lunes 13 de julio de 2009

Inten·né

Por cortesía de Vodafone, no hay Internet en mi casa hasta el miércoles. Como saben, vivo donde Cristo perdió los bongos, así que imagínense como ha sido mi fin de semana.



Y, ahora, si me permiten, voy a revisar los webcomics que leo.

Seguiremos informando.

lunes 6 de julio de 2009

Cascotes (XI)

Buenas noches, amigos.

Antes de nada, permítanme darles un consejo: no se bajen los pantalones en plena calle. Yo lo he hecho y, créanme: es inútil, no es divertido, y, pensado en frío, no es digno ni decente. Tras éste breve consejo, vamos a lo que vamos, que es a darle una ojeada a las noticias de las últimas 72 horas.

China: Dentro de la enormidad que es China, Xinjiang es prácticamente un mundo aparte. Para que se hagan una idea, Urümqi, la capital, está más lejos de Pekín de lo que Oslo está lejos de Madrid. Los uigures, la etnia mayoritaria en la región, son culturalmente más parecidos a los uzbekos o a los kazajos que a los chinos han. Además, son musulmanes, lo cuál, en el impresionantemente paranoide estado policial chino les convierte en hombres malos y violentos por definición.

Como sabrán, China está viviendo el mayor éxodo rural de la historia de la humanidad. Millones (literal) de personas abandonan provincias rurales como Sichuan o Anhui en busca de una vida mejor. El gobierno de la República Popular China, con el doble objetivo de evitar el colapso de las metrópolis costeras y reforzar la seguridad de las fronteras más vulnerables, subvenciona generosamente a los chinos han que en lugar de dirigirse a Shenzhen o a Shanghai prefieren asentarse en el Tíbet o en Xinjiang. Obviamente los chinos han obtienen los mejores trabajos, tanto en el sector público como en el privado. El desprecio por lo local llega hasta tal punto que hasta la hora oficial en Urumqi es la hora oficial de Pekín (lo que lleva a que, al menos oficialmente, en Xinjiang amanece sobre las diez y media de la mañana)

Naturalmente, ésto genera resentimiento que, de vez en cuándo, estalla. Y cuándo estalla, es resuelto al estilo tradicional: a tiros. Repercusión final del asunto, cero. En seis meses estará olvidado. Suena cínico y despreciable, y lo es. Esperar y ver.

Honduras: Tenemos aquí un impasse: un presidente oficialmente legítimo de un lado, y un gobierno oficialmente ilegítimo del otro. Problema: los ilegítimos tienen rifles (el ejército hondureño parece mostrarse homogéneamente favorable al nuevo gobierno) y el legítimo no los tiene (y nadie piensa dárselos, ni siquiera Hugo-go)

¿Lo mejor que puede pasar? Que el gobierno ilegítimo convoque inmediatamente elecciones presidenciales y que éstas sean concienzudamente verificadas por observadores internacionales: empezar de cero. La esperanza que tengo es que la misión enviada a la OEA sea, específicamente, para informar de esas intenciones. Tampoco es que lo vea seguro, ni mucho menos.

¿Lo peor que puede pasar? Que Zelaya se suba a un avión, intente aterrizar en Toncontín y que pase una de éstas dos cosas: que se estrelle (lo que en Toncontín es tremendamente probable, dado que es un aeropuerto muy peligroso) o que lo vuelen por los aires de un misilazo. Ahí tenemos una guerra civil (más bien una masacre a gran escala, dado que, como he dicho, el Ejército no está por la labor de dividirse) y tachán, vuelta a 1982, así, de un soplo.

Camps: Antes de nada: el juez ES del PP. Imputar a Camps el mismo día de la presentación de Cristiano Ronaldo, en éste país de Dios, es garantizar que en ningún rotativo nacional (salvo quizás el Público y, por la cuenta que le trae, El País) vaya a plantar mañana las cinco columnas. Y si no, al tiempo.

Cuándo estaba en la facultad, mi gigantesco, asmático y simpatiquísimo profesor de Gestión y Administración Pública me dijo en una ocasión que si uno no podía resistir la tentación y deseaba recibir regalos por el ejercicio de su función pública, que se cuidase con que, al menos, los regalos fuesen cosas que uno mismo pudiese pagar con su sueldo; daba más y mejor el pego en caso de público escrutinio.

Francisco Camps, por lo que parece, ha seguido éste sabio principio, pero sin caer en la cuenta de que, cuánto más sube uno, más frecuente y concienzudo es el público escrutinio, y que, técnicamente (pero no, hélas, en la práctica) el electorado es indiferente a la escala de los vicios de sus gobernantes: pues vicios son, y como tal deben ser castigados. (Oigo las risas sardónicas de mis lectores desde Tijuana hasta Johannesburgo.)

La respuesta del bigotismo se inscribe dentro del principio de Cela: Quién aguanta, triunfa. El PP ha sabido entender que, para el ciudadano español desinformado (o sea, su electorado potencial) la dimisión equivale a reconocer la culpabilidad; y lo que es peor, que si el que dimite es culpable, el que no lo dimite no lo es. Diga lo que diga el juez, Camps no va a ir a la cárcel; en consecuencia, y salvo iluminación del Todopoderoso y la Santísima Virgen de los Desamparados que le lleve a sentir el, hasta ahora desconocido por él, concepto de vergüenza, el presidente de la Generalitat Valenciana paseará su cementado rostro y más cementados trajes por plazas de toros sin fin hasta las próximas y triunfales elecciones.

Seguiremos informando.

viernes 3 de julio de 2009

Las nuevas aventuras del Hombre Radioactivo

Ya saben ustedes (y si no lo saben es que no me leen con atención) que considero imprescindible nacionalizar la producción y distribución de energía eléctrica. Pienso así porque la distribución minorista de electricidad es un mercado que tiende como mínimo al oligopolio, cuándo no directamente al monopolio (por lo que, en consecuencia, la liberalización no beneficia al consumidor, cuándo no le perjudica) y, además, a éstas alturas del proceso de desarrollo español, el poder disponer de electricidad es prácticamente un derecho del ciudadano.

