martes, 6 de noviembre de 2007

Hoy, de consolas

Es la hora de ponerse geek. Y no será la última vez.

De entre las historias más interesantes del siglo XX está la historia de la electrónica de consumo. Es injusto que no suelan llegar a nosotros (dentro de la habitual estulticia de nuestras distribuidoras cinematográficas) los estupendos documentales que hacen en Estados Unidos sobre la historia de la informática. Son anécdotas y más anécdotas contadas por nerds del averno cincuentones con camisas hawaianas; para éste su corresponsal, horas de diversión. Y entre las mejores historias que da la electrónica de consumo están las guerras de formatos. VHS contra Beta, PC contra Mac, Windows contra Linux, la lista es larga y cada una de ellas da para libros y libros. Son guerras que generan filias y fobias, mellan amistades y separan familias.

Para mí, como supongo que para muchos de ustedes, la guerra más memorable fue la de las consolas de 16 bits: Super Nintendo contra Mega Drive. La consola blanca contra la consola negra; Mario contra Sonic; Nintendo destacaba en juegos de rol y plataformas; Sega prefería los deportes y los mamporros. Yo era un nintendero orgulloso de serlo. Compartía la Super Nintendo con mi hermano el Mat, que entonces, como ahora, juega mejor que yo. Para nosotros, chavales de trece y once años, la Super Nintendo era el gran invento de nuestra era. La guerra de las consolas la acabó ganando Sony, cuándo lanzó lo que básicamente era una Super Nintendo con CD: la primera PlayStation. Pero para entonces, yo ya tenía ordenador; las consolas habían pasado para mí.

Hay una lección que todavía no se ha aprendido dentro del mundo de la electrónica de consumo, y es de lo que trata éste artículo (¡ya era hora!): una consola es un ordenador que se utiliza para jugar. Única y exclusivamente para jugar. Para todo lo demás existe Master... perdón, existen los ordenadores de verdad; más baratos y más adaptables. La entrada de Philips en el mercado de los videojuegos fue un desastre, porque su engendro, el CD-i, tenía un propósito más educativo que lúdico, y fue prestamente olvidado (no sin antes llevar al mundo los peores juegos que hayan llevado el sacrosanto nombre de Zelda, que son para Shigeru Miyamoto lo que el Especial de Acción de Gracias de Star Wars es para George Lucas)

Y, a pesar de tantos intentos fallidos, Sony, que había sido salvada de la quema por sus videoconsolas, decide lanzar su PlayStation 3 como un "centro multimedia familiar". Mis huevos. Lo que la gente vio fue una consola de 700 euros, y, naturalmente, se ha ido a la competencia. Ahora están intentando salvar los muebles bajando precios; pero éstas cosas cuándo mal empiezan, mal acaban.

Quizás el tiempo me quite la razón. Quizás no.

Pero, mientras tanto, seguiremos informando.