miércoles, 4 de noviembre de 2009

Fumboladas

España es España: hacemos una ley para permitir atraer talento (asquerosamente) bien remunerado y los únicos que lo aprovechan son los clubes de fúmbo.

En consecuencia, cuándo el Gobierno anuncia que, ya que estamos apretando el cinturón a todo el mundo, no está bien que Cristiano Ronaldo tribute al mismo nivel que yo, los clubes de fúmbo - y, en inmediata seguidilla, todos los paniaguados que se ganan el jornal alabando las glorias del mercado fúmbolístico patrio - salen diciendo que qué mierda de Gobierno, primero quitándonos el pan y luego quitándonos el circo.

Los clubes de fútbol son instituciones poderosas en España. Permiten a quiénes los manejan tratar con gente influyente, lo cuál es la clave para ganar más negocios. De hecho, hay presidentes de clubes de fútbol a los que el fútbol les importa un carajo (que se lo pregunten a los del Atleti) Aparte, dan acceso a una prensa acrítica y displicente siempre dispuesta a darte cinco minutos (¡!) para decir lo que te venga en gana.

Si a eso le sumamos una Federación de Fútbol tan obviamente corrupta que está dispuesta a cualquier cosa por hacerte feliz (la Copa del Rey, expresamente diseñada para que ganen los equipos de Primera, es un ejemplo obvio) no es de extrañar que cuándo salga alguien que intenta ponerte algo de coto, salten como fieras ardiendo.

Como bien dice aquí el señor Lüzbel, el problema está en la Liga, que en lugar de administrar el sistema para que puedan ganar todos - con los derechos de televisión, por ejemplo - prefiere seguir con el tan ibérico sistema del Big Cortijo.

Hay muchas cosas que necesitan cambiar. ¿Sugerencias?

Seguiremos informando.

Ars Gratia Artis

La encantadora Dixie Daisy prácticamente me obliga a hacer algunas anotaciones acerca de la cultura en general y el mercado de la cultura en particular.

Para empezar, un apunte terminológico: siempre he sido reticente a la expresión "bien cultural"; implica una mercantilización excesiva de la cultura. Prefiero utilizar un término peliagudo: "conocimiento", aunque soy consciente de que puede ser excesivamente confuso. Entiendo como conocimiento cualquier fruto del pensamiento y de la acción humana que tenga éstas dos características: (1) su mera existencia ha de suponer(o, en mis días bien intencionados, ha de intentar suponer)un acto de superación con respecto a todo lo que se ha hecho anteriormente y (2) no tenga un propósito, sea expreso o sobreentendido, de damnificar físicamente a uno o más seres humanos. Como se puede ver es una definición sorprendentemente amplia (y, en consecuencia, comprendo que muchos prefieran concretizar más) que no solo incluye cosas como la Pasión según San Mateo de Bach, la Poética de Aristóteles o la Maja Desnuda, sino también cosas como el pulpo à feira o la folha-seca.

Axioma: el conocimiento siempre se extiende. Los templos de Amon-Ra, los Misterios de Eleusis, la Academia de Platón, la Ciudad del Vaticano, todos han pretendido guardar el misterio del conocimiento, pero a la larga los misterios siempre acaban siendo revelados. La vulgarización, o popularización del conocimiento esotérico (entendiendo como tal aquél que pretendía ser privilegio de unos pocos, no es que me haya convertido en Rappel) también se nota en otras facetas del arte. Los más sagrados cantos de la cristiandad acabaron siendo incluidos en motetes profanos del siglo XIV; las armonías creadas para los reyes por los músicos de cámara pasaron en cincuenta años de los palacios a las tabernas, tocados en chirimías; Velázquez y Picasso se venden en colorido offset en las tiendas de regalos.

Dos son los conflictos que se presentan a aquél que pretende crear conocimiento. Primero, el hecho de que todos pretendemos que nuestra obra tenga valor en general y valor material en particular; segundo, el hecho de que crear conocimiento es costoso: si uno dedica doce horas al día a escribir, componer o dibujar, normalmente uno tiene tiempo para hacer otra cosa y todos tenemos ese nefasto vicio que es comer.

Ante lo primero, haría una distinción: el precio del producto realizado y el valor del conocimiento existente en ese producto. Un producto es un elemento negociable en una sociedad capitalista y como producto realizado debe de ser tratado; es decir, un lienzo, un libro, un disco, cosas físicas y tangibles, tienen un precio inherente marcado por el mercado. Lo segundo, por otra parte, es abiertamente subjetivo, por lo que el valor material debe, necesariamente, ser subjetivo. En consecuencia, soy de la muy polémica opinión de que, desde un punto de vista político-administrativo, el valor del conocimiento debe de ser cero; si luego, en una sociedad capitalista, el mercado quiere dar valor material (o sea, poner precio) a ese conocimiento, compete al mercado dárselo. En consecuencia, si alguien, con un propósito no comercial, desea hacer una reproducción de ese conocimiento, debe poder hacerlo sin injerencia del Estado.

Porque el Estado, por encima del derecho a la propiedad privada, tiene la obligación de permitir que sus ciudadanos tengan la mejor educación posible, y eso incluye garantizar el acceso de los ciudadanos a la mayor cantidad de conocimiento posible. Y que conste que no estoy siendo salvajemente comunista; simplemente estoy llevando a rajatabla el artículo 128.1 de la Constitución, que reza:
1. Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general.
Niéguenme que no es de interés general que los españoles puedan tener acceso libre y desimpedido a todo el conocimiento que pueda llegar a sus manos.

Antes de lanzaros como bestias, paciencia, artistas míos, que ahora voy con el punto dos.

La cultura de masas es un fruto de la modernidad capitalista. El mercado ha creado todos los fenómenos de masas de los últimos ciento cincuenta años, y se le da bastante bien.

Por otra parte, soy de la opinión de que es obligación del Estado el ayudar a crear conocimiento.

Soy plenamente favorable a una política de becas que supere las limitaciones del conocimiento industrial de masas y permita cubrir del todo el amplísimo espectro de la creación de conocimiento, garantizando que el creador de conocimiento tenga unas condiciones básicas de vida, y dedicándose a rellenar los huecos que el mercado capitalista no puede cumplir.

Pongamos por ejemplo el cine. No soy favorable al "apoyo al cine español" tal como lo entendemos hoy, a saber, dinero público para casi cualquier cosa, incluyendo el autobombo desaforado y Cuándo amanece, apetece. Yo apoyaría, en su lugar, la creación de un equivalente a la NFB canadiense, cuyos objetivos están mucho mejor definidos: crear películas que, por su formato, contenido polémico o nivel de experimentalidad, no conseguirían dinero de ninguna otra manera.

Puede argumentarse que esa perspectiva implica dejar la cultura popular íntegramente en manos del capital: que el Estado se dedica a financiar iniciativas que solo pueden interesar a la élite, mientras que José Javier Vázquez gana un premio Ondas.

Como demócrata que soy, para mí ésto es lo que hay: las personas adultas son libres de hacer lo que bien entiendan con su tiempo; el Estado únicamente debe garantizar el acceso. Pero a los extraentusiastas les recuerdo que nunca ha funcionado el intento de imponer la cultura de élite a las masas: la URSS ponía dosis macizas de ballet y Stravinsky en televisión, pero aún así cuándo fue Paul McCartney a la plaza Roja faltó sitio.

Quizás les haya confundido con mi falta de precisión terminológica, pero creo que me he hecho entender...bastante mal.

Seguiremos informando.


martes, 3 de noviembre de 2009

Cascotes (XIV)

Primer cascote:

Está debajo de debajo de debajo de las noticias de portada de El País, pero créame, señora, es noticia: el Constitucional checo ha echado abajo el recurso contra el Tratado de Lisboa presentado por un grupo de senadores.

El Tratado de Lisboa es un engendro, un constructo hecho tarde, mal y a rastras para consolidar las instituciones europeas (hasta ahora repartidas entre literalmente chiquicientas instituciones distintas) en una gran mole consolidada llamada Unión Europea. Al contrario que la Constitución Europea, creada por inspiración francesa para unificar y complicar simplificando (no es un oxímoron: es Giscard D'Estaing) el Tratado de Lisboa es una típica componenda europea: un aparateo para permitir que los de siempre (a saber, Francia y Alemania) puedan seguir llevando el cotarro de una Europa de veintinueve países.

En contra estaban los de siempre: los británicos, Pili y Mili Kacynski y, de quién tratamos ahora, el mítico Vaclav Klaus.

Como saben, los checoslovacos llevaron su Revolución de Terciopelo de forma bastante cívica, con gente brillante como Vaclav Havel a la cabeza. Pero una vez llegaron las elecciones democráticas, los nacional-populistas dominaron el cotarro, tanto en la República Checa como en Eslovaquia. Vaclav Klaus es un ejemplo de libro de nacional-populista: anticomunista (entendiendo por comunismo cualquier cosa a su izquierda, que es mucho) euroescéptico y negacionista del cambio climático (¿a quién no saben quién edita sus libros en España?) El bueno de don Wenceslao se ha pasado los últimos años intentando poner palos en las ruedas al proceso de integración europea - y ahora que es Presidente de la República Checa, puede: sin firma no hay ratificación, y sin ratificación no hay puñetero Tratado de Lisboa.

La excusa oficial es que quiere evitar que los alemanes puedan poner demandas en el nuevo Tribunal Europeo de Justicia para reclamar tierras incautadas a los sudetes; la excusa oficiosa es por tocar los cojones.

El problema que tiene ahora es que es esclavo de sus palabras: dijo a principios del año pasado que si él era el último obstáculo a la ratificación del tratado, no sería él el que lo bloquearía. Obviamente, ha esperado a que, efectivamente, fuese él mismo el último obstáculo - tras la decisión de hoy, ya lo es: los otros 26 países de la UE ya han firmado -pero ahora queda la duda de si, ahora que está todo Dios mirando, Vaclav Klaus no aprovechará la oportunidad para seguir haciendo el payaso.

Segundo cascote:

Rubiano me pasa un enlace diciendo que la Biblioteca Nacional se ha negado a que Google digitalice sus libros, diciendo que ya tiene un acuerdo de digitalización con Telefónica.

Leyendo la noticia completa tampoco es para tanto: la digitalización, a la larga, se va a producir, y no descartan un acuerdo con Google Books para disponibilizar la colección digital.

Lo que jode es saber que probablemente el procedimiento de Google va a ser mucho más rápido, mucho más barato y va a tener una interfaz más intuitiva en comparación con los procedimientos de digitalización de la BN: sólo con ver la interfaz de la Hemeroteca Nacional digitalizada, que parece diseñada para Netscape Communicator, te dan ganas de pegar a alguien.

Seguiremos informando.


lunes, 2 de noviembre de 2009

Quién tenga estómago que lo estomague

El Líder Opositor con el Nombre Más Divertido, Abdulá Abdulá, renunció éste fin de semana a ser candidato en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales afganas. En consecuencia, la Comisión Electoral Central ha proclamado a Hamid Karzai presidente de Afganistán por defecto.