La "solución", así, entre comillas, a la ya crisis sobre qué hacer o no con la central de Santa María de Garoña ha sido, fundamentalmente, la de pasarle la bola al siguiente gobierno y, ya de paso, tener un argumento para la campaña de 2012 (a saber, "El PP mantendrá abiertas las centrales nucleares"). Y tal resolución ha generado el llamado "consenso español", a saber, todo el mundo está de acuerdo en no estar de acuerdo.

El problema de cerrar una central como Garoña es que inmediatamente das justificación a las eléctricas para: a) subir la tarifa (como si necesitasen excusas), b) construir una gigantesca central térmica que contamina chiquicientas veces más en algún lugar aislado, tipo un parque nacional. Y si te atreves a decir que no, irán a Bruselas y su equipo de abogados conseguirá que la Comisión Europea les dé la razón, con lo que construirán la central térmica, subirán la tarifa un 44,5%, y probablemente crearán un ejército privado de androides.

Y el problema de no cerrarla es el obvio: que cada día que pasa aumenta el riesgo de que un día cualquiera vayamos al supermercado y las morcillas de Burgos sean de un fosforescente azul aguamarina.

Mi opinión sigue siendo la misma: estoy a favor de la energía nuclear, siempre y cuándo prime por encima de todo la seguridad y la sostenibilidad.

En España, donde tenemos una central nuclear cerrada porque iba a hacer "boom", donde los escapes son alegremente ocultados, y donde las eléctricas son lugares más para hacer política que negocio, qué quieren que les diga, más bien no.

Y es que las alternativas no son mejores: una central térmica en un precioso bosque asturiano; pagar un 55% más por comprarles electricidad a los franceses (que, sorpresa, se produce en centrales nucleares) o convertirnos en jipis con bata y sólo encender una bombilla los domingos y fiestas de guardar. En ningún caso estoy contento.

Pero bueno, es lo que hay. O eso, o cruzar los dedos para que el ITER salga con algo productivo.

Seguiremos informando.

jueves 2 de julio de 2009

La Verbena de la Reinona

Divertidísima la sucesión de resbalones de la ínclita Municipalidad de Madrid respecto a las Fiestas del Orgullo Gay. Antes de ayer mismo decían que era la situación era intolerable, que los vecinos de Chueca no hacían sino quejarse y que era imprescindible mover la fiesta a otro sitio menos molesto. Y curiosamente, en menos de veinticuatro horas se consideró que había sido un malentendido, y que como iban a quitarle la fiesta al barrio, por el amor de Dios.

Obviamente, la idea de cortarle las alas al Orgullo vino de la indispensable señora de Aznar López, en un paso más en su obsesión de vivir en un mundo donde las peras sean peras, las manzanas sean manzanas, y las criaturas peludas de Alfa Centauro sean criaturas peludas de Alfa Centauro. Cada día que pasa me refuerzo más en mi opinión de que Ana Botella está en el ayuntamiento simplemente para que Ruiz-Gallardón pueda enmendarle la plana y parecer más de izquierdas. Y lo jodido es que le funciona, al hijoputarl. Pero en fin.

La marcha atrás del ayuntamiento es, en opinión de éste su corresponsal, la certificación oficial de la conversión final del Orgullo Gay. Lo que antaño era exclusivamente una pública reivindicación social cargada ideológica y políticamente, se ha convertido, por obra y gracia de la gloriosa tendencia a la celebración de éste maravilloso país mío, en las fiestas patronales del barrio de Chueca (o, como ya le oí decir a alguien alguna vez, las fiestas de san Marica)

Y qué quieren que les diga: me parece bien. Estoy totalmente a favor de la inmensa mayoría de las reivindicaciones políticas de los grupos LGBT, pero siempre he mirado con circunspección a los über-activistas, ésta gente que no puede pensar en divertirse porque está demasiado ocupada luchando; fundamentalmente porque choca con mi visión del marxismo, que no puede entender a Karl sin Groucho.

Además, como verbena popular establecida, el Orgullo obtiene la ventaja que tienen todas las fiestas populares en España: manga ancha. Para desgracia de casi todos nosotros, las fiestas patronales de cualquier sitio justifican cualquier tropelía. Pensarán que me refiero a las crueldades animales, pero ahora mismo no sé qué decirles qué es más cruel: el toro embolado, o la orquesta "Expejoss" acompañando a una pobre tonadillera de tres al cuarto fusilar una versión de Se Me Enamora el Alma a las dos y media de la mañana (diatribas que le salen a uno tras intentar dormir durante unas cuántas fiestas de Santiago Apóstol en Collado Villalba)

Pero, en mi opinión, lo más importante es que, al reunir a millones de personas de todo tamaño, edad, clase y condición, homos y heteros alike, el Orgullo se convierte en la celebración del hecho incontestable de que en ésta ciudad, sin importar quién, qué o cómo se sea, hay un derecho inalienable que no se nos puede quitar: la posibilidad de beber en la calle mientras se habla a gritos con los amigos.

Es la esencia del madrileñismo fiestero, joder. Así que éste fin de semana allí me encontrarán.

Seguiremos informando.

miércoles 1 de julio de 2009

La deseada legitimación alsaciana

La inmensa mayoría de la clase política española ha dado un largo y sonoro suspiro de alivio al recibir la noticia de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha considerado legal la Ley de Partidos.

Como soy un onvre valeroso, me he ido a la página del TEDH a darle una ojeada a la resolución, que en un alarde de internacionalismo está publicada únicamente en francés. El abogado de Batasuna (un francés de San Juan de Luz con el euskaldunísimo apellido Rouget) argumentaba que la Ley de Partidos vulneraba el artículo 11 de la Convención Europea para la Protección de los Derechos Humanos, que trata de la libertad de asociación.

Para no aburrirles ni cansarles con legalismos, digamos que dos hechos obligaban al Tribunal a darle la razón al Gobierno. Primero, la jurisprudencia: en 1998 Turquía (que es parte del TEDH) prohibió los partidos islamistas; el TEDH le dio la razón (aunque no impidió que en las siguientes elecciones volviesen a ganar). Segundo, la batería de legislación antiterrorista aprobada tras el 11-S, que básicamente permitían a los países europeos que así lo decidiesen restringir derechos y libertades fundamentales en aras de la salvaguarda contra el terror. Como sabrán, España fue uno de los pocos países europeos que no modificó de forma notable su legislación antiterrorista tras el 11-S, más que nada porque ya era (y es) bastante dura de por sí.

