viernes, 5 de junio de 2009

Cascotes (IX)

Pedrada: Los holandeses son gente muy suya y votan los jueves: el motivo es que tanto viernes, como sábado, como domingo, son días santos para parte de la población y eso puede impedir que vayan a votar. Y como también son gente muy suya, desoyen completamente las recomendaciones de la UE (a la que le cuesta horrores hacer pasar éste proceso como unas únicas elecciones en lugar de veintisiete elecciones que, por un casual, se celebran al mismo tiempo) y publican los resultados a lo que van saliendo de las urnas.

Y el resultado en los Bajos Países es el que me espero para casi toda Europa occidental: una participación bajísima (36,5% en Holanda, ayer) lo que sobrerrepresenta a la derecha en general y a la derecha más ultra y freak en particular. Y cuándo en Holanda hablamos de derecha ultra y freak hablamos, como no, de Geert Wilders, el hombre cuya falta de vergüenza se demuestra en el peinado que lleva. Y si a todo el mundo el nombre de don Geert le pilla de sorpresa, a usted no, señora: recuerde, una vez más, usted lo leyó primero en Ruina Imponente.

Pedrada: Me pregunta el señor Mastropiero por qué no hablo de la sucesión de Lil'Kim. El Querido Líder está muy malito: cuándo por fin apareció en el Congreso del PTC tras meses sin salir a la calle había perdido sus adorables mofletitos de couch potato y se había transformado en un hombre avejentado y demacrado, aún con las toneladas de pote que le habían puesto en la cara. Como recordará, en septiembre hablé de los posibles sucesores de Kim, y dado que la situación todavía no ha cambiado demasiado, no puedo extenderme mucho más.

Pedrada: El presidente de los Estados Unidos va a El Cairo para explicarse ante el mundo musulmán. Vuelvo a insistir: la popularidad, importancia y éxito de Obama reside en que, por primera vez en mucho tiempo, tenemos a un líder político de primer orden que ignora la (por desgracia) ya consagrada opinión de que la política es mercadotecnia basada en la "ilusión" y los instintos primarios y dedica todos sus esfuerzos a explicarse de la forma más elocuente y detallada posible con el fin de convencer a la gente (Y es ESO, y no otra cosa, lo que debería entender el PSOE). Es absolutamente obvio que Obama no va a convencer a Bin Laden, Ahmadineyad y Nasrallah únicamente hablando; pero el discurso no va destinado a ellos. Va destinado a la clase media musulmana: tenderos en Karachi, Yogyakarta o Casablanca, gente a la que las acciones de Occidente en general y de los Estados Unidos en particular han convencido de que lo único que pueden venirles de por allí son bombazos y racismo mal disimulado. El discurso, como es habitual, es bastante bueno, y lo que es más importante, es meridianamente claro. ¿Lo habrá logrado? El tiempo lo dirá.

Seguiremos informando.