Abdulá Abdulá pasó a la segunda vuelta de las presidenciales una vez que no pudo disimularse de ninguna de las maneras el fraude masivo cometido por Karzai. Cuándo empezaron a circular los informes de colegios electorales cerrados donde 13.500 personas habían votado (por Karzai), en Occidente llamaron por teléfono al magnate de la capa indicándole que se ponderase un poco, así que éste llamó a sus secuaces en la comisión electoral, se cocinó un resultado aceptable (49,67% para Karzai) y se puso rumbo a una segunda vuelta donde el fraude sería igual de rampante que en la primera, eso sí, con más sutileza.

Y visto que nadie en la ISAF está dispuesto a mover una uña para evitar el fraude (bastante tienen con evitar que les maten) Abdulá Abdulá ha decidido, finalmente, que no vale la pena seguir la farsa, privándose así de convertirse en el Segundo Presidente de Nombre Más Divertido (el primero, naturalmente, es el Presidente de Indonesia)

Occidente ha intervenido en Afganistán por dos motivos: primero, en un acto propagandístico de venganza por parte de los Estados Unidos (recuerden lo de Justicia Infinita) y, segundo, para evitar un posible efecto dominó fundamentalista por toda Asia Central.

Lo primero era imposible de lograr y no se ha logrado; lo único que podía curar el 11-S es el tiempo y en ello estamos. Lo segundo ha resultado un fracaso notable: la pieza más probable del tal efecto dominó sería Pakistán y, como hemos podido ver en los últimos días, fuerte lo que se dice fuerte no está.

Es indudable que, con respecto a la sanguinaria teocracia talibán, la actual cleptocracia oligárquica y tribal afgana es una mejora, pero, naturalmente, en la medida que un balazo en la pierna es mejor que un balazo en la boca.

Es la hora de salir por piernas de ahí.

Seguiremos informando.

viernes, 30 de octubre de 2009

El PP como religión

De piedra me quedo con la siguiente noticia: A la hora de solicitar ayudas a la vivienda en la Comunidad Valenciana, los embriones contarán como hijos. Al parecer la iniciativa es del übercatólico Juan Cotino, vicepresidente de la Generalitat y Director General de la Policía en tiempos de Bigotus Máximus.

Uno puede englobar la afición del PPCV por la teocracia dentro de la adopción por parte de un buen trozo de la militancia bigotista de los nuevos valores que la Contrarreforma wojtyliana-ratzingeriana impone desde Roma: a saber, una adhesión fervorosa e incondicional a la santísima trinidad de no al aborto, no al condón y sí al merchandising. Es un desarrollo lógico que igualmente tiene sus adeptos en la calle Génova, el más ruidoso de ellos Jaime Mayor Oreja.

Es problemático, naturalmente, porque los ultracatólicos, a pesar de ser pocos y llevarse a la perra, son tremendamente ruidosos; y el PP, como sabemos, es un partido que se mueve al son de los que le sacuden - en honor a la verdad, el PSOE funciona prácticamente igual, aunque menos.

Pero lo de la nueva ley puede explicarse igualmente de otra forma: ante el desprestigio absoluto del Partido Popular de la Comunidad Valenciana en el ámbito cívico, o dicho de otra manera, ante la completa ausencia de motivos racionales para votar otra vez a Francisco Camps y a sus secuaces, el bigotismo levantino ha decidido recurrir a convertirse en una religión, una secta donde sólo ellos tienen la verdad y todos están contra ellos, un ámbito donde solo tienen lugar los fieles más cerriles.

¿Y dónde sino encontrarlos que entre las saltitantes multitudes de curosos? Total, si ésta gente puede creer que el PSOE intenta establecer puestos de trituración de fetos por las esquinas, ¿por qué no creer que Francisco Camps es un hombre honrado?

Seguiremos informando.


El fin de semana es sagrado

Imagínense al repelente niño Vicente que le pillan con la mano dentro del bote de las galletas. Maldición, vienen visitas; "Niño, a la habitación", dicen los turbados padres ante la catástrofe que se avecina. Y resulta que veinte minutos más tarde, en mitad del té con pastas, el niño sale de la habitación, en calzoncillos, con el bote de galletas en la mano diciendo a voz en grito: "¡Pero si me dijísteis que podía comer galletas! ¿Por qué me habéis encerrado? ¿Cuándo vais a pedirme perdón?"

A Ricardo Costa le ha llovido exactamente lo que le llovería al niño coñón: un sopapo que le ha dejado en Cuenca. Los problemas del PP pueden resumirse en dos: primero, que en el partido han aparecido súbitamente una serie de niños coñones capaces de subirse literalmente a las barbas de sus padres; segundo, que el líder bigotista adopta un planteamiento de educación moderna y prefiere tibias reprimendas, cuándo lo que requiere la psique tradicional del partido es fostiar sin contemplaciones al que le ose chistar al Amado Líder.

Y lo que es peor, en el Partido Popular parece triunfar un planteamiento que cualquier persona que haya visto El Ala Oeste de la Casa Blanca sabe que es mentira: que la política tiene un horario de oficina, de nueve a cinco, y que los problemas pueden esperar, apilados en una bandeja, a que el lunes por la mañana, tras un café calentito y un buen puro (y unas tostadas con manteca colorá para Arias Cañete), uno pueda enfrentarse a ellos.

Como bien sabemos, la realidad funciona de otra forma: lo que parecía un problemilla sin importancia un viernes a las tres, si se deja sin tratar, generalmente se convierte en un troll de seis toneladas de peso cuándo nos volvemos a enfrentar con el tema el lunes.

El problema aquí es que Rajoy no ha escarmentado: hace cuatro semanas, el PP ya echó a Costa, pero éste se fue de vacaciones; en lugar de ir a dónde quiera que estuviese con un coche de alquiler y un chófer (y dos o tres sicarios gallegos por si hubiera problemas) Rajoy prefirió seguir el ejemplo de su subordinado y dejarlo para otro día. Así le ha ido.

Ahora corren las voces de que Rajoy intentará resolver todo ésto para el martes y dimitir si no lo ha conseguido. La verdad, con todo lo que ha pasado, con tanta gente lanzandole cerbatanas impregnadas de curare, siendo abiertamente cuestionado cuándo no ridiculizado por los que supuestamente debían ser sus aliados, no entiendo qué le ha llevado a esperar tanto.

Pero eso sí, el martes. El fin de semana es sagrado.

Seguiremos informando.

jueves, 29 de octubre de 2009

Santos para un infierno

El caso de corrupción de Santa Coloma de Gramenet ha permitido que en la prensa conservadora saquen los rifles y vuelvan a apuntar a la, según ellos, sempiterna corrupción socialista. Y en la desconcertada prensa de izquierdas se vuelve al habitual debate: que si todos los políticos son iguales, que no se salva ninguno, etcétera, etcétera.

La declaración del presidente Montilla ayer apunta en ese sentido. Es un texto admirable, que suscribo plenamente, y que impulsa a algunas reflexiones.

No me volveré a extender en el papel que debe tener la política; es algo que sobre lo que ya he hablado suficientemente en los últimos meses, aquí y aquí.

En cualquier institución, pública o privada, la corrupción tiene un doble efecto: primero, incentiva a más corrupción (total, si roba éste, por qué no yo); y segundo, asquea primero y desanima después a aquellos que sí son honrados.

El primer efecto es el más grave a corto y medio plazo, pero el segundo es el más grave a largo plazo y el más difícil de quitar. Al fin y al cabo, existen mecanismos para castigar la corrupción, pero la desilusión de la gente honrada es mucho más indeleble. En muchísimos casos, la desilusión se hace tan generalizada y tan permanente que la honradez se convierte en desprestigio: "El que no llora no mama / y el que no afana es un gil", que escribió Discépolo.

El problema es que la corrupción no está tan generalizada como nos podemos ver tentados a creer por la sabiduría popular.

Ésto puede llegar a ser reconocible en, por ejemplo, nuestros puestos de trabajo - donde invariablemente hay una o dos personas con un rostro del tamaño del Monte Rushmore, pero que, en la inmensa mayoría de los casos, son los menos - pero no en la política.

Y ésto es porque los políticos tienen, en principio, mayores expectativas que satisfacer que el subdirector comercial de turno. Cuánto mayores las expectativas, mayores las decepciones - mayor y más prolongado el desprestigio. Cada nuevo caso de corrupción acumula con el anterior, con el anterior y con el anterior, y así sucesivamente.

Si a ésto le sumamos el sustrato de desprestigio de la política heredado del franquismo y sobre el que tantas veces he hablado, deriva en que la imagen pública que tiene la ciudadanía de la política en general es la de un erial hediondo donde no hay nada que salga limpio.

Y no podemos pedir milagros. Si insistimos constantemente en que ser político, o estar metido en política, es automáticamente ser un imbécil o un canalla, disuadimos de tal manera a la gente que pueda estar interesada en ponerse a disposición de la ciudadanía para mejorar la vida de todos (que, al fin y al cabo, es lo que viene a ser la política) que, al final, los únicos interesados en política son, efectivamente, los imbéciles y los canallas.

Es más difícil aún si recordamos que, en democracia, es muy difícil que nadie te agradezca nada. A ojos de la ciudadanía en general, para sus políticos/as, el cielo es el límite - y casi nadie llega al cielo. Hay que asumir que si vas a dedicarte a trabajar para los demás, el 99,5% de lo que te vas a llevar de boca de otros son palos.

Necesitamos gente altruista, desinteresada y generosa - y, no, no tiene que ver con el partido político. Y sólo podremos convencerles de que vale la pena si damos ejemplo, cada día, de que se pueden hacer las cosas bien. Y cuesta cien veces más que hacer las cosas mal.

¿Quién ha dicho que fuese fácil?

Seguiremos informando.

No se irá sin ruido

La crisis de Caja Madrid viene derivada de un hecho incontestable: el populismo, especialidad de los dos líderes bigotistas capitalinos, es electoralmente muy rentable pero invariablemente resulta muy caro.

En los años de vacas gordas, las transferencias por parte del Estado (esas que paga usted con el IRPF, señora) permitieron tanto a Gallardón como a Espe dedicarse a lo que más les gusta hacer, a saber, orgías de gasto a su mayor gloria: soterrar la M-30, construir el metro a San Sebastián de los Reyes y repartir parné entre los amigotes a través de festivales de flamenco sobrepreciados.

El problema es que, cuándo la economía global se fue al traste, la fuente se secó y el dinero dejó de correr. Albertito Mediabarba intentó solventar el problema de la forma que lleva haciendo durante todo su mandato: pidiendo prestado y cargando el mochuelo de la deuda al pobre pringado que sea alcalde tras él (y a todos sus sucesores hasta 2070, aproximadamente.) Naturalmente, es que a éstas alturas, tras casi 8.000 millones de euros a deber (unos 3.000 euros por cada madrileño) al Ayuntamiento de Madrid no le presta dinero ninguna institución seria, lo que obligaría a la municipalidad a embarcarse en el turbulento mundo de la usura. Y Albertito lo hubiera hecho, si no fuese por el pequeño inconveniente de que el Tribunal de Cuentas ha prohibido al ayuntamiento endeudarse más. En consecuencia, con el mero fin de pagar facturas e intereses de la deuda, es decir, sobrevivir, el municipio no ha tenido otro remedio que cascar la serie de impuestazos (tasa de basuras, subida del IBI, parquímetros, etc.) que habrán visto en la prensa. Aún así, el peñasco de deuda que el ayuntamiento de Madrid lleva encima es tan gordo, que tarde o temprano será inevitable renegociar la deuda.

