domingo, 16 de agosto de 2009

Las nefastas amistades de Lula

Siendo agosto y no habiendo noticias políticas en éste nuestro conturbado país de Dios (y, por favor, no llamen política a las estúpidas soflamas conspiranoicas del bigotismo) para mantener el vicio un friki de la política como un servidor ha de poner rumbo al hemisferio sur, donde agosto simboliza la retomada del ciclo legislativo tras la pausa invernal.

Imagínense como está la cosa para que éste su humilde blog pueda resultarle más informativo sobre la política brasileña que el mismísimo El País: éste artículo de Juan Arias demuestra claramente que el buen señor prefiere pasarse el día en su apartamento de Río escribiendo mediocridades para contentar a los que le pagan en Madrid, en lugar de buscar noticias de verdad. Sólo para empezar, Heloísa va con "H". La encuesta de la Folha de São Paulo, publicada ésta mañana, da el 3% de los votos a Marina Silva. Heloísa Helena ni siquiera cuenta en la encuesta.

Ya les he comentado alguna vez la composición del parlamento brasileño: un tercio de los diputados son de derechas, un tercio de izquierdas y un tercio de centro, siendo que "de centro" implica votar a quién dé la mejor respuesta a la consabida pregunta "qué hay de lo mío". Si el gobierno Lula ha tenido un pecado capital, ha sido el plegarse a la sempiterna corrupción legislativa brasileña: entre ser honestos y no hacer nada y aliarse con reconocidos corruptos para sacar adelante su legislación, Lula eligió lo segundo. Y, lo que es mejor, ha tenido suficiente mano política para salir ileso de esa connivencia.

El pozo negro de la corrupción brasileña tiene un nombre y se llama el Senado Federal. 81 senadores, tres por cada Estado de la federación, lo que hace que São Paulo, con 40 millones de habitantes, tenga tantos senadores como Roraima, que tiene 395.000. El PT, el partido de Lula, sólo tiene 11 de los 81 senadores. Los otros partidos de izquierda sólo suman 13 senadores más, así que para aprobar cualquier legislación necesita el apoyo del Partido del Movimiento Democrático Brasileño y de sus quince senadores. El PMDB surgió del Movimiento Democrático Brasileño, el partido "opositor" surgido del bipartidismo forzado ideado por la dictadura militar de 1964 a 1985. Tras la redemocratización del país y la muerte de su líder y referente moral e intelectual, Ulysses Guimarães, el PMDB se fue progresivamente vaciando de cualquier ideología o moral, convirtiéndose en lo que es hoy: un agregado de políticos profesionales dispuestos a vender a su madre por una prebenda o, mejor, vender su voto para una prebenda para ellos, o para su madre.

A cambio de su apoyo a Lula, el PMDB normalmente exige la presidencia del Senado. El actual presidente del Senado es el ex-presidente de la República José Sarney. Sarney era - y es - un cacique de provincias, virtual propietario del estado de Maranhão. Durante su presidencia, el territorio de Amapá (un trozo de selva en la desembocadura del Amazonas con meros 600.000 habitantes) fue elevado a la categoría de Estado. Al dejar la presidencia, Sarney se hizo elegir senador por Amapá - y hasta hoy.

Pues bien, se ha descubierto que el Senado ha estado pagando sobresueldos a senadores, familiares y amigos durante años, en decisiones legislativas que, directamente, no se han publicado. Una vez más, se ha desatado la indignación contra el Senado y, una vez más, el presidente ha tenido que salir en defensa de los ladrones que presiden el Poder Legislativo brasileño. Ahora el motivo es otro.

El año que viene hay elecciones presidenciales y, constitucionalmente, Lula no puede presentarse (y no quiere). La candidata de Lula para su sucesión es Dilma Rousseff, la jefa de la Casa Civil (el equivalente al ministerio de la Presidencia). Como ministra de Minas y Energía, Rousseff vigiló la transición de Brasil de importador neto de energía a potencia energética, no sólo en petróleo, pero también en etanol. El problema es que Dilma no tiene peso político por sí sola, y en las encuestas está muy, muy por detrás del gobernador de São Paulo y ex-ministro de Sanidad, José Serra, del PSDB (el partido que representa a la derecha moderada y urbana). Serra se candidató contra Lula en 2002 y perdió por bastante, pero Dilma no es Lula - nadie es Lula - y el mismo Lula lo sabe.

El sistema electoral brasileño hace que si ningún candidato a la presidencia obtiene el 50% de los votos en la primera vuelta, se celebra una segunda quince días más tarde (para desesperación de los brasileños que viven lejos de Madrid, obligados a desplazarse a la capital dos veces). Lo que espera Lula es, por lo menos, meter a Dilma en la segunda vuelta, donde puede poner todo el peso de su popularidad y su prestigio en el asador. Pero para quedar segunda Dilma necesita de todo el apoyo que pueda encontrar, y eso implica utilizar la maquinaria política del PMDB.

Y es por eso que Lula se afana en defender a gente que tendría que estar ya en la calle con un pie en el culo. Y luego me preguntan si pienso volver.

Seguiremos informando.