La decisión de Estrasburgo se engloba en la definitiva asunción por la inmensa mayoría de la sociedad española de la teoría de que con ETA se acaba a palos. El último converso ha sido Iñaki Gabilondo, más que nada porque (supongo) queda mal ser tibio con la Ley de Partidos si tu propio hermano se sienta en el Consejo de Ministros.

El objetivo político ahora es convencer a los aproximadamente 80.000 vascos que creen a pies juntillas que la independencia de Euskal Herria sólo puede conseguirse a bombazos de que las urnas son más útiles que los bombazos. El éxito de ETA hasta el momento, sobre todo en los últimos años (estoy siendo sarcástico aquí) prueba la clase de gente cabezona con la que estamos tratando; pero están ahí, son ciudadanos españoles y por muy despreciables que sean tienen los mismos derechos que el resto de nosotros.

¿Cómo hacerlo? Ahí me pillan ladeado. Podremos tratar del tema más tarde.

Seguiremos informando.



martes 30 de junio de 2009

La obligación del friki politólogo

Lo primero que he hecho ésta mañana al llegar a la oficina (bueno, tras hacer lo que tenía que hacer en el curro y, muy importante, sacarme un café de la máquina) es salir en pos de la Constitución hondureña. Me explico (y más me vale): ésta mañana, en Público, el señor Escolar indica que, efectivamente, el presidente Zelaya incumplió la constitución, pero como ésta es "surrealista" (sic) y su reforma es casi imposible, digamos que queda justificado. Así que, como buen friki politólogo, me puse a revisarla en busca de los artículos que hablen de los procedimientos de reforma. Pero nada más empezar...
ARTICULO 3.- Nadie debe obediencia a un gobierno usurpador ni a quienes asuman funciones o empleos públicos por la fuerza de las armas o usando medios o procedimientos que quebranten o desconozcan lo que esta Constitución y las leyes establecen. Los actos verificados por tales autoridades son nulos. El pueblo tiene derecho a recurrir a la insurrección en defensa del orden constitucional. (Las negritas son mías)
¿Heavy, no?

Pero a lo que íbamos: los mecanismos de reforma constitucional están indicados en los artículos 373 y 374. El 373, como me esperaba, permite la reforma constitucional por el Congreso, con los márgenes de siempre: dos tercios del Congreso antes de la reforma y dos tercios del Congreso después de la reforma. En España los márgenes son parecidos, cuándo no iguales.

El artículo sustancioso es el 374:
ARTICULO 374.- No podrán reformarse, en ningún caso, el artículo anterior, el presente artículo, los artículos constitucionales que se refieren a la forma de gobierno, al territorio nacional, al período presidencial, a la prohibición para ser nuevamente Presidente de la República, el ciudadano que lo haya desempeñado bajo cualquier título y el referente a quienes no pueden ser Presidentes de la República por el período subsiguiente.
Caramba. No sé ustedes, pero no veo por ninguna parte ningún impedimento constitucional a consolidar los logros económicos y sociales que pueda haber obtenido u obtener el gobierno del presidente Zelaya. Lo único que impide clara y tajantemente es la reelección del presidente.

No estoy a favor de la limitación constitucional de mandatos; soy de la muy generalizada opinión de que la limitación de mandatos la establece la ciudadanía a través de elecciones. Pero, sinceramente, cuándo de lo que realmente se trata es de sacar a la población de la miseria, lo importante es que se haga, no quién lo haga. Y por mucho que insistan, dudo seriamente que Manuel Zelaya sea la única persona de izquierdas en Honduras. Me sigue oliendo a quemado todo ésto.

Nota bene: Insisto, por si no ha quedado absolutamente claro: por muy cretino que haya sido el presidente Zelaya en el ejercicio de sus funciones presidenciales, sigue siendo, hasta que el pueblo hondureño decida lo contrario en unas elecciones libres y democráticas, el presidente constitucional de Honduras. El golpe de Estado es inequívocamente condenable y condenado desde aquí. Una cosa no justifica la otra.

Permítanme que dedique la última parte de éste artículo a responder al comentario de don Mastropiero al artículo de ayer.

Es obvio que éste blog se come con patatas miles de hechos relevantes, por no decir millones de matices, a la hora de tratar y comentar los temas. En éste mismo caso, por ejemplo, yo no he estado en Honduras en la vida: malamente voy a poder declararme autoritativo en éste o en cualquier otro caso. Y dicho ésto, que quede absolutamente claro que en ningún caso deseo esquivar el debate razonado ni la discusión civilizada; nada de lo que escribo es la verdad indiscutible.

El populismo es el populismo, tanto en Madrid como en Kuala Lumpur, y en mi modesta opinión es igualmente despreciable en todos los casos. Entiendo por populismo una política que intenta gobernar desde la garganta y el estómago, cuándo no desde el puño: una política de los instintos primarios. Por desgracia, el surgimiento del populismo no tiene que ver ni con la cultura, ni la religión, ni la raza; nadie puede decir que la cultura italiana está subdesarrollada y ahí les tenemos, con el Papichulo en el Palazzo Chigi. En todos y cada uno de los casos, sea en Europa, Asia o América, sea de izquierdas o de derechas, el populismo es una forma despreciable y rapaz de hacer política y desde aquí nuestro objetivo es enfrentarnos a él con todas nuestras fuerzas.

Y, por último, me hago partícipe de su satisfacción por el ascenso de los chicharreros de sus amores, y no puedo sino recomendarle que lo disfrute...mientras le dure.

Seguiremos informando.

lunes 29 de junio de 2009

Cascotes (X)

- Por fin terminó la Copa Confederaciones, con las siguientes conclusiones: Brasil hace de Italia y gana (inmerecidamente), Italia hace de Italia y pierde (merecidamente), Estados Unidos define para las generaciones futuras la expresión "voluntariosos cuñaos" y Egipto sigue sin tener suerte en las competiciones de alto nivel.