Y quién cortará el bacalao de dicha renegociación será, probablemente, Caja Madrid, que habitualmente es el mayor deudor de los ayuntamientos matritenses. En la Caja Madrid regida por Miguel Blesa esa renegociación no hubiese sido mayor inconveniente; al fin y al cabo, qué son unos miles de millones de euros entre amigos.

La crisis viene derivada de que Esperanza Aguirre Gil de Biedma tiene prácticamente los mismos problemas que Albertito (muchas de las empresas fachada que creó para financiar el Metro han sido obligadas a cerrar por el Tribunal de Cuentas), pero con un plus: gran parte de la imagen de marca que la Condesa Cardada se ha creado a si misma y que tan lejos le ha llevado dentro de la pugna por el trono bigotista viene definida por la supuesta alergia que la Lideresa tiene a los impuestos: para Espe, subir o volver a imponer impuestos no es una opción a considerar, máxime cuándo su discurso antisocialista y neoliberal viene marcado por, supuestamente, una impoluta reputación de enemiga de las "cargas fiscales" a los ciudadanos.

La conclusión es obvia: para evitar una crisis fiscal en la comunidad más rica del país, Espe necesita más dinero y con mucha más urgencia. Y sólo tiene un sitio de dónde sacarlo.

Es por eso que, aprovechando que es la Comunidad de Madrid que tiene la competencia sobre sus cajas de ahorro, ha utilizado su rodillo dentro del partido y la Asamblea de Madrid para sacarse de la manga una Ley de Cajas que amplia el poder de la Comunidad en las cajas de Madrid (es decir, en la Caja de Madrid) repartiendo gran parte del poder que tenía antes el ayuntamiento de Madrid entre el resto de ayuntamientos de la región.

Y es que aquí llega el punto: si el bigotismo fuese un partido bien avenido y existiese ese espíritu de Copenhague en el que Espe y Albertito se dan besitos en la mejilla, éste chanchulleo con el dinero de millones de personas (entre otros, yo) no tendría mayor inconveniente: Caja Madrid se come con patatas las pérdidas de cada cuál y a seguir la fiesta de la espuma.

Pero Alberto Ruiz-Gallardón, que no es en absoluto idiota, comprende perfectamente que si Espe se hace con el poder en Caja Madrid lo primero que hará será cortarle el grifo de la renegociación para acabar con él de una puñetera vez: sin renegociación, Alberto Ruiz-Gallardón quedaría como el primer alcalde de Madrid desde hace siglos que se las compone para quebrar el ayuntamiento de la capital de España. Es cierto que el Mediabarba ha salido indemne de muchas catástrofes, pero es indudable que tras un desastre de ese calibre, su carrera política estaría acabada del todo - miel sobre hojuelas para la Condesa Cardada.

En el 13 de rue de Gênes, naturalmente, están igualmente aterrados con la perspectiva de una Espe con la llave de la caja. Primero, porque hundir a Gallardón es hundir un poco más la imagen del PP como administrador competente (para Espe y sus secuaces Gallardón es un criptosocialista, pero para el resto de los españoles sigue siendo del PP y como tal lo entenderán si el ayuntamiento quiebra). Segundo, porque con el dinero del Monte de Piedad Espe podrá financiarse aún más iniciativas que la lleven a la Moncloa - cosa que, todavía, no están dispuestos a asumir.

Y si a eso le sumamos que se puede unir lo útil a lo agradable y entregar un reconfortante sillón a Rodrigo Rato Figaredo, el hombre que huyó de Washington a la espera del dedazo salvífico que al final no llegó, un hombre con mucho más prestigio dentro del partido que él, para Mariano Rajoy es un no-brainer.

Siempre he sido de la opinión de que el PSOE no debería meterse en las peloteras del PP: meter el dedo en la llaga permite al rival acusarte de crueldad, lo cuál le hace olvidarse por un momento de que está sangrando por las costuras. Ésta vez, por una vez, está habiendo suerte: la actuación por parte de Ferraz está siendo curiosamente ponderada.

Sí, amigos, Esperanza Aguirre ha querido jugar con los mayores y por una vez parece que va a perder. Olviden a Cobo: ya fue el chivo expiatorio de Gallardón una vez (en el último Congreso del PP de Madrid) y si se ha vuelto a ofrecer voluntario será por algo. Pero no se va a dar por derrotada con facilidad y sin hacer ruido. Sabe que si no puede controlar Caja Madrid, la cuerda que ata la bolsa no va a abrirse tan fácilmente, y eso puede obligarla a abandonar sus principios y, finalmente y tras mucho gritar, subir los impuestos. Eso sería una muesca en su contra dentro de su ejemplar desfile demagogo - y eso duele.

No, no se va a ir sin ruido. Preparen sus palomitas.

Seguiremos informando.

lunes, 26 de octubre de 2009

A deshoras

De las numerosas causas absurdas que aquí su corresponsal encabeza, la que siempre salta alrededor de ésta época del año es la de pedir que la España peninsular pase de UTC+1 o CET (Hora Central Europea), como es ahora, a UTC o GMT(Hora Media de Greenwich), es decir, a la hora de Londres; en consecuencia, igualmente, pedir que la hora canaria pase a ser UTC-1, que es la hora que tiene, por ejemplo, Cabo Verde.

El motivo de la tontería es bastante obvio. La Real Academia Española define mediodía, en su primera acepción, como:
m. Momento en que está el Sol en el punto más alto de su elevación sobre el horizonte.
Pues bien, a día de hoy, en ningún punto de España, será mediodía a las 12 de la mañana. En Madrid, por ejemplo, el mediodía ocurrirá alrededor de la una de la tarde; nótese, ésto ya en horario de invierno, la hora oficial española. Aun en el punto más oriental de España, en Menorca, existe un desfase de unos 25 minutos entre la hora solar y la hora oficial. En Canarias pasa fundamentalmente lo mismo.

Cuándo España adoptó la hora universal, en 1913, adoptamos la hora que nos corresponde por nuestra posición en el mapa, a saber, la hora de Greenwich; y en ella permanecimos (con su horario de verano desde 1917 hasta 1931) hasta que llegó la Guerra Civil. Durante la guerra hubo un tremendo cacao horario entre los dos bandos; como es habitual en tiempos de guerra, se impuso un horario de verano permanente. Tras la victoria de Franco, España pasó a la Hora Central Europea. Dos motivos: primero, el ahorro de energía, al forzar un doble horario de verano; segundo, políticamente era más conveniente estar a la misma hora que Berlín y Roma.

Ambas necesidades pasaron hace mucho, pero el horario anómalo siguió, estableciendo el hecho ya incontestable de que España se mueve a otra hora que el resto de Europa.

Yo opino que tendríamos que volver a la hora que nos corresponde. ¿Y ustedes?

Seguiremos informando.

Foto del día (I)

La clase sobre Profecía de hoy ha sido suspendida debido a un imprevisto.

Sacada, como no, del imprescindible y glorioso Failblog.

Seguiremos informando.

viernes, 23 de octubre de 2009

Yo mama

Todo el mundo ha visto en alguna que otra película americana (ahora que yo recuerde, la versión de Eddie Murphy de El Profesor Chiflado, pero, por Dios, no la vean sólo por ésto) las docenas, el célebérrimo desafío verbal en el que dos negros se sueltan constantemente pullas, a cuál más vulgar y bruta; el que deja al otro sin palabras, gana.

Insultar es, no nos engañemos, una actividad tremendamente divertida; es básicamente lo segundo o tercero que aprendemos a hacer una vez adquirimos habilidades verbales, y gran parte de nuestro proceso de aprendizaje consiste en refinar nuestros insultos, hacerlos más sutiles y, a su vez, más dolorosos.

Gran parte del arte de la oratoria, de hecho, consiste en insultar al adversario con estilo: Cicerón no se hubiera hecho famoso si no hubiese llamado a Catilina tirano, malvado y orejón, eso sí, con rimbombante sutileza. (El oxímoron está hecho a propósito.) En la edad de oro de la oratoria parlamentaria española, Cánovas llamaba socialista a Sagasta, que llamaba reaccionario a Silvela, que llamaba corrupto a Gamazo, que llamaba cuñao a Maura y así sucesivamente, pero viendo esos Diarios de Sesiones a día de hoy, uno tiene que estar bien entrenado para ver la puñalada trapera escondida en la retranca.

Los españoles nunca hemos sido pródigos en el arte de la sutileza, y menos en los tiempos que corren dónde por doquier la discreción brilla por su ausencia. Hoy en día el insulto corre con una largueza que impresiona, no sólo en privado, dónde ya abundaba, sino también en público, dónde antaño la cortesía obligaba a una cierta ponderación en el lenguaje.

En democracia, no podemos permitirnos insultar. Ni mucho ni poco; nada. Cánovas y Sagasta se podían permitir el soltarse espadazos verbales porque, al fin y al cabo, gobernar en un sistema constitucional autoritario como era el de la Restauración era un proceso prácticamente automático: los de siempre mandaban y el pueblo obedecía.

Siendo cínicos, uno podría decir lo mismo de la política contemporánea. Es una perspectiva popular entre el conservadurismo español, que, como ya he dicho en innúmeras ocasiones, carga encima el lastre del desprecio a la política heredado del franquismo, y, en consecuencia, aplaude , en la medida de lo posible y con mayor o menor entusiasmo, toda iniciativa destinada a desacreditar la democracia e insuflar la idea de que la opción racional del ciudadano es ser egoísta: el público objetivo, en toda edad y circunstancia, de la derecha.

Si queremos definirnos como de izquierdas, no tenemos esa opción; como ya saben, nuestro camino no es ni fácil ni popular. Nuestra referencia ética es que el político, el cargo electo, es un servidor del pueblo, dotado de poder y responsabilidad por voluntad de los ciudadanos; es decir, la política como ideal. Obviamente, experientia docet, no vivimos en los mundos de Yupi y sé, más que perfectamente, que el comportamiento humano está lejos del ideal; es por eso que elegí la socialdemocracia: porque (todavía) no somos lo suficientemente buenos y sabios como para actuar, en todo momento, mirando más allá de nuestras narices, que es lo que es necesario para que funcionen otras formas de gobierno, aparentemente más progresivas.

Pero el hecho de que reconozcamos que no podamos contar con que todo el mundo se vaya a comportar dentro de la ética política que consideramos ideal, no implica automáticamente que partamos en una carrera desenfrenada a la charca a ver qué tal se reboza uno en el fango. El ser humano puede ser mejor o peor, pero el ideal sigue allí, como un faro a indicarnos el camino a seguir. Y dado que la humanidad, en su larga historia, no ha encontrado una mejor manera de regirse a sí misma (entendiendo mejor como que ninguna manera satisface más y mejor las necesidades de tanta gente) no podemos dejar de mirar hacia los paradigmas éticos de la democracia como objetivo final.

