sábado, 4 de diciembre de 2010

Luchar y no explicárselo a nadie

Se acordarán de la huelga de Metro en Madrid, hará unos meses. Los trabajadores de Metro montaron un pitote épico, todo el mundo (literalmente) se cabreó con los trabajadores (y no con la Comunidad, que era la que proponía el recorte salarial). En aquél entonces escribí un artículo que fue muy comentado en el que decía que los trabajadores habían ganado en el sentido de que habían dejado claro que estaba en su mano parar la ciudad, pero que habían perdido ante la opinión pública debido a que, en parte gracias a su propia incapacidad de explicarse, en parte ante el gigantesco aparato de propaganda en su contra, el 95% de los madrileños creyó sin despeinarse que los trabajadores de Metro se habían puesto en huelga por que sí, o por joder, o explicaciones del mismo jaez. Y como es normal, ante semejante catástrofe de imagen pública, la Comunidad de Madrid tiene ahora manga ancha para hacer con los metreros lo que le venga en gana.

Uno pensaría que los controladores aéreos habrían aprendido algo de ésto, pero como ya les he dicho alguna vez, los sindicatos en España no se dan cuenta de que en éste país (y, por desgracia, en la inmensa mayoría) no existe ya la consciencia de clase que era el respaldo moral de cualquier huelguista. En consecuencia, si uno quiere hacer huelga, lo primero y lo más importante que debe hacer es explicar a los ciudadanos por qué la hace. Porque si no, pasa lo que ha pasado: la ausencia de legitimación ante los ojos de la ciudadanía da pie al Ejecutivo para hacer lo que le salga de la minga dominga.

La reacción ante la huelga por parte del Gobierno ha sido, naturalmente, exagerada; y más exagerada aún por nuestros infumables medios de comunicación, incapaces de leer el decreto (enlace aquí, ojo, PDF) que limita claramente el estado de alarma a las zonas delimitadas como torres de control titularidad de Aena. Es decir, que a pesar de que el 99,99999998% del territorio nacional NO está bajo ninguna medida de excepción, leyendo la prensa uno se piensa que estamos a punto de sacar los Leopard de paseo.

Cuando la primera crisis de los controladores, éste verano, dije que la navegación aérea debía estar en manos del Estado. Sigo pensándolo: la crisis de éste puente deja bastante claro que el tráfico aéreo en España es una infraestructura lo bastante fundamental y demasiado costosa como para entregarla a la libre competencia. (Pienso igual sobre las infraestructuras ferroviarias.) Eso sí, el hecho de que esté bajo titularidad estatal no ha de impedir que se administre conforme criterios de eficiencia y no bajo lo que los ingleses llaman, quizás no tan irónicamente, Spanish practices.

Si a uno se le da la responsabilidad de cuidar del buen funcionamiento de la aviación civil, no tengo ningún inconveniente en que sea remunerado conforme se merece y tenga los descansos que le regule la Organización Internacional de Aviación Civil. Pero a lo que no da pie esa responsabilidad es a erigirse en una casta sin vergüenza ajena que aprovecha su posición de privilegio para obtener concesiones por parte del Estado que no se hacen extensivas al resto de los trabajadores. Soy todo por los derechos de los trabajadores, y todo por los que defienden los derechos de todos los trabajadores. Pero a los que defienden única y exclusivamente lo suyo sin siquiera pretender defender lo de los demás, les pueden dar sustanciosa y militarmente por saco.

Seguiremos informando.