martes, 6 de mayo de 2008

Veneno para las taquillas

Del inglés box office poison, dícese del actor/director cuya mera presencia, por algún motivo u otro, es suficiente como para alejar a un sustancial número de espectadores de la sala donde se exhiba el flim en cuestión.

Ni él ni el ala más carca del bigotismo iban a asumirlo jamás, pero Ángel Acebes Paniagua era y es veneno para las taquillas pepistas.

Sí, amigos, el otro Hermano Macana abandona la sala de máquinas pero no el barco; a no ser que le pongan en la presidencia de algún sitio donde aprecien su talento para la fontanería (Unidad Editorial, por ejemplo, o el Canal de Isabel II) don Ángel seguirá en el Congreso de los Diputados, haciendo el Mal.

Técnicamente, la jugada es buena para Rajoy: librándose de las figuras más controvertidas del tremebundo Gabinete aznarista de 2000-2004, el hombre se libra de las presiones del Dedo y vuelve al sendero de la derecha moderada que hizo que Aznar se llevase las elecciones en primer lugar. Como politólogo, me alegra que al parecer vayamos a tener una derecha civilizada; como socialista, me preocupa el poderío electoral que ésta pueda tener, y insisto en que deberíamos movernos para poder afrontar una situación como ésta en condiciones.

Pero claro, el giro al centro de Rajoy no es el giro al centro de Aznar en 1994. Hace catorce años el PP nunca había ganado unas elecciones, Felipe González parecía imbatible y la extrema derecha languidecía en el fondo del fondo de la vida política española. En 2008, un sector muy amplio del PP considera que el conservadurismo carca puede ganar unas elecciones, la extrema derecha está en su nivel más activo y ruidoso desde 1976 y, no nos engañemos, Zapatero podrá ser muchas cosas, pero está claro que no es imbatible.

La Obediencia Atávica al Líder mantiene hasta ahora las cosas sujetas. Sujetas pero no firmemente atadas; las costuras del bigotismo estallan por todos lados. Y por mucho que el Querido Líder intente desprestigiar a sus enemigos con pachorra ("Que hagan lo que quieran", dice) todo el mundo está en las bambalinas, esperando. E insisto una vez más: Aznar no ha abierto la boca. Y si Aznar apoyase a Rajoy, ya lo hubiera dejado muy claro. Más que claro.

Pero, como no, quién lo cuenta mejor que yo es Ricardo:


Seguiremos informando.