Y, en consecuencia, y como hilo para salir de la parrafada filosófica que he soltado (y, seguramente, habré escrito mal) y volver al tema: la estrategia de comunicación de cualquier organización política debe dedicarse a de qué manera se ha actuado, se actúa y se actuará para el mayor interés de los ciudadanos. Y ya está.

Conozco a mis lectores, y sé que algunos de entre ustedes dirán que eso es perder el tiempo; que lo que quiere la gente es carnaza y estulticia, que el ser humano no merece todas esas atenciones; son demasiados años de demagogia vivida como para recuperar la fe en la humanidad. Les entiendo perfectamente: vivo en la Comunidad de Madrid.

Pero la demagogia siempre tiene un momento de caída, porque, invariablemente, tarde o temprano, la gente se da cuenta de que se les está tratando como estúpidos. Y es en ese momento cuándo las ideas bien razonadas toman valor, donde el poder de convicción pesa más que el insulto, donde la esperanza de un futuro mejor se abre camino.

Y es para ese momento por lo que debemos estar preparados. Ya debíamos haber empezado.

Seguiremos informando.

lunes, 19 de octubre de 2009

Pobriño

Rubens Barrichello confirmó ayer, a ojos de las decenas de miles de paulistanos que lo veían en directo y ante los millones de brasileños que lo veían por televisión, lo que casi todos ellos ya sabían: que el bueno de Rubens es un pobre hombre, demasiado buena persona como para tener la ambición y mala baba que son necesarias para ser campeón del mundo, como sí tiene el pollas (ésta última palabra dicha en un sentido encaramado en la tenue línea entre la admiración y el desprecio) de Jenson Button.

Mariano Rajoy confirmó la semana pasada, a ojos de las decenas de periodistas que lo vieron hablar en directo y ante los millones de españoles que lo veían por televisión, lo que casi todos ellos ya sabían: que el bueno de Mariano es un pobre hombre, demasiado buena persona como para tener la ambición y mala baba que son necesarias para ser un buen líder del PP, como sí tenía el pollas (ésta sí, con absoluto desprecio) de José María Aznar.

El pobre Rajoy vive agobiado por dos exigentes tareas: convencer a los militantes del PP que es un buen líder y convencer a los españoles de que sería un buen presidente del Gobierno. Eso implica estar en permanente campaña electoral. El problema fundamental es que mientras el militante medio del PSOE no se diferencia mucho del votante medio del PSOE, el militante medio del PP está mucho más a la derecha que el votante medio del PP. Lo que significa que lo que uno haga para convencer a los militantes puede asustar y/o cabrear mucho a los votantes, y viceversa. Pero de ello habla con más detalle el señor Senserrich en su artículo de hoy, así que no me voy a extender más en ello.

Éste fin de semana el PSOE metió el dedo en la llaga de las miserias económicas del bigotismo (pero como nada es perfecto, eligió a la persona menos adecuada, Pepe Blanco) preguntándole de dónde sacaría (o, más bien, dónde dejaría de gastar) el PP el dinero dejado de recaudar por esas salvíficas bajadas de impuestos que tan bien nos harían a todos los españoles.

Y Mariano se sacó de la manga dos ideas: primero, echar a la mitad de los asesores (ahora hablo de ello) y, segundo, eliminar los ministerios de Política Territorial, Igualdad y Vivienda.

Sin que sirva de precedente, en ésto último estoy parcialmente de acuerdo. El Ministerio de Igualdad siempre me ha parecido una chorrada (aún recuerdo la pelotera que monté con éste artículo), y Vivienda, capado desde el principio por la falta de competencias (casi siempre transferidas a las autonomías) se ha limitado a gestionar los terrenos no-militares propiedad del Estado (que son abrumadoramente los menos).

El problema es que el efecto que tiene en los Presupuestos el eliminar ambos ministerios es, bien, ninguno. Igualdad cuesta 78 millones de euros en los presupuestos del 2010, que es el 0,3%; si a Vivienda se le retiran las transferencias a las autonomías, que se comen el 96% del presupuesto del Ministerio, se queda en una cifra similar. Y si se quieren retirar las transferencias a las autonomías es que, directamente, no se quiere que en España haya una política de vivienda pública, lo cuál es una gran noticia para los millones de españoles que no pueden permitirse una vivienda en el mercado libre.

Lo de los asesores, bien, juega en la liga del demagogia show al que el bigotismo nos tiene acostumbrados. En el imaginario global, un asesor es un tipo trajeado al que se le paga por no hacer nada, lo que el economista (y juerguista) brasileño Ronald Russell "Roniquito" de Chevalier denominó de forma inmortal "aspone", "assessor de porra nenhuma", o, traducido, "asesor de una puta mierda".

En la práctica, se trata de que un ministro es una persona que recibe, de un plumazo y tras el obligatorio paso por el B.O.E., la obligación de gestionar las políticas de agricultura, sanidad o educación de todo un país. Por muy buena que pueda ser la formación de ese ministro o esa ministra (y por cada ministro patán hemos tenido dos o tres muy bien formados) es imposible manejar sólo un ministerio. Es por eso que se hacen necesarios los asesores.

El hecho de que el PP quiera prescindir de ellos implica automáticamente una de dos: o el próximo gobierno estará compuesto de genios absolutos capaces de llevar el país con una sola mano (y visto como el bigotismo ha llevado sus gürteladas, lo veo improbable), o, directamente, la intención del Partido Popular es gobernar mal España, con tal de que le salga barato al bolsillo de sus votantes.

Y ésta última opción debería hacerle temblar, señora.

Seguiremos informando.

Mentirijuelas

Creo que mi opinión acerca de la manifa del sábado queda plenamente reflejada en éste artículo que escribí hará tres semanas, así que no me extenderé acerca del tema.

La Iglesia Católica es una institución que existe, según los cálculos más conservadores, desde hace mil quinientos años, así que es de esperar que sepan un poco de política. Y en una hábil treta, pasan de los ultra-sur (los del sábado) a los católicos del PSOE (los del domingo) para que hoy lunes, al abrir el periódico, parezca que la crítica a la nueva ley es tan amplia y comprensiva que se hace imprescindible un consenso acerca de la política abortiva.

Para empezar, no hay una "política abortiva". Se trata de hacer que quién tenga un útero fértil sea la única responsable de lo que hace con él; ni más ni menos; incluso, más bien, menos, porque a pesar de los alaridos del carcatolicismo exacerbado, la reforma propuesta sigue siendo bastante timorata.

Y segundo, no nos engañemos. Para quién vive en el tenebroso mundo del dogma la idea de consenso es una falacia. Se trata de sujetar las riendas de la Ley hasta que esté lo más cerca posible a la idea católica de que every sperm is sacred.

Y es imposible mover a la Iglesia española de esa posición, máxime cuándo se ha alzado en nueva luz de Trento de la segunda Contrarreforma wojtyliana que campa por sus anchas en la Ciudad del Vaticano. Roma se ha propuesto convertir a España en centro de la nueva contrarrevolución de la moral, alimentada por la inmensa adaptabilidad del marketing católico, que ha conseguido convertir a Joseph Ratzinger en el cuarto de los Jonas Brothers.

Siempre, siempre, he sido partidario de la negociación y el consenso todas las veces que sea posible y cuántos botellines de agua mineral sean necesarios.

Pero ante un adversario cuyas posiciones son dogmáticas y cerradas es necesario responder con la contundencia de los hechos consumados: en España, en lo que a moral se refiere, se han de avanzar los derechos primero y hablar después.

El título del artículo es "mentirijuelas", y viene dado por una pregunta: ¿por qué no es un escándalo cuándo la Comunidad de Madrid da como oficiales unas cifras de asistencia que son veinte (20) veces mayores que las reales y cuyo método de obtención no es público? ¿Tan acostumbrados estamos a que Esperanza Aguirre nos mienta en las narices? ¿Hasta cuándo?

Seguiremos informando.


jueves, 15 de octubre de 2009

Cuándo la inacción se hace imposible

Un friki concienciado, de los que hay muchos, me ha informado del Blog Action Day de éste año y me ha sugerido (con truculentas artes) que me una.

Siempre he sido reticente a participar con Ruina Imponente en actividades de éste tipo. Primero, porque siempre he dudado de la capacidad de influir que puedan llegar a tener éstas mal trazadas líneas. Segundo, porque siempre he sido un cínico redomado y nunca he creído demasiado en éstas iniciativas. Tercero, porque siempre he sido celoso de la independencia de éste blog, entendiendo como tal el hecho de que casi nunca estoy 100% de acuerdo con nada. Y cuarto, porque, truth is, soy más vago que la Bernarda.

Pero es que lo que está en juego aquí, el motivo que me lleva a mí y a otros miles de blogueros a tomar partido ésta mañana, hace imposible e inmoral cualquier excusa.

Hoy, quince de octubre, la previsión es de 25 grados centígrados en Madrid, y 32 en Sevilla. Si en algún momento llegó a ser fuera de lo común, va a serlo cada vez menos. No nos engañemos, el clima ya ha cambiado. Hemos dañado a nuestra atmósfera hasta tal punto que ya es imposible que se regenere por sus propios medios, así que tendremos que vivir, sí o sí, con las consecuencias de nuestra ignorancia primero, y desidia después.

La acción que debemos tomar, en consecuencia, se bifurca en una doble línea de acción: primero, tomar las medidas necesarias para que el cambio climático afecte a las personas de la forma menos dañina posible (y eso no debe incluir únicamente a quienes se encuentran dentro de nuestras fronteras) y segundo, hablando en plata, no seguir jodiendo lo que ya está jodido.

Para España, el primer paso incluye, sobre todo, actuar contra la desertificación, que supone el problema más urgente. Eso incluye el tema, a largo plazo, más candente del país, y las palabras que, desde hace décadas, están sumergidas en el lodo del conflicto político, más concretamente (y para beneficio de las sardinas de ciertos pescadores) en el siempre fructífera hoguera de los resentimientos interterritoriales: a saber, gestión integral Y sostenible del agua. Y ahí he de ser políticamente incorrecto. Estoy totalmente a favor del Estado de las autonomías, y más: soy un federalista convencido. Y como federalista convencido tengo clarísimo que las competencias sobre cuencas hidrográficas que ocupen más de una comunidad autónoma competen exclusivamente al Estado: es la manera más brutalmente sencilla de evitar guerras inanes por quítame allá esa charca. Hay otras maneras mejores, pero esas serán para cuándo seamos suizos.

En el segundo punto, está el tema de la energía, del que he hablado en el blog más de una vez (desde aquí exijo monopolio y nacionalización lo antes posible), y la necesidad de insistir en el transporte de cargas por ferrocarril, más ecológicamente eficiente, cosa que es especialidad del señor Senserrich. Donde más podemos mejorar es en emisiones no derivadas del transporte - total, ya no tenemos tanta industria.

