jueves, 26 de junio de 2008

Madrid Cortijo

Demasiado largas éstas vacaciones blogueras, pardiez.

Ya les contaré lo de mi viaje a Ibiza: si me he levantado de mi pastosidad bloguera, fruto del marasmo pos-vacacional, de las muchas cosas que me faltaban por leer y del calor que asuela (¡por fin!) nuestra capital, es porque la cosa está muy malita.

Y ya me meteré (o no) con el Gobierno por la crisis en otro artículo, pero permítanme dar en cierto punto la razón a Zapatero: la economía poscapitalista se fundamenta (quicir) no en elementos reales, sino en la confianza pública. Medimos el éxito y el fracaso de nuestra economía por la cotización de nuestra moneda, los mercados de deuda y de valores y por el crédito bancario, instituciones todas ellos basados en la confianza en que la moneda mantendrá su valor, la deuda pública se pagará y el crédito bancario se mantendrá. Y aunque parezca claro que estamos en crisis (aunque todavía nada comparado con 1979 o 1993) el simple hecho de que un gobierno diga oficialmente que se está en crisis es un golpe más a una confianza pública ya deteriorada. Y, en éstos casos, mejor pecar por defecto que por exceso.

Pero no, voy a hablar del tema de la semana, que ha sido el 16º Congreso del Partido Barbista (ex-bigotista) y de sus consecuencias en ésta nuestra fermosa Comunidad de Madrid.

Mariano Rajoy ha ganado el Congreso del PP. Y, lo ha hecho, además, devolviendo gran parte del sector facha a la caverna de dónde la sacó la mayoría absoluta de 2000. Gran parte, quicir: la que no se echó a la piscina el mes pasado. Victoria de la Obediencia Atávica al Líder, por supuesto, pero quién sabe existe la esperanza de que la mayoría de los asistentes al congreso crea realmente que el papel del Partido Popular sea el de la derecha europea y civilizada. Oremos por ello.

Los piscineros, los que alzaron la voz contra el Segundo Giro Al Centro, ahora se han quedado compuestos y sin cargo institucional dentro del partido. Algunos, como Aznar, pueden consolarse ganando dinero en consejos de administración, recibiendo jugosos favores de derechosos worldwide y yendo a la boda de Flavio Briatore. Otros, como Ángel Acebes o María San Gil, apartados en la cuneta de la historia de España, a la espera de la redención salvadora de una extrema derecha articulada (que Rosa Díez no se atreve a encabezar)

Pero Espe, la Espe, no se conforma. Tiene un cortijo para ella sola, la Comunidad de Madrid, y ha decidido convertir a la institución que, en teoría, debería gobernar a los siete millones de madrileños, en una mera herramienta para sus ambiciones, que en éste momento sólo pueden ser las de conservar el poder, en Madrid y en el partido.

Y es por eso que, con la más que probable excusa de aligerar el gobierno ante la crisis (creada, seguramente puntualizará, exclusivamente por Zapatero), ha purgado al gobierno de la Comunidad de aquellos que, durante el Congreso, no se mostrasen abiertamente en contra de Rajoy. Quita así visibilidad (y máxime cuándo el único medio de comunicación que cubre informativamente la Comunidad de Madrid de forma dedicada es Telemadrid, enough said) a aquellos que puedan tener la tentación de desafiar su poder dentro del PP capitalino.

Gallardón (y cualquier fiel que le pueda quedar) ya está muerto dentro del PP madrileño desde el último Congreso; la única esperanza de los moderados es que haya alguien dentro de los que aplaudieron a rabiar a la Dama de Hierros de Golf que tenga el valor de plantarle cara.

Y es por eso que cambia el gobierno y administración de la Comunidad de Madrid, sin ir más lejos: para que Espe siga acalentando sus esperanzas de gobernar España.

¿Y el PSM? ¿Dónde está el PSM?

Seguiremos informando.