martes, 2 de septiembre de 2008

Cascotes (VII)

Augh, ¿y lo que cuesta ponerse a escribir? Llevo unos días con el equivalente equinoccial a la astenia primaveral: duermo mal, me doy cuenta de que cuándo salgo de casa a currar ya no es de día y ya llevo mes y medio sin salir de jarana en serio. Llevo la vida de un burgués cuarentón, que no tendré ningún problema en tener cuándo tenga el dinero, la casa y los cuarenta años; pero que ahora no quiero para nada. Estoy jodido.

Pero bueno, al tajo:

- Después de todo lo que ha pasado y en plena campaña electoral, más le valía al gobierno estadounidense que el huracán Gustav no le pillase en calzoncillos. No lo ha hecho (aunque si bien la tormenta había perdido un montón de fuerza) así que puntos para el gobierno, y en consecuencia, para los republicanos, que realmente los necesitan tras la precipitada y bastante torpe elección de la candidata a la vicepresidencia. Alaska es un bastión republicano, pero en él habita gente muy rara y su política es notoriamente corrupta, presidida por el senador Ted Stevens, famoso mundialmente por su discurso de Internet como una serie de cañerías. La candidata parece salida de un retrato robot (joven, de buena salud y extremista donde McCain es viejo, achacoso y moderado) y, al parecer, en las prisas por quitarle los titulares a Obama, se olvidaron de ese proceso tan divertido que vemos en varios capítulos de The West Wing: el vetting o revisión en profundidad de la vida y milagros del candidato en busca de algo potencialmente vergonzoso. Por la velocidad con la que le han salido cosas, va a ser duro para los republicanos.

- El Gentleman me pasa ésta noticia: si todo lo relacionado con Vladimir Vladimirovich me da amor, ésto más. No sólo salva a pobres osetios de la opresión, sino que además caza tigres. Lo tiene todo. Mejor que él, sólo Berlusconi, que salvó a los georgianos él sólo. Qué onvre.

- Mientras, en nuestras santas tierras, el bigotismo pone el grito en el cielo porque se quiere certificar oficialmente que miles de rojos fueron puestos bajo tierra por los salvadores de la patria. Es una medida inútil, proclaman. Lo acepto: es inútil; quien mató entonces ahora está muerto o está demasiado viejo para ser encarcelado. Pero que una declaración oficial, una resolución judicial, que certifique la sangre que el franquismo (y en consecuencia, sus proclamados herederos) tiene en sus manos realmente existe, vale mucho para mucha gente.

Seguiremos informando.