale la factura a nuestro hermano
Y echémosle más agua a los frijoles


Aquí no hay mujer a quién encargárselo; se encarga un servidor. Si caben, nos vemos allí mañana. Si por desgracia no, a partir de las 23 horas de mañana estaremos en La Parada de los Monstruos (calle del Castillo, 19 - Iglesia (L1)

Seguiremos informando.


lunes, 23 de noviembre de 2009

Cateto a babor

Mis obligaciones laborales me obligan/permiten (táchese según la indignación pertinente) tener acceso a El Mundo todas las mañanas. Normalmente - dentro de mi habitual política de evitar actitudes masoquistas en tanto en cuánto me sea posible - mi relación con el panfleto del Calvorota se resume en: mirar la portada - deslizar el dedo bajo la portada - leer el chiste de Ricardo (en mi modesta opinión el mejor caricaturista editorial de España) - cerrar el periódico para no volver. El problema es que el chiste de Ricardo está bajo el editorial, y, las más veces, no puedo dejar de mirar el titular de la última felípica (sic) de Pedro J.

La de hoy complementa a un titular de portada: "La seguridad privada cuesta a los atuneros medio millón al mes". Lo que indigna abiertamente al bisoñé más poderoso de España, que truena desde el editorial: "Mejor infantes de Marina en los pesqueros".

Con dos cojones.

Primero, porque habló el hombre que aplaude con las orejas el que Esperanza Aguirre propugne que becarios subcontratados se encarguen de la atención sanitaria primaria en Madrid porque resulta más eficiente y menos gravoso para el contribuyente (en ambos casos, falso)

Y, segundo, porque riza el rizo de una actitud cada vez más exacerbada en el conservadurismo hispano (tanto el nuevo como el arcaico) que exige ruidosamente la intervención estrepitosa del Estado (y, se sobreentiende, de las Fuerzas Armadas) cada vez que un país, a su entender, "inferior", se atreve a oponerse a los Sacrosantos Intereses de España.

Hasta ahora, las víctimas preferidas de este neocolonialismo mediático eran los regímenes populistas latinoamericanos, léase, Venezuela y Bolivia. Innecesario es recordarles el poco disimulado racismo que exudó la COPE durante los meses que siguieron a la elección de Evo Morales, máxime cuándo empezó a ponerse en contra de Repsol (siempre un generoso patrocinador)

Pero ahora, con la crisis del Alakrana, han tenido la oportunidad de encontrar un enemigo mejor (por más negro), un chivo expiatorio para resucitar las glorias de Lepanto y el Gurugú: ¿qué mejor triunfo para España que ejecutar a una veintena de negros muertos de hambre? ¿Qué hubiese costado mandar a los GEOs a asaltar el barco a sangre y fuego? ¿Qué hubiesen sido dos o tres marineros muertos a cambio del orgullo impoluto de España?

Pues no, señora, por varias razones.

La primera es que sentaría un peligroso precedente: España sería uno de los países dispuestos a utilizar a sus fuerzas armadas en defensa de intereses económicos privados en Ultramar. Que yo sepa, ésto sólo lo hacen cuatro países en el mundo: Estados Unidos, Francia, Australia y Nueva Zelanda, y en éstos dos últimos casos únicamente contra países cuya principal arma de defensa en caso de invasión es lanzar raíces de taro.

Como imaginarán, ésto no hace a éstos cuatro países muy simpáticos allá doquiera que vayan. Dado que es innecesario ejemplificar el caso estadounidense, les recuerdo como les fue a los franceses hará unos años en Costa de Marfil. Dado que una de las mejores armas con las que cuenta el Ejército español es que somos un país que cae generalmente bien (a excepción de Kosovo), el hecho de que nos pongamos en plan Rambo a salvaguardar a empresas cuyas actividades de Ultramar son, en muchos casos, como poco éticamente discutibles, pueden convertir al soldadito español que normalmente es reconocido por gritos de "Rial Madrid, Rial Madrid" (o "Barça, Barça", dependiendo de la temporada de cada cuál) y preferido para partiditos de fúmbo, en un personaje menos simpático y, en consecuencia, más en peligro.

Pero es que, además, utilizar las Fuerzas Armadas es tremendamente costoso. Si los infantes de marina se pusiesen a custodiar pesqueros, como clama Pedro J. en aras del orgullo nacional de España, ese medio millón - convertido por obra y gracia del Espíritu Santo y de la que es la segunda administración pública más opaca de España tras la Casa del Rey en, probablemente , uno o dos millones de euros - dejarían de pesarle al ya de por sí estresado bolsillo del armador (estresado por el peso del oro rojo que es el atún) y le pesarían... ¿a que no lo adivina? Pues sí, señora: a usted.

Poner lo público al servicio de lo privado, y no al revés: la nueva - y vieja - teoría económica de la derecha. Por mí, yo diría que no.

Seguiremos informando.