¿Y España? Ah, España. Intenté escuchar el Carrusel Deportivo durante el Brasil-Italia de las eliminatorias y tuve que apagar a los cinco minutos: jamás he visto a hombres adultos masturbarse verbalmente con tanto entusiasmo. La derrota contra los yankis enseña varias cosas: no se ganan partidos sólo con la leyenda, los rivales se nos van a echar encima con entusiasmo, y , Vicente, un consejo: el hecho de que tengas que seguir el principio que nos hizo ganar la Eurocopa no significa que tengas que poner a los mismos jugadores que en la Eurocopa. A Sergio Ramos, por ejemplo, le vendría bien un poco de banquillo, más que nada porque juega cargando con su ego como si fuese una mochila.

- Una breve línea sobre Michael Jackson. Quería ser como Elvis, fue como Elvis y acabó como Elvis. Y no pienso decir nada más sobre el tema.

Seguiremos informando.

Ni héroes ni víctimas

El inconveniente de solventar las cosas vía rifle es que automáticamente pierdes la razón y se la das a tu rival/contrincante/enemigo. Ha sido el caso del ya de por sí poco glorioso Ejército hondureño, que tras un par de días dubitativos ha adoptado la medida que todos esperábamos, a saber, meter al presidente en un avión (en pijama, según sus propias palabras) y enviarlo a donde, técnicamente, no estorbase.

Y, en consecuencia, muy a mi pesar, y contrariando lo que pueda haber dicho en el Facebook, me veo obligado a darle la razón al presidente Zelaya y ponerme de su lado.

¿Por qué a mi pesar? Porque el presidente Zelaya, por mucho que Ignacio Escolar le glorifique ahora como un héroe del pueblo y del proletariado, es un Populista Latinoamericano™ de manual. Y si no me creen, como decía Cantinflas, pos a las pruebas me remito: ranchero rico con un porrillón de lempiras, se mete en política y, enfrentado con el resto de su partido, se adhiere al chavismo triunfante en el Caribe, más que nada porque Venezuela paga más y mejor. Obviamente, las oligarquías dominantes se alzan en su contra, etcétera, etcétera.

La crisis definitiva viene porque el presidente quería (y supongo que aún quiere) seguir el procedimiento estándar patentado por Hugo-go: convocar una Asamblea Constituyente con el fin de crear una Constitución más democrática y que institucionalice las conquistas sociales que, mal que bien, se están obteniendo en Honduras. Hasta ahí perfecto: el problema es que el Parlamento, donde la oposición tiene mayoría, obviamente dice que ni flowers.

Repito: la oposición tiene mayoría en el Parlamento. Si el Presidente de Honduras fuese elegido por el pueblo y el Congreso elegido por malvados aliens interplanetarios, tendría un pase, pero dado que, de forma bastante incontestable, tanto el Presidente como el Congreso han sido elegidos por el mismo pueblo hondureño (y he de suponer que si existe el fraude, no hay motivo para que sea diferente en uno u otro caso), me veo tentado a entender que presentar la historia como una pugna entre pueblo vs. oligarquías es simplificar un poco demasiado la situación.

Entonces, si yo hubiese sido el presidente de Honduras, me hubiese puesto manos a la obra: habría hecho campaña desde el primer día para que en las próximas elecciones parlamentarias existiese una nueva mayoría democrática y de izquierdas que llevase a cabo las tan necesarias reformas. Éstas las llevaría a cabo mi sucesor (no se puede tener todo) pero podría pasar a la historia como el hombre que puso los cimientos del cambio democrático.

Y ahí es donde reside la clave del populismo: en lugar de hacer eso, Zelaya se empeñó en lograr la legitimación "en los brazos del pueblo". O, en castizo, por sus cojones. La idea era aprovechar las elecciones legislativas (esas en las cuáles el presidente tendría que haberse empeñado en hacer elegir a sus candidatos) para convocar una encuesta popular, no vinculante jurídicamente (pero, por supuesto, sí políticamente) sobre si se debía o no convocar una Asamblea Constituyente. Aquí es donde empiezo a oler a quemado: si la voluntad popular de cambiar la Constitución es tan fuerte, ¿por qué no confiar en obtener una holgada mayoría reformista en el Congreso en lugar de insistir en la tal encuesta?

En todo caso, el Tribunal Supremo Electoral, elegido por el Parlamento y, en consecuencia, dominado por la oposición, le dice al presidente que nones. Y aquí es donde viene la parte más surrealista del show: sin acceso a los recursos del TSE para convocar elecciones (para empezar, las urnas) el presidente llama por teléfono a Hugo-go, que, ipso facto, llena un avión con urnas y lo manda a una base aérea en Tegucigalpa. En Honduras, ante la alarmante falta de recursos de la policía (pobrecicos) quién se encarga de velar por la limpieza (quicir) de las elecciones son las Fuerzas Armadas. Y tenemos a un avión en una base aérea lleno de urnas destinadas a hacer algo que el Tribunal Supremo ha dicho ya que es ilegal. El presidente le dice al jefe del Ejército que le de las tales urnas. El jefe del Ejército cumple estrictamente la ley y le dice al presidente que su madre en bolas. Y el presidente toma la muy democrática decisión de, tachán, echar al jefe de las Fuerzas Armadas. Y, ya de paso, llevarse las urnas.

Pero, como ya he dicho, solventar las cosas vía rifle te deslegitima, mala suerte. La única opción que le queda al Ejército hondureño es permitir el regreso del presidente; y con la legitimación internacional que te da el tener que huir en pijama, se entiende que ahora el señor Zelaya tendrá las manos más libres para reformar el país de la manera que él y el pueblo hondureño entiendan.

Pero que quede claro desde ya: en ésta historia no hay ni héroes ni víctimas. Y puede que ésto me genere disputas, pero lo tengo más que claro: a mi parecer, la coherencia democrática está por encima de la opción política. La tiranía y la arbitrariedad no puede justificarse jamás, por más que beneficie a los desfavorecidos. Aunque sólo sea porque la historia prueba que, tarde o temprano, termina perjudicando a todos.