Pero en todo caso, el objetivo fundamental, políticamente hablando, es inculcar en la ciudadanía la importancia y urgencia de actuar lo antes posible para paliar los efectos del cambio climático. Y, aunque parezca (y sea) el chocolate del loro, vivir de forma más sostenible.

Seguiremos informando.


Back in Black

Como podrán ver, tras mucho dudar me he apuntado a Twitter y, literalmente, estoy que no meo. Tras unos cuántos días de exploración, vuelvo aquí entre ustedes, porque hay cosas que no pueden expresarse en 140 caracteres.

Entre los periódicos que recibo en el trabajo para su distribución está un esputable panfleto gratuito con el esclarecedor nombre de "Diario Negocio" cuya línea editorial suele ser misteriosamente cercana a la del jefe de la patronal, Gonzalo Díaz Ferrán. Sólo no sospecho que lo financie el propio Díaz Ferrán porque el pobre hombre no sabe de dónde va a sacar para su próximo chuletón de Ávila (respuesta: de los currantes de Newco)

Como era de esperar, el periódico hace énfasis con un esclarecedor "¡Por fin!" de las "medidas liberalizadoras" de nuestro Paladín a la Taza del Liberalismo, la única, la inigualable, Esperanza Aguirre Gil de Biedma. Como siempre, la lideresa aprovecha el momento más conveniente para presentar sus planes para hacerle la vida más fácil a los madrileños con dinero: a saber, el momento en el que el liderazgo de Mariano Rajoy dentro del Partido Bigotista está más cuestionado.

De las medidas en cuestión "para fomentar el empleo", me llaman poderosamente la atención dos:

- Los centros comerciales no necesitarán licencia autonómica ni para fundarse ni para expandirse, así que todo depende de los ayuntamientos que así lo deseen (y no hay ayuntamiento que no lo desee) así que el pequeño comercio, que ya jodido lo tenía, recibe así su golpe de gracia. Mala suerte, amigos, las inmobiliarias tienen dinero para financiar al PP, vosotros no. Y ya de paso, haciendo amigos con las petroleras: se autorizan más gasolineras.

- Los electricistas y los instaladores de ascensor ya no necesitarán tener licencia. Lo que significa que las empresas del sector servicios podrán contratar al primer pobre hombre sin estudios - o mejor aún, sin papeles - que se les ponga por delante, tirando abajo el coste de la mano de obra y, permitiendo así ampliar los márgenes de beneficios para alegría del trajeado contratista de turno - fuente inigualable de financiación para los bigotismos municipales. Luego cuándo empiecen a incendiarse casas y caerse ascensores, la culpa será del Gobierno, que no fija bien las medidas de seguridad. O de los inmigrantes. O de ETA.

El resto, lo de siempre: más flexibilidad laboral (total son pobres) menos impuestos (que la factura la pague el Gobierno, que para algo es culpable), en fin, esperancismo de toda la vida.

Y éste es el futuro de la derecha en España. Que Dios nos coja confesados.

Seguiremos informando.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La inercia es la única esperanza

A pesar de la que está cayendo, el hecho de que Mariano Rajoy siga sin estar preocupado (y pida a todo su partido que haga lo mismo) no está motivado por su estupidez (que uno se vería tentado a pensar) pero en que el PP conserva la fe en dos hechos hasta ahora incontestables en la política española: el primero es que en España nadie es considerado culpable hasta que dimite (esa es la fe que tenemos en nuestra justicia) y el segundo es que si el votante centrista no vota al PSOE, tiene, necesariamente, que votar al PP.

El PP sabe que, salvo el milagro de la casa de Brandemburgo, las elecciones de 2012 están perdidas para el PSOE. Para que el PSOE ganase, en los próximos dos años y medio las cosas no sólo deberían ir mucho mejor de lo que van ahora, sino además debería quedar claro para casi todo el mundo que la responsabilidad de la mejora es atribuible en exclusiva al Gobierno y no a la mejoría general de la economía europea. La clave aquí es: el PSOE pierde - luego el PP gana. Y ya está.

Y no me vengan ahora con las posibilidades de Rosita la Pastelera; no tiene ni de lejos la fuerza suficiente para suplir al PP - y no tiene tirón electoral en las provincias más pobladas salvo Madrid, Valencia y quizás, Alicante: como muchísimo, diez escaños.

Es por eso que la política del bigotismo va a ser la de dedicarse, activamente, a no hacer nada: bloquear activamente toda política del Gobierno, sacarse de la chistera ideas rarunas y esperar que el estruendo de Gürtel se vaya disipando poco a poco.

Y, en consecuencia, la izquierda en general y el PSOE en particular no pueden echar todas sus cartas a la esperanza de que el PP se cocine en su propia podredumbre. Es necesario que seamos aún más proactivos respecto a la crisis (es decir, que hagamos cosas constantemente), y, sobre todo, que se note.

Seguiremos informando.

domingo, 4 de octubre de 2009

Mercedes Sosa (1935-2009)

En 1985, cuándo mi madre, en un país extranjero, pugnaba por aprender las palabras de un idioma nuevo, una de las armas con las que contaba era un gran LP blanco donde rezaba "Mercedes Sosa". La voz de la Negra poblaba los rincones de mi casa, una y otra vez. Yo entonces tenía cuatro años. Más tarde, y contra todo pronóstico, me acabé aficionando a la música folclórica argentina; he de decir que más tuvieron que ver Les Luthiers y las largas horas de insomnio en los vuelos Madrid - Buenos Aires de Aerolíneas, pero ahí, de nuevo, estaba Mercedes Sosa con su voz. Y desde entonces, no me ha dejado de acompañar.

Y no va a dejar de hacerlo.



Seguiremos informando.

viernes, 2 de octubre de 2009

Tomápoculo

¿Y quién paga ahora todo éste sarao?

Seguiremos informando.

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Los guantazos vacíos

Sin duda habrán visto ustedes alguna de éstas películas de época en la que los protagonistas declaran su intención de tener un duelo honorable abofeteando con un guantelete el rostro del agraviador. Es la imagen que me viene a la cabeza cuándo leo las últimas novedades de Honduras, y es que la situación actual que tanto el gobierno de Micheletti, como la OEA, como los Estados Unidos, se están dando amables bofetones con guantes vacíos, a la espera de que alguien tome vergüenza y se salga del impasse de una pugnetera vez.

La fecha clave para el gobierno de Micheletti es el 27 de enero de 2010. En esa fecha termina constitucionalmente el mandato del presidente Zelaya, y, a partir de ese día no será más presidente de Honduras; obviamente, no de facto, pero tampoco de iure. En previsión de ese día, el gobierno ha convocado elecciones presidenciales. Técnicamente unas elecciones libres serían la solución más pragmática de la crisis, pero lo de libres va a ser improbable: pero con el país en estado de sitio, los militares pegando tiros por las calles, y la más que probable ausencia de cualquier misión de observación, es obvio que poca gente va a poder hacer campaña, cuánto menos aquellos cuyas ideas estén más cercanas al presidente expulsado.

Uno de los motivos de la insistencia por parte del presidente Zelaya en favor de su propia reelección es por la ausencia de una base partidaria de la cuál sacar un sucesor. Honduras no tiene un gran partido de izquierdas como pueden tenerlo Nicaragua o el Salvador; en gran medida, su sistema de partidos sigue estando en el siglo XIX: conservadores y liberales, o, por color, azules y colorados. (El propio Zelaya fue elegido por los liberales-colorados) El temor de Zelaya es que, tras echarse al monte, el Partido Liberal eligiese un candidato mucho más moderado que él. Y, por lo que parece, así ha sido, pero el pobre hombre no puede hacer campaña por más que se esfuerce.

Mientras, el presidente Zelaya está en la embajada. Como usuario regular del Servicio Consular de la Embajada de la República Federativa de Brasil en Madrid, doy fe de que nadie se queda demasiado tiempo en un edificio diplomático brasileño a no ser que sea imprescindible (y aun así, que se lo digan a sus funcionarios). El gobierno Lula ha soltado un órdago bien gordo en la crisis (nunca el Itamaraty había intervenido tan directamente en una crisis latinoamericana de éste calibre) y la maniobra le ha salido relativamente bien: se ha convertido del tirón en la voz de los legitimistas en la OEA, ante la abulia del gobierno Obama, a quién Honduras ni le va ni le viene.

El problema aquí es que desde el momento en que los militares hondureños se toman el constitucionalismo a la tremenda (o sea, si alguien quiere cambiar la constitución, aunque sea legal y democráticamente, colleja) queda claro que la única forma de recobrar la legitimidad en Honduras es vía rifles. Y nadie está interesado: ni los Estados Unidos (por razones obvias) ni Hugo Chávez (una cosa es comprar armas y la otra usarlas, y, aparte, ya bastante tiene con lo suyo) ni nadie más (porque no pueden). El único que, si le dejan, puede ir a darle capones a alguien, es el secretario general de la OEA, Luis Miguel Insulza, pero él no tiene rifles.

El tiempo corre. Seguiremos informando.

lunes, 28 de septiembre de 2009

El rojo y el negro

Buenos días, buenos días. Como distinguir a un friki politólogo del resto de la gente: el friki politólogo es el que se pasa un domingo por la noche entre los canales 307 (Deutsche Welle TV) y 304 (RTP Internacional) de Digital +, para ver de primera mano los resultados electorales en Alemania y Portugal.

Vamos primero con los germanos, que es un país más grande: ganaron los cristianodemócratas de la CDU, que por mucho que El Mundo y ABC se regocijen, se parece al PP lo que un huevo de pato a uno de gallina. Recordemos que fue la CDU la que inventó el concepto de Sozialmarktwirtschaft (en nuestro idiolecto, economía social de mercado), mientras que al PP de hoy en día la palabra social le produce urticaria.

Pero, en efecto, el giro a la derecha existe, dado que el socio parlamentario de la CDU va a ser el FDP, el partido liberal, que ama el libre mercado por encima de todas las cosas.

En la oposición, el SPD ha pagado el pato de ser el comparsa de Angela Merkel y ha perdido votos por todas partes: el voto centrista ha decidido que, para tener a Merkel de canciller, mejor votarla directamente a ella, y el voto de izquierdas se ha pasado con armas y bagajes a Die Linke (La Izquierda) el partido comunista (en el Este) y de Lafontaine (en el Oeste), que se ha convertido en el cuarto partido.

Lo que sí podemos estar viendo es la descomposición final de los Verdes como fuerza política en el país que los vio nacer. En 1980, un partido ecologista alemán tenía sentido cuándo ningún otro partido tenía consciencia ecológica, no fuese a cabrear a los grandes verbände químicos (en el caso de la CDU y el FDP) o a los mineros del carbón (caso del SPD). Casi treinta años después, cuándo la consciencia ecológica es prácticamente obligatoria para cualquier partido político con aspiraciones, los Verdes han perdido su razón de ser y se han convertido en una paradoja: una extrema izquierda moderada. Lo que les ha salvado hasta ahora es que en la Willy-Brandt-Haus nadie tenía los huevos tan grandes como para empezar la segunda Ostpolitik y hablar con los comunistas; el batacazo ha sido tan descomunal que en el SPD van a tener que planteárselo - y si eso ocurre, a los Verdes van a acabar fagocitándolos por los dos lados.

