martes, 8 de junio de 2010

Deus lo vult

Hace tiempo escribí sobre la diferencia entre ciencia y fe en la ciencia económica con un ejemplo bastante gráfico. Por desgracia para todos, entre la ciencia y la fe en la ciencia económica los estados europeos parecen quedarse con ésto último.

Como en Pulp Fiction, pongámonos medievales un rato: imaginémonos que en el siglo XIII, en la plaza del mercado de cualquier ciudad, alguien (nunca nadie sabe quién en éstas historias) sugiere que los judíos han envenenado los rábanos a la venta con sangre de salamandra. En un mercado bien administrado, los alguaciles cogerían al autor del bulo y lo llevarían a tomar un refrescante día de cepo o dos. En un mercado mal administrado (que venían a ser los más) se montaba un pogromo del copón y tanto judíos como rábanos podían acabar el día en la hoguera.

Alemania no tendría por qué hacer recortes. Su economía es sólida, la caída del euro no puede sino incrementar su ya de por sí colosal capacidad exportadora y su sistema fiscal está engrasado y en funcionamiento.

Sin embargo, la fe ortodoxa exige sacrificar en holocausto todas esas ideas que contrarían la sacrosanta libertad de los hombres para hacer más dinero de su dinero. Da igual que no sea necesario, da igual que la experiencia haya enseñado repetidamente que es contraproducente, da igual que contraríe los mismísimos principios fundadores de su propio partido: Angela Merkel debe sacrificar los intereses de Alemania por los intereses del mercado.

Porque el Dios lo quiere.

Seguiremos informando.

2 comentarios:

Undry dijo...

Por lo que veo, los políticos liberales son el caballo de Troya de todo el sistema.

Paradójicamente, con su comportamiento no hacen más que sabotear el libre mercado que pretenden defender poniendolo en mano de las corporaciones más poderosas. Es un neo-feudalismo.

rubiano dijo...

merkel no es ya que se deje llevar por este o aquel grupo de interés, es que es la quinta esencia de la incompetencia. Y aquí en españa nos estamos dando especial cuenta de ello, para nuestra desgracia.