Seguiremos informando.

miércoles 24 de junio de 2009

Voyage Voyage (III)

En los últimos tres meses he estado dos veces en Roma y me enorgullezco en decir que en ninguna de éstas veces he tirado una moneda a la Fontana de Trevi. Probado científicamente que es innecesaria la tal ceremonia monetaria, hablemos de la Ciudad Eterna y sus cosas.

De los chiquicientos autobuses turísticos que recorren la capital italiana el indudablemente más cañí es el propiamente llamado "Roma Cristiana", íntegramente de amarillo canario (amarillo vaticano, para los reverentes) y patrocinado por la Obra Pontificia para las Peregrinaciones, lo que viene a ser por Ratzinger himself. Afortunadamente, nadie en nuestra expedición estaba en plan de ver cureces (gracias a Jehová), así que nos metimos en un otobús de dos pisos, expuestos a la inclemente solanera romana, para sacar fotos y más fotos de la Urbs.

Me volvió a sorprender la cantidad de fascisteces (así, literal) que sobreviven en Roma. Ya saqué en mi primer viaje fotos de los mosaicos neorromanos que hay junto al Estadio Olímpico, mostrando a heroicos italianos gaseando etíopes desde biplanos y luego haciéndoles plantar trigo, junto a la leyenda "9 de mayo XIV E.F. (N. del T: 14º de la Era Fascista, a saber, 1936): Italia tiene finalmente su imperio". Ésta vez, junto al mausoleo de Augusto (gigantesca estructura, oiga), placas y más placas de mármol glorificando a Mussolini y a su voluntad de restaurar el orgullo de los italianos.

En puridad, el barco no se detenía en el puerto de Roma, fundamentalmente porque no existe tal cosa. La escala era en Civitavecchia, puerto sito a unos 75 kilómetros de la capital italiana y enlazado con ella a través de una línea de ferrocarril. Los ferrocarriles italianos se destacan por dos cosas: primero, que todos sus funcionarios han de estar espectacularmente uniformados, dentro de la pasión inconmensurable de los italianos hacia cualquier tipo de uniforme; y segundo, que todas las estaciones, sin excepción, han de mostrar, al menos, un leve grado de dilapidación, incluyendo, como no, el inevitable graffiti.

El hecho de que la palabra graffiti sea italiana demuestra el amor del pueblo transalpino por ésta forma de expresión. Están por todas partes: señales de tráfico, buzones de correo, columnas bizantinas, coches, motos, taxis, árboles, donde haya una superficie inscribible ahí ya habrá pasado un italiano con, por lo menos, un pincel grande. Y lo que más me sorprende: en dos tercios de los casos, los graffiti no tienen un objetivo político o de autosatisfacción, sino, por increíble que pueda parecer, un objetivo amoroso.

Con frases como "Sandra, eres lo mejor que me ha pasado. Geno"; "Tommaso, te amo y lo haré siempre. Patrizia." , y así sucesivamente, los italianos plasman sus amores y desamores por las paredes, como posiblemente lleven haciendo desde los tiempos de Tarquinio el Soberbio. Como yo, al final, soy invariablemente un hortera, no puedo sino apreciarlo.

Seguiremos informando.

lunes 22 de junio de 2009

Voyage Voyage (II)

Fascina de los napolitanos su negativa absoluta a sacar conclusiones por su cuenta de cualquier cosa que les digan (hay que comprender que en un mundo dominado por la Camorra, pensar es, generalmente, una mala idea): todo el mundo tiene una anécdota parecida y la mía fue en un kiosco de prensa del puerto de Nápoles.

CardinalXiminez: ¿Tiene billetes de autobús?
Napolitano: Sí.
(Pausa tensa de unos breves segundos.)
Napolitano: ¿Los quiere?

En todo caso, volvimos de Sorrento tan aterrados por Nápoles (opinión no atenuada precisamente por el hecho de que, en pos de un autobús para volver al barco, atravesásemos por el pleno núcleo del barrio portuario, con sus vendedores tuertos de fruta, restaurantes a los que sólo falta el cartel de "Mafia welcome" en la puerta y lo que nunca había visto en directo en la vida, un tipo llevando un cerdo congelado a la espalda en plena calle) que decidimos retirarnos directamente al barco, no sin antes pasar a hacer lo que yo, personalmente, había venido a hacer en Nápoles: comerme una pizza. Y eso hicimos. Mi hermano el Mat, dotado de un espíritu más aventurero que el mío, decidió quedarse en Nápoles y pasear en un autobús turístico (a unos extorsivos 22 euros por pasajero) y se llevó a mi tía y a mi abuela, mientras que el resto de la familia se refugiaba en la aséptica seguridad del barco. Y, por lo que me contaron, descubrieron que, a pesar de los múltiples pesares, Nápoles es una hermosísima ciudad, con nobles edificios neoclásicos construidos por el mejor rey que ha tenido Nápoles, Carlos VII (usted, señora, lo conocerá mejor por el nombre que se le dio una vez se le ordenó volver de allí: Carlos III) y hermosas vistas del imponente Vesubio y del enorme golfo.

En todo caso, cuándo volvieron, ya era tarde. Nuestro siguiente destino era Civitavecchia, desde donde partiríamos a Roma.

Seguiremos informando.

Voyage Voyage (I)

¿Qué clase de bloguero del mal soy que me voy de vacaciones sin dar ni una sola pista a mis lectores? Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación: en mi casa habíamos conspirado malvadosamente para darle una sorpresa a mi encantadora abuelita y a mi tía acerca del crucero por el Mediterráneo que íbamos a realizar, así que tras una consistente labor de misterio y pruebas falsas (incluyendo una falsa reserva de coche digna de la operación Carne Picada) pudimos llevarlas hasta el mismo muelle del puerto de Barcelona sin que se dieran cuenta de a dónde realmente iban. Y, obviamente, ésta concienzuda labor de camuflaje no podía ser revelada, incluso a ustedes, mis más fieles lectores, pues saben que, por encima de casi todas las cosas, soy un amante de las buenas sorpresas.

