lunes, 2 de marzo de 2009

Pequeño análisis post: las gallegas

Hace un par de semanas me compré una horripirmosísima radio para la ducha, para quitarme la excusa para remolonear en la cama: puedo seguir escuchando las noticias mientras me ducho. Así que al meterme bajo la ducha ésta mañana esperando escuchar la SER, me encuentro con "La Mañana de la COPE": taradez de las habituales en mi hermano, que ve "Alto y Claro" (él lo llama "Grande y Libre"), el programa de Telemadrid donde se puede escuchar los dos lados de la noticia: el lado del sector ultra del PP, y el lado del sector más ultra del PP; en descargo de mi hermano, he de decir que cuánto más ve a los fachas por la tele, más rojo se vuelve.

En fin, que Fedeguico, as usual, echaba la culpa de la derrota electoral del PSOE en Galicia a Garzón. Lo siento por J.Lo., pero no lo veo así. Veamos los datos.

Por una parte, a pesar de la alta participación, el voto no se ha pasado en masa al PP. De hecho el PP ha sacado como mucho cinco mil votos más que en 2005; un 0,25% de los votos, o sea, una chorrada. Lo que ha sido es una sangría en toda regla del PSdeG y del BNG, que pierden 100.000 y 50.000 votos, respectivamente.

En consecuencia, lo que se ha producido es una desmovilización en toda regla del voto que en 2005 deseaba el cambio (y que Galicia tuviese un presidente que pudiese mantener la vertical al caminar). Los motivos pueden ser variados, pero desde aquí la opinión es que, al fin y al cabo, el cambio no fue para tanto, o al menos esa fue la imagen que se ha tenido. Si sumamos a ello el hecho de que las crisis económica siempre debilitan al partido en el gobierno (máxime en una región siempre sensible a los altibajos económicos) tenemos éstos resultados.

Roger Senserrich lo describe mejor que yo:
Por mucho que algunos anden diciendo que la victoria electoral en Galicia es cosa de Rajoy y que gracias a su titánico esfuerzo el hombre ha salvado el pellejo, Feijóo no tenía una tarea demasiado complicada. El PSOE estaba sacando a Zapatero a pasear por la Comunidad en un momento en que su gobierno no está dando buenas noticias, y la Xunta no es que estuviera haciendo un trabajo estelar o tuviera un presidente especialmente memorable. Si encima tenemos en cuenta que Galicia no es precisamente una región de izquierdas, lo normal es que la economía a solas dieran la mayoría al PP. Rajoy ha sido ágil (por una vez) en correr a ponerse la medalla, pero lo cierto es que los populares podrían haber ganado esas elecciones con el mismísimo Fragasaurio. Si me apuráis, la victoría es un poco corta y todo; sólo han subido dos puntos.
Dentro de lo malo hay que recordar que, dentro de las pugnas milenarias del PP gallego por el poder entre el sector boina (a saber, el caciquismo rural de toda la vida de Emilia Pardo Bazán) y el sector birrete (es decir, el sector que está llegando al siglo XXI, poco a poco) el triunfo ha sido, relativamente, para el sector birrete: en Lugo y en Orense el PP ha perdido votos (siento ser cruel, pero me temo que se han muerto) y no se han movido los escaños, que se han ganado en las grandes ciudades (en Vigo, sobre todo). Obviamente el derechismo rural de "Franco y pulpo à feira" no va a desaparecer, pero, esperemos, no va a influir tanto en la gobernación que se lleve en Santiago como en tiempos del fraguismo.

Y, sí, se quiera o no, la derrota no es tan mala noticia para Zapatero como podría imaginarse: echando una mano a Rajoy, que sigue siendo tan patán como líder del PP como ayer, pero con una victoria corta y obvia a su favor, el PP puede seguir reventándose por las costuras a la mínima que salte. No es que me espere un milagro en las europeas (va a seguir ganando el PP) pero el saldo que ha obtenido Rajoy es pasmosamente corto. A ver cuánto le dura.

Seguiremos informando.