Mientras, en Portugal, el síndrome PP (entendiéndose como tal el desentenderse de cualquier intento de hacer política seria y salirse con mamarrachos) ha hecho que el PSD haya desperdiciado la oportunidad de convocar el voto útil (ya lo expliqué hará un par de semanas) y el CDS-PP no sólo no se haya hundido, sino que además haya subido, convirtiéndose en el tercer partido. El Partido Socialista perdió la mayoría absoluta, como era de esperar; pero lo sorprendente es que los comunistas tradicionales (que se presentan en coalición con los ecologistas) también lo han hecho; los grandes vencedores son, por ese orden, el CDS-PP y el Bloque de Izquierdas. Ahora Sócrates tiene tres opciones: primera, un gobierno a la española, es decir, de geometría variable; en Portugal es más viable que en España porque, por suerte, la oposición no suele ser tan estúpida, pero la vida te da sorpresas. La segunda es pactar un gobierno de coalición con el CDS-PP, lo cuál garantizaría tanto mayoría parlamentaria como un giro aún más pronunciado a la derecha en lo económico; y la tercera sería una coalición con los DOS partidos de extrema izquierda: PCP y Bloque de Izquierdas, que sería la fiesta mexicana.

Y ahora un apunte para los fans ferrocarrileiros: la polémica con el AVE viene de que la oposición se pregunta por qué se hacen primero las vías de alta velocidad entre Lisboa y la frontera con España (incluyendo un carísimo tercer puente sobre el Tajo) y entre Oporto y Vigo, mientras que la LAV Lisboa - Oporto se aplaza sine die.

Las respuestas, naturalmente, están ahí: primero, porque Bruselas da dinero para construir conexiones internacionales de Alta Velocidad, mientras que la LAV Lisboa - Oporto se la van a tener que pagar los lusitanos de su bolsillo; y segundo, porque entre Lisboa y Oporto ya hay un tren (el Alfa Pendular) que, aunque no es estrictamente de alta velocidad, va bastante rápido y funciona razonablemente bien. En todo caso la oposición prefirió hacer demagogia; así les ha ido.

Seguiremos informando.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Pequeño elogio de la improvisación

La más reciente buzzword contra el gobierno de Zapatero, unánime en casi toda la oposición, sea el PP, sea UPyD, sea Juan Luis Cebrián y sus siete enanitos, es "improvisación". Yo mismo he tratado tangencialmente del asunto, unos cuántos días atrás.

Por más que duela decirlo, el problema principal que ha tenido el PSOE - no el Gobierno - es que ha sido abiertamente incapaz de llevar la política española según sus propios términos. Siempre ha ido (o, al menos, ha parecido ir) a remolque de los acontecimientos, sean éstos titulares de prensa, situaciones de crisis o la última ocurrencia del bigotismo.

Y, sobre todo en tiempos de crisis, un gobierno debe dar la apariencia de que está llevando el timón. En consecuencia, lo que debe hacer éste gobierno es, en todo momento, dejar claro a los ciudadanos que está haciendo lo que tiene que hacer.

Que es improvisar.

La economía, por más que le pese tanto a los clasicistas ortodoxos (si sigue alguno vivo) como a los esquizofrénicos hayekianos que pululan por ahí - algunos en puestos de importancia -, es una ciencia social. Y, como tal, es una ciencia dinámica, sujeta a infinidad de variables, desde la productividad por empleado al estado del tiempo, pasando por la selección española de fúmbo (y, si no me creen, calculen el número de personas que no irían a currar el lunes si España ganase un Mundial el domingo y piensen en cuánto afectaría eso al PIB). En economía, como en toda ciencia social, uno nunca puede estar seguro al 100% de nada - de ahí que, a la larga, el destino de cualquier economía planificada es fracasar.

En consecuencia, la política económica, cualquier política económica, debe estar regida, por encima de todo, por un pragmatismo insuperable. Estar al tanto, ajustar, probar, acertar, fracasar; lo único que debe hacer la ideología aquí es trazar líneas rojas que no se pueden superar - y líneas púrpuras para cuándo, tarde o temprano, se superen las líneas rojas.

Lo contrario de eso es lo que propugna el bigotismo. Para ellos, gobernar es ceñirse a un programa económico y no soltarlo ni a tiros. Y de hecho, para mayor abundamiento, el conservadurismo hispánico no tiene un programa económico; tiene dos: el ideal y el real - que según ellos debe perpetuarse ad aeternam.

En el programa ideal, la política económica supone ceñirse férreamente a la ortodoxia de la teoría libegal, a saber, lo que necesitamos son menos impuestos, menos gasto público y que el Estado no meta las narices donde no le llaman, que es lo que viene a ser todo.

Y ceñirse a esa ortodoxia, como hemos visto, primero en países como Argentina o Tailandia, y luego a escala global, conduce a que las recesiones cíclicas golpeen a la gente corriente de forma más larga y fulminante.

En el programa real, la política económica consiste en mantener la economía española en 1962: España ha de vivir del turismo y de lo que pueda hacer su mano de obra barata y poco cualificada, mayormente pisos. Para eso ha de contar con la connivencia de un Estado sobre todo pequeño y poco eficaz, que sea capaz de tolerar la corrupción que sea necesaria para permitir el enriquecimiento rápido y fácil de aquél que decida no tener escrúpulos, y, al mismo tiempo, mantener el poder adquisitivo de las clases acomodadas, que al fin y al cabo es la que cuenta.

Y es esa política económica es la que ha hecho más dura nuestra caída en el agujero de la crisis - y lo que nos va a hacer más duro salir.

Así que vuelvo a reiterar: lo que necesitamos es replantearnos el paradigma de la economía española que queremos. No podemos seguir aspirando a ser un país desarrollado si nuestra economía sigue basándose en los principios que nos sacaron del subdesarrollo; hay que dar un paso más. Necesitamos más y mejor educación para todos: y ahí el Estado tiene que estar detrás (más que nada, por que cuesta menos). Necesitamos mejores infraestructuras (aún mejores) y ahí el Estado tiene que estar detrás. Necesitamos garantizar la tranquilidad social (entendiendo por ésto que será atendido en caso de necesidad) de los trabajadores (en democracia, el trabajador más tranquilo es el más productivo) y ahí el Estado tiene que estar detrás (porque estoy con el señor Senserrich: la protección social, mejor en manos del Estado que de los empresarios, aunque éstos tengan que pagar más impuestos)

¿Y como llegamos a eso? Lo acabo de decir: pues ya veremos.

Seguiremos informando.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Torontontero

Porque incluso los chistes malos se merecen una respuesta.

Seguiremos informando.

La libre lobotomía

Cuándo el conocimiento que teníamos acerca del cerebro humano oscilaba entre lo vago y lo nulo y como enfermedades mentales se entendía cualquier cosa entre la esquizofrenia paranoide y la homosexualidad, alguien tuvo la lamentable idea que si había un problema con el cerebro, la solución lógica y natural es empezar a destruir cerebro hasta que se solventase el problema. Nuestro héroe, el profesor António Egas Moniz, inventó una forma científica (quicir) de permitir abrir el cerebro e inyectar alcohol para matar las neuronas de la parte enferma. Ese procedimiento, llamado hoy lobotomía, no sólo acababa con el problema, sino que también acababa con el enfermo, transformándolo, generalmente, en una masa inerme y babeante. (Si han visto Alguien voló sobre el Nido del Cuco, saben de lo que estoy hablando.) Eso no fue óbice para que a Egas Moniz le dieran el premio Nobel de Medicina, convirtiéndolo en un héroe nacional portugués que hasta hace nada salía en los billetes de 10.000 escudos. Cosas de los lusitanos.

Salvando todas las distancias, el aborto es para la sexología lo que la lobotomía para la psiquiatría: un método brutal y primitivo de solventar (mal) un problema de salud y calidad de vida.

Dudo que cualquier persona con dos dedos de frente esté a favor del aborto per se: es decir, nadie aborta porque sí. Y, desde luego, a mi entender, utilizar el aborto como método anticonceptivo es la forma más estúpida de regular la propia sexualidad.

Mas, ante la pregunta política: "¿cuál es tu posición acerca del aborto?" la respuesta sólo puede ser una: aborto libre y gratuito en la Seguridad Social.

Pero con la inexcusable salvedad de que, a todos los niveles de educación, desde la primaria hasta la educación para adultos, se haga constantemente énfasis en que, en y por principio, nadie tendría que verse en la necesidad de abortar; que es el jodido extintor tras el vidrio, el botón rojo, el ultimísimo recurso y el más devastador.

Porque, no nos engañemos, el aborto libre es una aspiración histórica de la izquierda feminista, pero es únicamente la mitad de la tarea: porque abortar, el hecho de abortar, por motivos que no sean estrictamente de salud, supone el fracaso final de cualquier educación sexual comprensiva - cuya universalización, ésta sí, debería ser el objetivo de cualquiera que se llame de izquierdas.

Seguiremos informando.


miércoles, 16 de septiembre de 2009

Viva México

Hace 199 años, un cura se subió al campanario de un pueblo de Guanajuato y se puso a dar vivas a Fernando VII y a la Virgen de Guadalupe. Tan rústico acto fue el primer episodio de la que sería la independencia mexicana, y es origen de uno de mis rituales políticos favoritos. Tras la independencia, el campanario fue desmontado y la campana instalada sobre el balcón principal del Palacio Nacional, en la ciudad de México. Y todos los años, la noche antes al día de la Independencia, el presidente de la República sale al balcón, y ante una plaza llena hasta los topes con decenas de miles (sin exagerar) de personas, toca la campana con una cuerdecita instalada ad hoc mientras da vivas a México a pleno pulmón. El resultado (ojo, pieza de propaganda institucional), es más o menos éste.



Hay gente a la que toda ésta parafernalia le parecerá una tontería, pero a mí me gusta. Me gusta porque es un ritual de gran poder simbólico, y, lo que es más importante, de contenido absolutamente laico y cívico.

Muchos de mis lectores consideran una bendición la desvalorización del patriotismo que existe en nuestro país, derivada de la apropiación por el franquismo de los símbolos nacionales y de la propia idea de patriotismo.

Siento no estar de acuerdo. Estamos todos de acuerdo en que el ideal sería que todos los españoles fuesen modélicos ciudadanos capaces de racionalmente comprender que el sistema democrático es superior y que es imprescindible la educación y la participación para ejercer la ciudadanía en su plenitud, pero igualmente sabemos que en realidad estamos lejos de ese punto (pero, al contrario de la derecha, pienso que quizás un día los españoles podamos llegar a él)

Mientras ese día no llega, considero importante que los valores de civismo, educación, laicismo y democracia tengan una carga simbólica lo suficientemente fuerte como para poder quedar suficientemente imbricados en la ciudadanía como para resistir los embates de otros valores inferiores pero más populares por viscerales: violencia, ignorancia, puritanismo y autoritarismo.