Y, en consecuencia, desde el sábado pasado hasta el mismo día de ayer, he estado recorriendo el Mediterráneo occidental, mayormente a bordo del Voyager of the Seas, un colosal barco de cruceros con todos los detalles que uno esperaría de un barco yanki: Primero: desayunos a base de huevos, salchichas, y el peor café que he probado en mi vida (con diferencia); Segundo: la manifiesta imposibilidad de ver fútbol (el de verdad, no el otro) en el barco; Tercero: un pasaje dividido en cuatro partes diferenciadas: gente colosalmente gorda, la alta burguesía del mundo árabe bañándose vestida en el jacuzzi, españoles (de los que hablaré ahora) y espigadísimas rubias americanas que mostraban su sumisión a los roles sociales del establishment mostrando una total y absoluta indiferencia a todo y a todos (todo éste último pasaje es una diatriba reflejando mi frustración por el hecho de que ninguna en general, y la morena del flequillo en particular, me hizo ni pugnetero caso); y Cuarto: un horario de comidas y actividades que impidió prácticamente a todo el pasaje, incluyendo a un servidor, de experimentar lo que posiblemente es la costumbre más saludable y exportable del mundo mediterráneo: la Siesta.

Y luego las visitas: Nápoles fue todo lo que me esperaba: un monumento a Italia en su peor faceta, la de la decadencia, suciedad, ruido y chiquicientos millones de motorini circulando sin piedad ni vergüenza en todas las direcciones y, en todo caso, con manifiestas intenciones homicidas. La primera cosa que hice al desembarcar fue, como en casi todos los lugares que visito y de los que tengo un conocimiento al menos tangencial del idioma, es comprar un periódico local. Y la noticia del día en Il Mattino era la de un rumano al que tuvo la mala suerte de estar en medio mientras camorristas en moto (nota bene: en Nápoles, quién va en moto con un casco integral, o es forastero, o va a matar a alguien) fusilaban con submetralladoras un reducto de camorristas rivales en pleno centro de Nápoles y al que habían dejado morir a las puertas de la estación del metro, mientras la gente a su alrededor directamente salía corriendo, no sin antes validar su ticket del subterráneo. Pero, naturalmente, el día mejoró: tras un viaje en la Circumvesuviana (un ferrocarril de vía estrecha cuyos coches datan de los años 60, tiempos en los que el aire acondicionado móvil era impensable y a los que el sol inclemente de la Campania convierten en alegres y traqueteantes hornillos portátiles) llegamos a Sorrento, un lugar que, según ya celebrada frase, es tan bonito que da rabia. No sería el único sitio.

martes 9 de junio de 2009

Notas sobre unas europeas

El PSOE ha perdido las elecciones. No voy a decir, como Roger Senserrich, que menos mal, pero, en efecto, es un toque de atención del electorado a una verdad que ya lo era antes de las elecciones: el miedo a la derecha es un fenómeno de duración limitada, y nunca, nunca, debe ser sobreexplotado. Fuimos a las elecciones del 96 esperando repetir milagro y nos fue como fue; ni podemos ni debemos repetir.

Especialmente sangrante ha sido la campaña publicitaria del PSOE, que probablemente haya sido la peor que recuerdo, y eso que recuerdo aquella en la que pusieron a Fernando Morán en los carteles de forma que parecía una mezcla entre Aquaman y Sara Montiel. El PP dijo que ofrecía soluciones sin proponer abiertamente ninguna; el PSOE, en lugar de hacer sangre en una deficiencia tan obvia (di qué vas a hacer en el Europarlamento, copón, y si no se te ocurre nada, ¿por qué no mirar el programa del Partido de los Socialistas Europeos?) prefirió insistir en el hecho que, oh maravilla, el electorado ya sabe: los del PP son unos cuñaos.

En todo caso, para las próximas elecciones europeas, sería una idea razonable que el PSOE pase de su ego y que haga campaña única y exclusivamente bajo la marca Partido de los Socialistas Europeos: primer paso para insistir en Europa y quitarle el aire de plebiscito que la derecha quiere dar a las europeas.

Estoy bastante decepcionado y preocupado con los resultados generales: esperaba que en Europa del Este la crisis serviría para sacar del limbo a una izquierda magra y desilusionada, aplastada por las fuerzas conjuntas del neoliberalismo y del conservadurismo represivo, pero el fascismo en general se ha movido más y mejor.

Seguiremos informando.

viernes 5 de junio de 2009

El manuscrito Voynich

Es la explicación más sensata que he encontrado hasta el momento:

- Éste es el Manuscrito Voynich: un libro, supuestamente de hace quinientos años, escrito en un lenguaje irreconocible. Es una especie de enciclopedia visual ilustrada de plantas imaginarias y "recetas" sin descifrar. Puede ser un fraude, un lenguaje perdido, una clave, una enciclopedia extraterrestre, glosolalia...nadie lo sabe.
- ¿Nadie? Pero si es obvio.
- ...¿Obvio? ¡Los lingüistas y criptógrafos han estado peleándose con el texto durante décadas!
- Se olvidan de que la naturaleza humana nunca cambia. Imagínate que nos encontramos con un libro de nuestra época, lleno de listas, ilustraciones y largas y aburridas descripciones de mundos inexistentes escritas en un lenguaje inventado. ¿Qué es lo que hemos encontrado?
- Oh, Dios mío...es que ES obvio.

Hace quinientos años...
- ¡Pardiez! ¡He hecho una concocción de un elixir del valor!
- ¡Mentís! ¡El libro dice que necesitáis veneno de lobo!
- Así que vuestro druida pierde dos puntos.

Éste artículo, como no, está dedicado al Gentleman.

Seguiremos informando.

Cascotes (IX)

Pedrada: Los holandeses son gente muy suya y votan los jueves: el motivo es que tanto viernes, como sábado, como domingo, son días santos para parte de la población y eso puede impedir que vayan a votar. Y como también son gente muy suya, desoyen completamente las recomendaciones de la UE (a la que le cuesta horrores hacer pasar éste proceso como unas únicas elecciones en lugar de veintisiete elecciones que, por un casual, se celebran al mismo tiempo) y publican los resultados a lo que van saliendo de las urnas.

Y el resultado en los Bajos Países es el que me espero para casi toda Europa occidental: una participación bajísima (36,5% en Holanda, ayer) lo que sobrerrepresenta a la derecha en general y a la derecha más ultra y freak en particular. Y cuándo en Holanda hablamos de derecha ultra y freak hablamos, como no, de Geert Wilders, el hombre cuya falta de vergüenza se demuestra en el peinado que lleva. Y si a todo el mundo el nombre de don Geert le pilla de sorpresa, a usted no, señora: recuerde, una vez más, usted lo leyó primero en Ruina Imponente.

