martes, 20 de enero de 2009

Colguémonos medallas

Hablaba con el Gentleman de una campaña para dar el Premio Príncipe de Asturias a Carlos Giménez. Y le comentaba, tristemente, que por mucho que tanto él, yo y muchos otros consideremos al señor Giménez un genio (soy fan del estilo realista en la historieta, lo siento) será imposible que le den el Príncipe de Asturias porque el Príncipe de Asturias no es más que una maniobra de marketing de nuestra Casa Real para pillar al famoso que esté de moda en el momento y hacerle una foto con el Kronprinz y su Barbie filantrópica.

Por si fuera poco, cada uno de los ocho premios viene acompañado, aparte de por la estatuilla de Miró, por 50.000 (cincuenta mil) euros españoles del ala. Mientras, la Reina de Inglaterra nombra Caballero del Imperio Británico a cualquier cretino por cero libras y cero peniques (bueno, más lo que cueste hacer la medalla) y obtiene más y mejor repercusión mediática.

España necesita mejorar su sistema de honores civiles. Debe de haber un punto intermedio entre los marquesados que el Carlangas reparte generosamente entre los ex-presidentes (suerte que Felipe dijo que no, así Aznar no puede hacerse con uno por pura tirria) y la simple palmadita en la espalda.

En España hay muchas condecoraciones civiles. Demasiadas, a mi entender. Hay tantas y tan parecidas entre sí, que normalmente el único medio de comunicación que las noticia es el BOE. Y, por si fuera poco, son de tan amplio espectro que no me extrañaría que el difunto Saddam Hussein tuviera una o dos.

Así pues, Ruina Imponente va a contribuir con su granito de anís para la mejora del sistema español de condecoraciones.

Debemos tener cuatro órdenes civiles diferentes:

  • La primera, y la más prestigiosa, deberá ser la buena: otorgada a aquellos españoles y españolas que hayan contribuido con su esfuerzo y trabajo al progreso de la Humanidad y al prestigio de España en el mundo. Podríamos llamarla la Orden de España. Estaría dividida en tres grados: Caballero o Dama (con Insignia) Comendador o Comendadora (con Medalla) y Maestre o Maestresa (con Collar). Debe ser entregada con suficiente largueza como para ser deseable y con la suficiente restricción como para no ser irrelevante. Por supuesto, siempre se entra con grado de Caballero o Dama; para subir en la Orden harán falta más méritos. El Rey (o, en su futuro y deseable caso, el Presidente de la República) nombra a los Caballeros o Damas por recomendación del Consejo de Ministros. La Orden está reservada para ciudadanos españoles; en casos absolutamente extraordinarios, puede otorgarse a extranjeros. Sus colores serán el rojo y el amarillo.
  • La segunda, menos prestigiosa, deberá ser la obvia: entregada a los ministros al terminar su mandato, a los funcionarios por tiempo de servicio, a los jueces del Supremo y del Constitucional, en fin, a todo aquél que haya contribuido tanto cuantitativa como cualitativamente al funcionamiento del engranaje del Estado. Podríamos llamarla la Orden de la Constitución, dividida igualmente en tres grados. Su color sería el verde.
  • La tercera, aún menos prestigiosa, sería la Medalla del Mérito, a otorgar por un único hecho memorable: salvar a niños de un incendio, ganar el Mundial de fúmbo, etcétera, etcétera. Sólo tendría un grado: una medallita plateada.
  • La cuarta es la que entregar a líderes extranjeros de visita o a gente famosa a la que queremos hacerle la pelota: el nombre técnico es "otorgada a aquellos ciudadanos o ciudadanas que hayan contribuido con su esfuerzo y trabajo al progreso de España y de la Humanidad y que hayan demostrado su consideración y aprecio por España y sus ciudadanos." Un buen nombre sería Orden de las Columnas de Hércules. Su color sería el azul.
Colguémonos, pues, medallas, y colguémoselas a todo el que se lo merezca. Y empecemos por Carlos Giménez.

Seguiremos informando.

2 comentarios:

Harry Reddish dijo...

Saddam fue condecorado por su excrecencia el Claudillo. No recuerdo dónde lo leí, pero debió ser en el libelo monárquico (ABC), hace tiempo

javiheavyRIP dijo...

Ni un comentario sobre la victoria del Frente Farabundo Martí, lo que me he reido recordando a salvadoreños que conocí en la carrera y decían que Oscar Romero fue un provocador...