jueves, 29 de octubre de 2009

No se irá sin ruido

La crisis de Caja Madrid viene derivada de un hecho incontestable: el populismo, especialidad de los dos líderes bigotistas capitalinos, es electoralmente muy rentable pero invariablemente resulta muy caro.

En los años de vacas gordas, las transferencias por parte del Estado (esas que paga usted con el IRPF, señora) permitieron tanto a Gallardón como a Espe dedicarse a lo que más les gusta hacer, a saber, orgías de gasto a su mayor gloria: soterrar la M-30, construir el metro a San Sebastián de los Reyes y repartir parné entre los amigotes a través de festivales de flamenco sobrepreciados.

El problema es que, cuándo la economía global se fue al traste, la fuente se secó y el dinero dejó de correr. Albertito Mediabarba intentó solventar el problema de la forma que lleva haciendo durante todo su mandato: pidiendo prestado y cargando el mochuelo de la deuda al pobre pringado que sea alcalde tras él (y a todos sus sucesores hasta 2070, aproximadamente.) Naturalmente, es que a éstas alturas, tras casi 8.000 millones de euros a deber (unos 3.000 euros por cada madrileño) al Ayuntamiento de Madrid no le presta dinero ninguna institución seria, lo que obligaría a la municipalidad a embarcarse en el turbulento mundo de la usura. Y Albertito lo hubiera hecho, si no fuese por el pequeño inconveniente de que el Tribunal de Cuentas ha prohibido al ayuntamiento endeudarse más. En consecuencia, con el mero fin de pagar facturas e intereses de la deuda, es decir, sobrevivir, el municipio no ha tenido otro remedio que cascar la serie de impuestazos (tasa de basuras, subida del IBI, parquímetros, etc.) que habrán visto en la prensa. Aún así, el peñasco de deuda que el ayuntamiento de Madrid lleva encima es tan gordo, que tarde o temprano será inevitable renegociar la deuda.

Y quién cortará el bacalao de dicha renegociación será, probablemente, Caja Madrid, que habitualmente es el mayor deudor de los ayuntamientos matritenses. En la Caja Madrid regida por Miguel Blesa esa renegociación no hubiese sido mayor inconveniente; al fin y al cabo, qué son unos miles de millones de euros entre amigos.

La crisis viene derivada de que Esperanza Aguirre Gil de Biedma tiene prácticamente los mismos problemas que Albertito (muchas de las empresas fachada que creó para financiar el Metro han sido obligadas a cerrar por el Tribunal de Cuentas), pero con un plus: gran parte de la imagen de marca que la Condesa Cardada se ha creado a si misma y que tan lejos le ha llevado dentro de la pugna por el trono bigotista viene definida por la supuesta alergia que la Lideresa tiene a los impuestos: para Espe, subir o volver a imponer impuestos no es una opción a considerar, máxime cuándo su discurso antisocialista y neoliberal viene marcado por, supuestamente, una impoluta reputación de enemiga de las "cargas fiscales" a los ciudadanos.

La conclusión es obvia: para evitar una crisis fiscal en la comunidad más rica del país, Espe necesita más dinero y con mucha más urgencia. Y sólo tiene un sitio de dónde sacarlo.

Es por eso que, aprovechando que es la Comunidad de Madrid que tiene la competencia sobre sus cajas de ahorro, ha utilizado su rodillo dentro del partido y la Asamblea de Madrid para sacarse de la manga una Ley de Cajas que amplia el poder de la Comunidad en las cajas de Madrid (es decir, en la Caja de Madrid) repartiendo gran parte del poder que tenía antes el ayuntamiento de Madrid entre el resto de ayuntamientos de la región.

Y es que aquí llega el punto: si el bigotismo fuese un partido bien avenido y existiese ese espíritu de Copenhague en el que Espe y Albertito se dan besitos en la mejilla, éste chanchulleo con el dinero de millones de personas (entre otros, yo) no tendría mayor inconveniente: Caja Madrid se come con patatas las pérdidas de cada cuál y a seguir la fiesta de la espuma.

Pero Alberto Ruiz-Gallardón, que no es en absoluto idiota, comprende perfectamente que si Espe se hace con el poder en Caja Madrid lo primero que hará será cortarle el grifo de la renegociación para acabar con él de una puñetera vez: sin renegociación, Alberto Ruiz-Gallardón quedaría como el primer alcalde de Madrid desde hace siglos que se las compone para quebrar el ayuntamiento de la capital de España. Es cierto que el Mediabarba ha salido indemne de muchas catástrofes, pero es indudable que tras un desastre de ese calibre, su carrera política estaría acabada del todo - miel sobre hojuelas para la Condesa Cardada.

En el 13 de rue de Gênes, naturalmente, están igualmente aterrados con la perspectiva de una Espe con la llave de la caja. Primero, porque hundir a Gallardón es hundir un poco más la imagen del PP como administrador competente (para Espe y sus secuaces Gallardón es un criptosocialista, pero para el resto de los españoles sigue siendo del PP y como tal lo entenderán si el ayuntamiento quiebra). Segundo, porque con el dinero del Monte de Piedad Espe podrá financiarse aún más iniciativas que la lleven a la Moncloa - cosa que, todavía, no están dispuestos a asumir.

Y si a eso le sumamos que se puede unir lo útil a lo agradable y entregar un reconfortante sillón a Rodrigo Rato Figaredo, el hombre que huyó de Washington a la espera del dedazo salvífico que al final no llegó, un hombre con mucho más prestigio dentro del partido que él, para Mariano Rajoy es un no-brainer.

Siempre he sido de la opinión de que el PSOE no debería meterse en las peloteras del PP: meter el dedo en la llaga permite al rival acusarte de crueldad, lo cuál le hace olvidarse por un momento de que está sangrando por las costuras. Ésta vez, por una vez, está habiendo suerte: la actuación por parte de Ferraz está siendo curiosamente ponderada.

Sí, amigos, Esperanza Aguirre ha querido jugar con los mayores y por una vez parece que va a perder. Olviden a Cobo: ya fue el chivo expiatorio de Gallardón una vez (en el último Congreso del PP de Madrid) y si se ha vuelto a ofrecer voluntario será por algo. Pero no se va a dar por derrotada con facilidad y sin hacer ruido. Sabe que si no puede controlar Caja Madrid, la cuerda que ata la bolsa no va a abrirse tan fácilmente, y eso puede obligarla a abandonar sus principios y, finalmente y tras mucho gritar, subir los impuestos. Eso sería una muesca en su contra dentro de su ejemplar desfile demagogo - y eso duele.

No, no se va a ir sin ruido. Preparen sus palomitas.

Seguiremos informando.

3 comentarios:

El "Gentleman", versallesco, dijo...

En serio, si llevaran peluca sería más divertido.

Miguel dijo...

Fenomenal artículo, Cardinal. Cada vez que leo algo sobre cualquier caja de ahorros, les deseo una quiebra rápida fulminante (deseo un poco suicida, porque seguro que íbamos a pagar el pato los de siempre). Son uno de tantos mecanismos para transferir dinero de los pobres a los ricos...

Orayo dijo...

¡Gran analisis! Ahora entiendo mucho mas el fondo de la cuestion.
Le felicito por su trabajo, iluminar a los que como yo habitamos el mundo de las sombras le honra.

salu2