Pedrada: Me pregunta el señor Mastropiero por qué no hablo de la sucesión de Lil'Kim. El Querido Líder está muy malito: cuándo por fin apareció en el Congreso del PTC tras meses sin salir a la calle había perdido sus adorables mofletitos de couch potato y se había transformado en un hombre avejentado y demacrado, aún con las toneladas de pote que le habían puesto en la cara. Como recordará, en septiembre hablé de los posibles sucesores de Kim, y dado que la situación todavía no ha cambiado demasiado, no puedo extenderme mucho más.

Pedrada: El presidente de los Estados Unidos va a El Cairo para explicarse ante el mundo musulmán. Vuelvo a insistir: la popularidad, importancia y éxito de Obama reside en que, por primera vez en mucho tiempo, tenemos a un líder político de primer orden que ignora la (por desgracia) ya consagrada opinión de que la política es mercadotecnia basada en la "ilusión" y los instintos primarios y dedica todos sus esfuerzos a explicarse de la forma más elocuente y detallada posible con el fin de convencer a la gente (Y es ESO, y no otra cosa, lo que debería entender el PSOE). Es absolutamente obvio que Obama no va a convencer a Bin Laden, Ahmadineyad y Nasrallah únicamente hablando; pero el discurso no va destinado a ellos. Va destinado a la clase media musulmana: tenderos en Karachi, Yogyakarta o Casablanca, gente a la que las acciones de Occidente en general y de los Estados Unidos en particular han convencido de que lo único que pueden venirles de por allí son bombazos y racismo mal disimulado. El discurso, como es habitual, es bastante bueno, y lo que es más importante, es meridianamente claro. ¿Lo habrá logrado? El tiempo lo dirá.

Seguiremos informando.

jueves 4 de junio de 2009

Viva el lujo y quién lo trujo

Entre las medidas que ha tomado el Gobierno para incentivar la economía (medidas más cosméticas que otra cosa en mi modesta opinión, pero eso es otra historia) está la tan mentada ayuda para la compra de utomóviles. La intención del nuevo plan es premiar a los que compran coches pequeños y de bajas emisiones y consumo de combustible, para con ello matar no dos, sino tres pájaros de un tiro: primero, ayudando a reactivar el moribundo sector automovilístico; segundo, intentando sacar de la cola a España en lo que a reducción de gases de efecto invernadero se refiere, y, tercero, ahorrándole a la balanza de pagos el parné necesario para abastecer de crudo a tanto coche viejo y bebedor.

Pero como saben, en ésta nuestra autonomía central Esperanza Aguirre Gil de Biedma gobierna sin ningún pudor para los Suyos. Y si los Suyos lo que quieren es un Canyonero, quiénes son esos rojos del Gobierno para privar a la Elite de su libertad de utilizar el dinero público para su propio beneficio. Así pues, lo que hace el gobierno autonómico es pagar un 20% del impuesto de matriculación, independientemente del tamaño del vehículor. Lo que significa que mientras comprarte un Dacia Sandero implica una ayuda de, pongamos 200 euros, comprarte un coche ocho veces más grande, tipo, un Audi A8, implica una ayuda ocho veces más grande.

Coñe, el artículo 40.1 de la Constitución dice que los poderes públicos deben trabajar por una distribución de renta más equitativa. Una subvención directa que beneficia por igual a un servidor y a Emilio Botín no sabría yo decir si es demasiado equitativa, que digamos.

Lo más gracioso de todo es que la nueva ley autonómica permite que sean los concesionarios, y no los compradores, los que reciban las ayudas; por lo que los concesionarios madrileños podrán comprar flotas de coches a precio rebajado (y recuerde, señora, la rebaja corre de su cuenta) y volverlas a revender incluso fuera de la Comunidad de Madrid. El objetivo, naturalmente, es hinchar las cuentas de los concesionarios capitalinos (gente normalmente muy trajeada y muy engominada) a expensas del resto de la humanidad. Obviamente, los dueños de los concesionarios de ésta nuestra ciudad aplauden con las orejas.

Pero el problema es que el bigotismo, en su lucha cerril contra todo lo que suponga un supuesto desmedro para la unidad de ESPAÑA (así, con mayúsculas) se ha declarado abiertamente en contra de que las autonomías tengan potestad para hacer precisamente cosas como éstas. Mariano (añada rima fácil aquí) incluso ha llegado a proponer un Consejo Nacional de la Unidad de Mercado. Si un tal consejo fuese políticamente neutral hasta que no sería una mala idea, pero conociéndonos (y, sobre todo, conociendo al pergeñador del engendro) básicamente sería una estructura diseñada para meterle el dedo en el ojo a las comunidades gobernadas por la oposición de turno en general, y a Cataluña en particular.

Pero que el gobierno más representativo del bigotismo se salga con un ataque tan frontal y obvio contra la unidad de mercado, la proporcionalidad fiscal, el protocolo de Kioto y el sentido común sólo puede entenderse en el contexto de un gobierno, el del PP de Madrid, que está absolutamente convencido de que ésta comunidad es su cortijo, que serán reelegidos por los siglos de los siglos, y que el objetivo primordial del gobierno de Madrid es servir de contrapunto ideológico-práctico al gobierno central.

Y ésto seguirá siendo así hasta que usted quiera, señora.

Seguiremos informando.

martes 2 de junio de 2009

Notas de un conspiranoico

Uno.

Hace exactamente una semana Nicolas Sarkozy inauguraba la base naval de Port Zayed, en los Emiratos Árabes Unidos. Ésta base forma la segunda pata de la implantación de las Fuerzas Armadas francesas en el Golfo Pérsico (ojo, enlace en franchute), implantación que comenzó en septiembre del año pasado con la entrada de la Armée de l'Air en la base aérea de Al Dhafra, junto a los Estados Unidos, Italia, y las propias fuerzas aéreas de los Emiratos Árabes.

