viernes, 4 de junio de 2010

Trianon redux, o el miedo a repetirnos

Es viernes, para muchos de puente, y los temas principales en la prensa son, a saber: el fúmbo, el club Bilderberg y la procesión del Corpus en Toledo.

Respecto al fúmbo, decir que éstas pachangas no resuelven gran cosa y que a la hora de la verdad, ya se verá; respecto al club Bilderberg, decir que todas las ideas conspiranoicas se desvanecen al saber que el inventor del tinglado fue el príncipe Bernardo de Holanda, hombre que amaba un tráfico de influencias más que un tonto un lápiz (ser el rey consorte es muy, muy aburrido) por lo que me imagino que el tal congreso será como una feria de muestras pero a lo burro; y con respecto a la procesión del Corpus, me remito a mi frase de siempre: al César lo que es del César, y quien quiera Dios, que se lo pague (y mejor lo dejo ahí, mas que nada porque conozco a una toledana católica que ya está demasiado cabreada conmigo)

Como es política habitual en éste su blog, el tema del día es algo que en aparencia no importa a nadie y que, sin embargo, tiene implicaciones que van más allá del simple hecho suelto y que pueden tender a algo más peligroso.

En cuanto se trata de genocidios, como saben, unos cardan la lana y otros se llevan la fama. No sé si recordarán una película de Costa-Gavras en la que Jessica Lange deshace el hilo que lleva hasta su padre, un supuesto criminal de guerra húngaro (paradójicamente interpretado por Armin Mueller-Stahl, que había hecho de heroico agente secreto, luchando contra imperialistas con monóculo, en la inenarrable versión de la RDA de James Bond, La mira invisible)

Lo que quiero decir es que mientras los alemanes se llevaron toda la fama de hombres malos y violentos durante la II Guerra Mundial, otros países de su entorno no se andaron con chiquitas a la hora de exterminar a su población con alegría. Tres países en especial vienen a mi mente: Austria (luego los gorgoritos de Julie Andrews les hicieron pasar como un país bucólico y pastoril, pero se apuntaron al sarao del nazismo de forma indudablemente festiva), Letonia (el historial de los letones tanto con el NKVD como con las SS da bastante que pensar) y Hungría, de la cuál hablaré en éste artículo.

Si hubo un arma con la cuál Hitler pudo controlar sin demasiados aprietos el Este de Europa mientras duró la guerra no fue especialmente la Wehrmacht, sino el hecho de que la mayoría de los países de Europa del Este se llevaban decididamente a la perra los unos con los otros. Y la mayoría de éstas rivalidades tenían que ver con los Tratados de París de 1919-1920.

Tras la Primera Guerra Mundial los aliados hicieron firmar a los derrotados cinco tratados de paz, de los cuáles el más famoso es el de Versalles (con Alemania). Todos, sin excepción, eran tratados hechos a mala baba, destinados a destruir forever and ever a aquellos que osaron levantar su mano contra la civilización, etcétera, etcétera. Obviamente, cuándo veinte años más tarde los nazis empezaron su tournée europea, todos los agraviados por esos tratados se aliaron con el Reich - salvo Turquía, que ya había solventado sus problemas con su tratado (el de Sèvres) por su cuenta.

Y de todos los agraviados, quién se sumó a la fiesta con más entusiasmo fue Hungría, que se consideraba la más perjudicada. No es de extrañar: por el Tratado de Trianon había perdido el 72% de su territorio y el 64% de su población, y 3,3 millones de hungarohablantes (de un total de 10,7 millones) pasaban a vivir fuera de territorio húngaro. Y todo ésto por perder una guerra en la cuál los líderes, casi sin excepción, venían de la nobleza austríaca y bohemia.

Claro, cuándo Adolf se llegó al gobierno húngaro y le propuso redimir los agravios de Trianon, los húngaros se echaron a sus brazos y dijeron tuyo soy. El resto de la historia ya la saben bien: reprimir a los bolcheviques, matar judíos y gitanos a paladas, llevar uniformes a todas partes, etcétera, etcétera, etcétera, hasta que vino el Ejército Rojo y acabó con la tontería a garrotazo limpio.

¿O no? La mayoría de los países ex-comunistas del Este están teniendo la mala costumbre de considerar los cuarenta años de ocupación comunista y posterior "democracia popular" como una mera pausa para la publicidad, volviendo tras la pausa con los mismos vicios que probablemente les hubieran llevado a la guerra en los años 30 o 40, si no hubiese venido Alemania con las rebajas.

Hungría, especialmente, sigue dándole a la tecla de Trianon. Ésto tiene que ver con el carácter del nacionalismo húngaro, basado fundamentalmente en darle vueltas a las sucesivas tragedias y en quejarse, quejarse mucho (últimos dos versos del himno nacional: "Que esta tierra ya ha sufrido /por los pecados del pasado y el futuro")

El problema llega cuándo ante la crisis económica los húngaros (que, como todo el resto de Europa del Este, tienen un atávico odio a todo lo que suene de izquierdas) se adhieren a la otra siempre popular opción de populismo autoritario, ésta que lleva coloridos uniformes negros, banderas y mucha mala baba.

Grandes éxitos de ayer y de hoy.

Problema que se agrava cuándo el partido conservador de derechas que acaba de ganar las elecciones (con mayoría absoluta) se pone como objetivo segar la tierra bajo los pies de la extrema derecha. En consecuencia hace aprobar una ley dando la nacionalidad húngara a los descendientes de húngaros residentes en los "territorios perdidos", cabreando soberanamente a los eslovacos (que también tienen un gobierno ultranacionalista y cuya población es húngara en un 10%) Curiosamente, ésto se hace justo ésta semana.

¿Y por qué justo ésta semana? Porque precisamente hoy, día 4, es el 90º aniversario del Tratado de Trianon. Y, a partir de éste año, el Día de la Unidad Nacional Húngara.

Mal rollo, muy mal rollo.

Seguiremos informando.

5 comentarios:

Undry dijo...

Es curioso, hace poco hice una entrada respecto a los "otros" Esos desconocidos que lucharon con los alemanes en la SGM (porque a tenor del cine, parece que solo había alemanes) y las cifras son muy interesantes.

http://calderodemurias.blogspot.com/2010/05/mitos-de-la-sgm-alemania-pelea-sola.html

Saludos

CardinalXiminez dijo...

Aún está por hacerse - aprovechando que el cine rumano está en boga y tiene relativas facilidades de financiación - una peli sobre los pobres soldados rumanos que lucharon en la Batalla de Stalingrado (225.000, nada menos, de los que murieron tres cuartas partes)

Aserraderos McNeil dijo...

Acabo de mirar y Hungría está en la OTAN desde 1999, Eslovaquia también, por lo que me parece en este aspecto estamos sentados encima del hormiguero. Solo se me ocurre una situación en la que la cosa se pondría aún peor: que dentro de esos territorios perdidos tras el Tratado de Trianon se incluyan territorios de paises dentro de la órbita rusa, la OTAN puede aguantar estas soplapolleces con alegría y buen humor, pero los rusos primero te dan el mamporro y luego ya veremos si te perdonan la vida. ¿Se puede dar esta situación?

Undry dijo...

Hombre, no son los primeros "amigos" que hay en la OTAN.

Grecia y Turquía son "amigos" desde hace mucho (al menos, desde tiempos de Jerjes) y aliados en la OTAN.

CardinalXiminez dijo...

No, a ver, la OTAN está para que la gente se pueda hacer aliada de los Estados Unidos, no entre sí...