Y, aunque son valores fuertes per se, ayuda muchísimo incorporarlos al triunvirato simbólico de cualquier país: patria, bandera e himno. Ayuda porque al convertirlos en valores fundamentales de la identificación nacional, resultan mucho más difíciles de abandonar u olvidar.

El problema fundamental es que la patria y la bandera de la izquierda española sigue siendo la República. La Transición no supuso una refundación simbólica de España: supuso la incorporación de la izquierda a una España que, simbólicamente, le sigue siendo ajena.

Ésto, aunque parezca estúpido, no lo es. Implica que, por mucho que nos esforcemos, nunca vamos a estar totalmente orgullosos de ser españoles; que nunca vamos a aceptar del todo como nuestro el país que estamos intentando construir. En consecuencia, que la motivación que podamos tener para cambiar España y convertirla en un lugar mejor y más justo va a estar permanentemente mellada. Lo que hará más fuertes proporcionalmente a los que quieren conservar las estructuras, ideas e injusticias del pasado.

Es un problema muy de fondo - como igualmente lo es su solución. Las opciones son: o dejamos atrás las naciones de una vez por todas (y alguien todavía me va a tener que explicar como, porque llevamos 250 años con lo mismo) o damos con la tecla que nos permita que, simbólicamente, España sea, por fin, el país de todos los españoles. A saber cuál opción es más difícil; una cosa está clara: para mañana no será.

Pero hay que empezar. Porque en tiempos como éstos, donde la tentación del populismo es más fuerte, es indispensable reforzar los valores fundamentales de la ciudadanía, con todos los medios que tengamos a nuestra disposición.

Seguiremos informando.

martes, 15 de septiembre de 2009

El partido mesa camilla

Como se nota que tengo estupendos amigos y amigas que saben de mis gustos y perversiones y me pasan - con poco disimulado entusiasmo - noticias que, seguro, provocarán de mí explosiones de santa y justa ira, o, cuanto menos, sangrante sarcasmo.

Cuándo alguien se pregunta por qué existen tantos programas de tertulia-debate-cotilleo en éste nuestro amado país de Dios, la respuesta viene rauda como el viento: porque son los programas más baratos de hacer. Sólo necesitas dos cámaras, un plató y unos cuántos invitados dispuestos a hablar de lo que sea durante horas - y Dios sabe que en España no falta nada de todo ésto.

La banalización y estupidificación de la televisión global (por desgracia, no es un fenómeno exclusivamente ibérico ni mucho menos) deriva de un simple cálculo de mercadotecnia: el mercado televisivo se segmenta en cinco niveles según educación e ingresos: A, B, C, D y E. Conforme se han ido popularizando internet y la televisión de pago en los segmentos AB (y parte del C), se ha reducido el consumo de televisión por parte de éstos segmentos; en consecuencia, cada vez se considera menos rentable producir programas para éstos segmentos, programas que, por otra parte, son mucho más caros de producir - porque hablamos de un público que exige calidad. Por consiguiente, la televisión cada vez se orienta más en dirección a los segmentos que tienen como único entretenimiento la televisión abierta, a saber, los segmentos C, D y E, y, dentro de éste segmento, las mujeres de entre 45 y 70 años, que consumen más televisión (porque, dentro de éste segmento de población, suelen ser amas de casa)

Lo que el lenguaje del marketing llama "mujeres de entre 45 y 70 años de los segmentos C, D y E" nuestro lenguaje popular lo ha definido con el ya consagrado término "marujas". Y, en efecto, toda ésta parrafada seudointelectual acaba definiendo lo que usted, yo, y la grada sur del Calderón ya sabíamos, señora: la televisión española se ha puesto con armas y bagajes, salvo rarísimas excepciones, al servicio de la maruja.

El fenómeno lleva muchos años en activo, pero sólo recientemente ha pasado a tener implicaciones políticas. ¿Por qué? Por tres motivos: primero, porque el mundo del "corazón" ha implosionado, víctima de su insufrible reiteración; segundo, porque varias figuras dentro de esa subespecie humana dedicada a informar a los españoles de quién se folla a quién han decidido, por obra y gracia del Espíritu Santo, que son periodistas de verdad y que, en consecuencia, deben ampliar sus horizontes y tratar sobre temas de "interés humano", o, como dicen en mi pueblo, mundo cão arrebentado (éste perro mundo destrozado) Por simple responsabilidad y buen gusto, no voy a ser exhaustivo con los casos de dramones de la vida real amplificados hasta la extenuación para loor y gloria del o la perrodista (sic) de turno.

Y el tercer motivo es porque la campaña del bigotismo con las víctimas del terrorismo (de la cuál ya he dado abierta cuenta aquí) ha popularizado de nuevo entre los españoles tres ideas, a mi entender, perniciosas. La primera es la eternamente popular teoría de que la Justicia equivale a la venganza. La segunda es que es obligación del Estado el "estar con las víctimas", lo que viene a ser convertirse en el instrumento vengador de los agraviados. Y tercero, que ser "una víctima" te da la legitimidad moral e intelectual suficiente como para opinar acerca de lo que te venga en gana, sea sobre la política antiterrorista del Gobierno, sobre economía, sobre inmigración o sobre si Raúl debe ser titular en la selección o no.

Y uno de los más destacados opinadores profesionales legitimados por el sufrimiento Juan José Cortés, el padre de la pequeña Mari Luz y Víctima.

Hablé en su momento del histerismo colectivo producido por el caso Mari Luz. Lo dije entonces y lo sigo diciendo ahora: los departamentos de Justicia son, en todas partes del globo y a todos los niveles de gobierno, las primeras víctimas en caso de recorte presupuestario por dos motivos: son un porrón de funcionarios y no producen cintas para inaugurar. En consecuencia las administraciones de Justicia, desde el Pleistoceno Medio, son lentas, farragosas y complicadas, y lo que es peor; nadie quiere poner dinero - que es lo que hace falta - en algo que los ciudadanos no van a necesitar - salvo en el peor de los casos.

Los programas de variedades catastróficas necesitan, por encima de todo, respetabilidad. (Básicamente porque gente como Ama Rosa no es que sea muy respetable, precisamente.) Es por ello que las Víctimas que buscan han de ser gente "respetable", como el profesor Neira, ahora pregonero de las fiestas de Majadahonda. Juan José Cortés fue inmediatamente objetivo de los focos precisamente porque era respetable: era - y es - un gitano que en lugar de arrancarse los cabellos y mascullar frases de dolor en español dialectal tuvo una reacción mesurada y razonable a la tragedia que fue la muerte de su hija. Rara avis para el concepto que el español medio tiene de los romanís - y la prensa sanguinolenta se lanzó como un único y enorme buitre.

La prensa le convirtió en figura - y objetivo preferencial de los más variados populismos, con - largo y desesperante suspiro - el presidente del Gobierno a la cabeza. Afortunadamente, el populismo de los dos grandes partidos en nuestro país tiene un límite; se le recibió, se le intentó contentar y aliviar bajo el intenso escrutinio de Está Pasando, pero no se le dio más importancia a partir de ahí.

Pero claro, no nos acordábamos que ahora en España tenemos un partido parlamentario, abierta y vergonzantemente populista, dispuesto a vender a su madre por un titular y que no razona ni una sola de sus propuestas, salidas directamente del horno para golpear en el estómago y atizar la furia antisistema de los mediocres. Hablamos, como no, de Rosita la Pastelera y su claque fucsia.

Sí, amigos, UPyDance ha decidido convertirse en el partido de Ama Rosa, el partido de la Campos, el partido de Salvados; el partido de las mesas camilla donde se discute a gritos temas insensatos y se hace política por y para los sentimientos primarios, política de la sangre y de las vísceras, política del dolor y de la venganza. Dispuesta a convertir en alcalde de Huelva alguien cuya única cualificación es ser un español cualquiera víctima de un terrible crimen. Dispuestos a todo para convertirse en el partido de los ignorantes, de los desinformados, de los que se sienten olvidados e ignorados porque creen que la política está para dar respuesta a la pregunta "qué hay de lo mío".

Y, lo peor de todo es que en tiempos de crisis esos son los partidos que crecen. Porque no hay ciudadanía con el estómago vacío. No podemos dejar que siga creciendo: no podemos despreciar algo que es un paso más hacia la berlusconización de España.

Seguiremos informando.

lunes, 14 de septiembre de 2009

El pánico a preguntar

Si yo convoco mañana un referéndum entre mis amigos y vecinos sobre si debo dejarme bigote o no, deben saber dos cosas: primero, que seré el líder más destacado de la campaña del NO, y segundo, que ese referéndum tendrá el mismo valor legal que el referéndum por la independencia en Arenys de Munt.

Si convocas un referéndum sobre la independencia de Cataluña en un pueblo de 8.000 habitantes en el que ocho de los trece concejales son independentistas, tienes la misma representatividad que si convocas un referéndum en un convento de clarisas sobre si es conveniente instituir una teocracia. Por supuesto que ha ganado el sí aplastantemente: votó quién se lo tomó como si fuera una votación de verdad. Y eso fue el 41% del censo.

Y a pesar de que todo ésto no ha sido más que una parranda independentista para terminar exultantemente el puente de la Diada, la derecha, naturalmente, se lo ha tomado como una agresión a la Constitución y a la convivencia, permitida, como no, por el gobierno antiespañol de Zapatero, etcétera, etcétera. El resultado, como no, ha sido publicidad gratis para el alcalde de Arenys y el independentismo - que supongo que era la intención inicial.

Lo sensato por parte de cualquier partido político parlamentario hubiese sido calurosamente ignorar la verbena referendaria esa. Tomárnosla como lo que fue, a saber, una fiesta mayor en loor y gloria de la estelada, con la representatividad política de una calçotada.

Pero ya que no lo hemos hecho, ¿por qué insistimos siempre en negar la mayor? ¿Por qué no empezamos a plantearnos el asunto como que hay que convencer a los catalanes (sustitúyase, en su caso, por cualquier independentismo con aspiraciones) que están mejor en España que fuera de ella (cosa que, por lo demás, no es nada difícil) en lugar de saltar como ranas enloquecidas gritando que no pueden hacer eso?

El arma más efectiva para acabar con el independentismo quebequense fue dejarles convocar dos referéndums y que perdieran ambos. Si hay duda sobre la voluntad popular, siempre habrá alguien dispuesto a explotarla en su beneficio.

Habría que ver como reaccionarían si les explota un "no" en plena cara.

Seguiremos informando.

Apreciaciones sobre el voto luso

Como casi todo lo referente a nuestro adorable país vecino, las elecciones portuguesas de dentro de catorce días iban a pasar completamente desapercibidas por los medios de comunicación hasta que alguien dijo la palabra mágica (¿España? ¿Han dicho algo de España?) y, ahí sí, un artículo completo titulado de forma abiertamente falaz, como si los lusitanos no tuviesen nada más importante de lo que preocuparse.