A cambio de la base y de comprar las chatarras que los franceses dan en llamar Dassault Rafale, los emires se llevaron el derecho a que los franceses les manden de cuándo en cuándo obras de arte del museo del Louvre, para exhibirlas en un futuro y lujosísimo museo lleno de dorados, cortinajes de terciopelo rojo y mucho, muchísimo aire acondicionado. Que, como es obvio, no está destinado a los miserables trabajadores bangladeshíes que se desloman construyendo el milagro de Dubai.

Otros países también se están instalando en Oriente Medio (Italia, por ejemplo), pero hay que comprender que jamás ha sido tradición de la política exterior francesa el comportarse de forma discreta. Es obvio que, conociendo el amor por la fanfarria del señor de Bruni, quién en Oriente Medio no se haya enterado de que La France est là es porque no ha querido.

Dos.

Brasil en general, y su diplomacia en particular, están eufóricos. En tres meses se decidirá qué ciudad se llevará los Juegos Olímpicos de 2016 y, por primera vez en la historia, una ciudad brasileña, Río de Janeiro, tiene posibilidades de celebrar los Juegos. Lograrlo no sólo sería el aldabonazo definitivo para la consagración final de Brasil como gran potencia (cosa que un pueblo tan pagado de sí mismo como el que me vio nacer aprecia de forma casi unánime) sino que además sería la culminación del Miraculus Lulae, el triunfo definitivo de un hombre que empezó vendiendo fruta por las calles de Santos y hoy es indiscutido dentro de las fronteras brasileñas y perennemente alabado fuera.

Tres.

Durante los últimos cinco años los aeropuertos brasileños han sido un perpetuo y desconcertante caos. TODAS las empresas aéreas que operaban vuelos comerciales en Brasil en 1985 han quebrado hoy, y las quejas sobre la pésima calidad de instalaciones y servicios son perpetuas e inacabables. Aparte, la empresa pública que se encarga de los aeropuertos, Infraero, está en medio de una conturbada batalla política acerca de su posible privatización con vistas al Mundial de 2014.

Cuatro.

El terrorismo islámico no es un fenómeno ajeno a Sudamérica. En 1992 una explosión destrozó la Embajada de Israel en Buenos Aires; murieron 29 personas. Dos años más tarde, otra explosión voló por los aires el edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina, un club social con gimnasio y piscina, también en Buenos Aires; murieron 81 personas. En ambos casos, no se volvió a saber nada de los terroristas; la sospecha más difundida es que pillaron la carretera y se perdieron entre la inmensa comunidad árabe de Ciudad del Este, Paraguay.

Cinco.

Un avión no se cae porque sí. En efecto, la zona por donde cayó el avión es LA zona de las turbulencias (lo dice alguien que ha hecho casi la misma ruta dos docenas de veces o más, y la pregunta no es si habrá turbulencias o no, sino si las notarás o no) y un 330 es un birreactor de fuselaje estrecho que se sacude mucho (fui en uno a la República Dominicana y tuve serias dudas acerca de si aquél aparatejo era capaz de cruzar el Atlántico), pero, dos cosas: primero, el 330 es un excelente avión (se sacude mucho, sí, pero cruza el Atlántico sin problemas) y, segundo, los servicios de mantenimiento de Air France siempre han sido impecables. Además, en un vuelo, si hay problemas, hay un mayday, un aviso, un algo. La señal simplemente se esfumó en pleno vuelo.

Seguiremos informando.

miércoles 27 de mayo de 2009

También es de los hijos de puta

Mi amigo Tirso ha publicado un enlace a éste excelente artículo de El Teleoperador (blog del cuál me arrepiento de no haberles recomendado antes, máxime cuándo está desde hace tiempo en mi agregador de feeds). Recomiendo que se lo lean (incluidos los comentarios) y, si pueden, se vuelvan luego.

¿Ya han vuelto? En la humilde opinión de éste su corresponsal, creo que la intención del artículo es poner a prueba a muchos demócratas de salón (entre los cuáles pueden incluirme, o no) dejando bien claro qué clase de personas forman parte de Izquierda Internacionalista. El fondo del artículo es preguntarse si es moralmente aceptable que defendamos el derecho a que gente que acepta, tácita o implícitamente, el matar gente con objetivos políticos, pueda votar y ser votada en unas elecciones.

Y es que, por más vueltas que le doy, la respuesta sigue siendo que sí. Pues la democracia es, siempre según mi opinión, el hecho de que todo ciudadano (es decir, toda persona con capacidad de interesarse por como se gobierna su país) puede participar libre y destrabadamente en las instituciones de gobierno. Ni más, ni menos.

El hecho de que existan personas que no crean en éste sistema, es más, que pretendan destruirlo a diario de palabra y obra, y peor, utilizando métodos abiertamente criminales es absoluta y completamente repugnante. La ley debe castigar de la forma más severa a los criminales y asesinos. Lo contrario es indefendible desde cualquier punto de vista.

Pero de ahí a renunciar al principio básico de la democracia en aras del fin del terror hay un paso corto pero infranqueable. Restringiendo la democracia la combatimos y nos convertimos en anti-demócratas nosotros mismos. Y, lo que me da más asco, damos la razón a aquellos que buscan para sus crímenes la excusa de que nuestro sistema es represor y restringe las libertades.

Es indudable que debe haber un método para impedir que los terroristas tengan acceso a fondos públicos y (como bien me señaló mi estimado amigo Hidalgo) a las listas del censo. Pero prohibir partidos políticos in toto es una solución torpe y excesiva, destinada en exclusiva a contentar a la extrema derecha mediática y que, a la larga, nos va a causar más problemas que soluciones.

Porque al fin y al cabo, ¿quién es un demócrata? ¿El que considera que una dictadura es un régimen tolerable y plácido? ¿El votante que sigue depositando religiosamente la papeleta del cacique de turno a pesar de haberse demostrado mil veces que es un ladrón con pintas? ¿El ladrón con pintas? ¿Quién pone la línea? ¿Usted? ¿Yo? ¿Finceleb? Mire, no. La democracia, por principio y por sistema, tiene que ser para todos. Y, aunque nos duela a todos en el alma, también es para los hijos de puta.

Seguiremos informando.