En Portugal la crisis ha pegado doblemente. Primero, porque el país ya estaba lo suficientemente endeudado (de hecho Bruselas ya les avisó hace un par de años) como para sufrir una crisis de contracción de crédito. Y, segundo, porque como aquí nosotros somos los principales socios comerciales de los lusitanos, si a España le va mal a Portugal también, y Dios sabe que las cosas no nos van muy bien precisamente.

Como espero que ya sepan, en Portugal, al igual que aquí, gobiernan los socialistas. Pero a diferencia de España, Portugal es un estado unitario centralizado y el Partido Socialista gobierna con mayoría absoluta, así que no hay cabezas de turco posibles: la morcilla de la crisis se la están comiendo el primer ministro Sócrates y su Partido Socialista ellos solitos.

Y, a pesar de ello, siguen con ventaja -aunque sin mayoría absoluta - en las encuestas. Gran responsabilidad de ello la tiene el cuñadismo del principal partido de la oposición, paradójicamente llamado Partido Social Demócrata, que durante toda la travesía del desierto de éstos cuatro años se han dedicado a darse de mamporros de forma entusiasta, dado que los dos mejores líderes del partido en los últimos veinte años están dedicados a otros menesteres: Aníbal Cavaco Silva es el presidente de la República, y como los lusitanos son gente decente no se mete en política, mientras que José Manuel Durão Barroso está en Bruselas, haciéndose amigo de todo el mundo, y no tiene ninguna intención de volverse a Lisboa a poner la cara en el saco de gatos que es su partido.

La actual líder del PSD, Manuela Ferreira Leite, es una economista bastante competente - fue ministra de Hacienda con Durão Barroso - y probablemente su elección sea una apuesta del PSD para mostrar a alguien serio, responsable y con estudios (en oposición al actual primer ministro, cuyo título de ingeniero ha sido puesto en duda) para llevar el timón de Portugal en tiempos de zozobra. No es una maniobra desencaminada - es una idea que cala muy bien en la psique lusitana.

Lo que más preocupa al gobierno Sócrates, en consecuencia, son sus futuros socios de gobierno, a saber, los partidos comunistas. Sí, amigos, porque hay dos partidos comunistas parlamentarios: el Comunista Portugués, que como siempre se presenta en coalición con los ecologistas, y el Bloque de Izquierdas, un aglomerado de gente de lo más variopinto, incluyendo los trotskistas. La mayoría absoluta suele sentarle mal a los partidos pequeños, y éstos cuatro años no han sido excepción; mucha gente en el PCP y en el BE le tienen muchas ganas al PS - habrá que ver como termina ésto.

Al que le pueden ir mal del todo las cosas es al partido más conservador del Parlamento, el CDS-PP. Liderado por el histriónico Paulo Portas (el peluquín más obvio de Portugal) no ha ido sino cuesta abajo desde la derrota electoral de 2005. Le va a resultar muy difícil escapar del voto útil al PSD, máxime cuándo el partido parece seguir anclado en aquél entonces.

Aún hay campaña.

Seguiremos informando.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Días de Cine: "Mapa de los Sonidos de Tokio"

Lo bueno - y lo malo - de ir al cine con amigos es que, si son gente inteligente, te han desguazado la película desde el momento en el que te levantas de la butaca hasta el primer semáforo de tu ruta. Eso es bueno si, por ejemplo, acabas de ver una peli de Abbas Kiarostami y aún te estás rascando la cabeza a ver qué coño hacía esa niña con una manzana, pero es malo si te propones hacer un análisis de la película y te das cuenta de que probablemente no tengas ni una idea original que escribir. Así que éste artículo ha sido compuesto en parte por Diana y el Meister, aunque no estén aquí conmigo escribiéndolo.

Al tajo: con Isabel Coixet, por lo que tengo visto - que tampoco es tanto - sabes a lo que vas: a la estética. Y "Mapa de los Sonidos de Tokio" es así: estéticamente muy hermosa - y, haciendo honor al título, con un marcado énfasis en la estética del sonido en comparación con el aspecto visual - pero, siguiendo la inmortal frase de mi amigo James, el argumento es más viejo que el hilo negro: asesino/a tiene que matar hombre guapo/a, pero se enamora como un/a cretino/a y todo va mal.

Tal original argumento puede desarrollarse perfectamente en Madrid, Londres, Los Ángeles o Villar del Arzobispo, así que la directora se ve obligada a meter - en ciertos casos con calzador - constantemente momentos "coño, estoy en Tokio": mochis, tascas de gyudon, la línea Keihin-Tōhoku, love hotels, etcétera, etcétera.

Con éstos mimbres, es obvio que el trabajo de actuación no puede ser tampoco un estruendo. Sergi López hace su papel de hablar espantosamente cualquier idioma al que se dedique - lo cuál le identifica como español - y, por lo demás, cabe incluso la posibilidad de sobreactuar - lo que en ciertos casos ocurre.

En fin, es bonita, entretiene, pero no emociona.

Seguiremos informando.

viernes, 4 de septiembre de 2009

Ahí queda eso

Mi estimado amigo Hidalgo me pide que hable de la última ocurrencia del bigotismo. No sé que le ha dado últimamente a los partidos políticos de nuestro bienamado país, pero casi todas las iniciativas recientes sobre las que he leído dan la impresión de que se les ha ocurrido en la mesa del desayuno de un domingo por la mañana de mucha resaca: la "improvishación", que diría Rajoy.

Pero mientras las improvisaciones del gobierno, mal que bien, ayudan a los españoles a tirar adelante (420 euros son, efectivamente, pocos, pero menos da una piedra) las improvisaciones del bigotismo son, cuánto menos, inútiles, cuánto más peligrosas, y en general risibles.

Hablemos, pues, de su plan para salvaguardar a la infancia. Sobre lo de entrullar a los niños ya hablé largo y tendido en su momento y todavía nada me ha hecho cambiar de opinión.

Lo que ha provocado más risión ha sido la idea de impedir el acceso a Tuenti y a Facebook a los menores de 18 años.

La genial idea se engloba dentro de la idea que el sector más carcatólico del bigotismo (ese al que, por norma general, se le encarga la política de educación del partido) tiene en mayor estima: la de que los padres (entiéndanse como tal padres heterosexuales, católicos y monógamos) tienen el derecho y la necesidad de salvaguardar a sus hijos de ideas perniciosas, tales como el sexo, las drogas, la racionalidad laica y el idioma catalán. Y, dado que es obligación del Estado (como puede indudablemente leerse en el artículo 26 de la Constitución) el defender la familia tradicional y cristiana por encima de todo, el Estado debe bloquear perentoriamente cualquier posibilidad que tengan los inocentes niños cristianos de tener acceso a esa cosa tan mugrienta que se llama realidad.

Pero la propuesta prueba, una vez más, que gran parte del grupo parlamentario bigotista no ha tocado un ordenador como no sea para pasarse Powerpoints y ver vídeos de la FAES. ¿No saben, hombres y mujeres de Dios, que los niños de hoy en día saben latín y son capaces de burlar bloqueos para ver porno alemán con vacas, cuánto menos colarse en el Tuenti? ¿Como piensan controlar quién entra en Facebook, cuyos servidores están en, quizás, Oregón? ¿Montamos una carísima estructura de censura al estilo chino para contentar a la panda de Hazte Oír y a la tertulia de Ama Rosa?

En fin, para qué seguir. Yo me voy de vacaciones unos días a la costa y, como viene siendo tradición desde que me paso de media doce horas al día delante de una pantalla, no me llevo el PC y pienso mantenerme todo lo lejos de Interné que pueda. Pásenselo muy, pero que muy bien.

Y, cuándo vuelva, seguiremos informando.

martes, 1 de septiembre de 2009

Cascotes (XIII)

Empieza septiembre, y el 70º aniversario del inicio de la II Guerra Mundial permite a Pedro J. estampar en la portada de su panfleto una interesante entrevista cuyo titular es, atención, "Alemania estaba desbordada por el paro y quería un estado autoritario". Hmmmm.

Y como conmemoración, en Varsovia el gobierno local pide a Alemania y a Rusia que pidan perdón y reconozcan lo obvio, a saber, que Hitler y Stalin pactaron repartirse Polonia - para luego fostiarse por el resto.

Alemania ya pidió perdón por sus desmanes hace tiempo - y de forma muy gráfica - pero lo de Rusia, obviamente, era un poco más complicado. Pero dado que ahora hay buen rollo con el gobierno polaco - todo un contraste con la rusofobia exacerbada del gobierno de Zape Kaczynski - el mismísimo Vladimir Vladimirovich ha mandado un artículo al periódico más prestigioso de Varsovia, diciendo que sí, hombre, que mal estuvo, pero bueno, eso ya es pasado y nos espera un próspero futuro, etcétera, etcétera.

Así que ésta mañana, Zipi Kaczynski, Putin y Merkel mostrarán al mundo que, setenta años después, somos mejores personas, nos llevamos bien y no matamos a otras personas, por más que sean polacas.

Y, cuándo vuelva, Merkel se encontrará con los problemas que dejó, a saber, que la oposición de toda la vida, el Partido Socialdemócrata, se ve sobrepasada por Oskar Lafontaine y su alegre pandilla.

Expliquemos ésto: Oskar Lafontaine era el ministro de Finanzas del primer gobierno Schröder, y, desde siempre, fue elegido como cabeza visible del ala izquierda de los socialdemócratas. Resentido por no ser él mismo canciller - era el secretario general del partido, pero Schröder le ganó la nominación a la candidatura - nunca se sintió a gusto, y cuándo Schröder mostró señales de querer desmantelar parte del estado del bienestar alemán en aras del libre mercado que tantos beneficios parecía mostrar, Lafontaine se las dió de Rosa Díez pero a la inversa: se fue dando un portazo y fundó un partidículo de izquierdas de nombre impronunciable hasta en alemán.

En principio no parecería tener demasiado futuro, hasta que tomó una decisión cojonuda: unir su partido al Partido del Socialismo Democrático, el heredero designado del Partido Socialista Unificado de Alemania, el partido comunista de Alemania del Este. El PDS era una fuerza política a tener en cuenta (en el Este la oposición a la CDU son ellos, no los socialdemócratas) pero a escala nacional eran y son unos parias. Tener una figura como Lafontaine a la cabeza les permitía soñar con relevancia nacional, así que juntos fundaron un partido con el original nombre de La Izquierda.

Al contrario de lo que puedan hacerle creer, las elecciones de éste fin de semana no han sido para nada decisivas - Sajonia y Turingia están en el Este y la Izquierda ya era el segundo partido, y el Sarre es un mojón y, además, Lafontaine es de allí - pero la sensación general es que Lafontaine y sus amigos le están comiendo terreno a los miembros de la gran coalición. Algo puede saltar por los aires.

Los que sí han hecho saltar cosas por los aires han sido los japoneses, que han echado literalmente a patadas a toda una clase política: la de los burócratas con el pelo teñido y la raya a un lado, excesivos bebedores de whisky Suntory 12 años y que sólo abrían la boca para prometer una nueva carretera y gritar "banzai" cuándo el PLD ganaba las elecciones. La globalización económica es lo que tiene: está convirtiendo a Japón en un país igual que los demás, entiéndase, igual de jodido.

Seguiremos informando.